21 de julio de 2014

@JimmyTurunen, Víctor Parra/ @vparra89 y Alejandro Andrés/ @alexrubio92

 No son tiempos para música y bailes: eso es lo que cualquiera puede pensar al ver los datos de alumnado de la Escuela Municipal de Música de Valladolid, la que no hace tanto tiempo era conocida por el nombre de Mariano de las Heras. Que los vallisoletanos hayan olvidado ya el nombre de su paisano, un músico republicano, no es más que una anécdota en la gestión del Ayuntamiento de este espacio público, que a día de hoy se valora en los tribunales.
 
Como testigos de la operación destacan los números, argumento siempre irrebatible: En el curso 2011-2012 la Escuela Municipal de Música Mariano de las Heras tenía un total de 600 alumnos y cerca de 300 personas en listas de espera. Un verano después, el redondeo total de alumnos inscritos en la escuela se situaba en los 250. Hay quién diría que son cosas de la crisis o de los nuevos tiempos, pero hay quién tiene una explicación más sencilla.
“La intención del ayuntamiento era o desnaturalizar la escuela, o acabar de ella”, señala Óscar Puente, cabeza de lista de los socialistas de Valladolid capital en las últimas elecciones y líder de la oposición municipal. Las concesiones de gestión de la escuela que se renuevan cada dos años expiraron en el curso 2011-2012 por lo que se convocó un nuevo concurso para ese mes de agosto. Aunque Alberto Bustos, concejal por Izquierda Unida en el Ayuntamiento, lo prefiere llamar, “un caos intencionado”.
 
Aprovechando el nuevo concurso, el Ayuntamiento, sin previo aviso a las partes implicadas, decidió cambiar también el reglamento de la Escuela Municipal de Música. Al concurso solo accedió la anterior adjudicataria, Músicos y Escuela S.L., que no sabían aún qué nuevas normas ampararían la gestión del centro público ya que estas se aprobaron un mes después obtener el concurso. También se desconocía que pese a que el contrato firmado por valor de 300.000€ tuviera como fecha fin el 31 de agosto de 2013 con opción a la renovación por un año, al final no se iba a cumplir.
Y todo esto, claro está, no gustó dentro de la Escuela. “Está claro que querían quitárselos de encima”, subraya Puente. El nuevo reglamento descompuso la antigua gestión de la escuela, ya que la demora de los trámites en la convocatoria del concurso dejó sin ventanilla a los alumnos para que pudieran inscribirse durante el verano con lo que se complicó aún más el ingreso de alumnos. Además, a final de año el Ayuntamiento no pagó el trimestre a la empresa. Desde la Concejalía de Atención y Participación Ciudadana se señalaba que no se habían cubierto las horas previstas por el bajo número de alumnos, pero eso era independiente a lo pactado y así lo han decretado los Tribunales en febrero de 2014. Ninguno de los siguientes trimestres fueron abonados por el Consistorio y Músicos y Escuela S.L. se vio obligada a cerrar las puertas del antiguo Mariano de las Heras en abril, dos meses antes de que acabara el curso escolar.
Porque la música sale muy cara. Comprar un instrumento supone un desembolso que no todas las familias pueden permitirse (un clarinete para principiantes no suele bajar de 400 euros). Si a esto le sumas las matrículas trimestrales de unos 200 euros, no todos los padres pueden aguantar tener a dos hijos estudiando música de manera no profesional. Pero además, el mantenimiento de los instrumentos supone un gasto anual bastante alto (comprar cañas, reparaciones, desplazamientos…)
 
 De la misma forma, con el cierre del grifo de subvenciones, escuelas como la Municipal Mariano de las Heras se complicaba su existencia. “La justificación del Ayuntamiento ha sido siempre económica: la escuela necesitaba de ciertas mejoras y para el Ayuntamiento salía muy cara”, explica Alberto Bustos. “Hace dos años se planteó una mejora en el reglamento de la escuela; era una propuesta surrealista que proponía que la escuela dejara de ser escuela. Se planteaba que dejara de haber órganos directivos u órganos de participación”, señala Bustos. Y así salió el nuevo reglamento en septiembre de 2012.
 
 El Boletín Oficial de la Provincia publicaba en ese mes el nuevo reglamento por el que se regiría la que para el concejal de IU era “una pequeña joya de la cultura vallisoletana”. “Era una escuela que llevaba ya casi 20 años de actividad con unos resultados muy buenos: muchos alumnos, con una lista de espera enorme, una repercusión importante en la ciudad y suponía un impulso a la cultura de Valladolid”, cuenta Bustos, que desde el cambio de gestión de la escuela siempre se ha mostrado partidario de las reivindicaciones de los antiguos gestores.
“El Alcalde me dijo que no quería saber nada de leyes, que no estaba obligado a tener una escuela de música” señala Mariano López, representante de los alumnos de la escuela en 2012. Tanto los grupos municipales como los miembros del Mariano de las Heras se enteraron del cambio de reglamento por informaciones publicadas en los medios de comunicación durante los días siguientes a la aprobación del mismo.

27 de junio de 2014

Alejandro Andrés/ @alexrubio92

Un paso adelante en el anteproyecto de la A-11, la conocida como Autovía del Duero, que conectará Valladolid con Soria. Fomento ha dado el visto bueno a la obra en su tramo más conflictivo, ese que lleva parado desde principios de siglo por los síes, los noes, y los ahora me viene mal por el presupuesto. Ya está decidido: entre Tudela de Duero y Quintanilla de Arriba, la nueva autovía pegará el salto al río y transitará por la zona norte del Duero.


Según Fomento, este trazado, que revitaliza el proyecto y lo vuelve a meter en agenda, es el mejor para que la nueva calzada no afecte a los viñedos que arropan la antigua N-122. Las grandes bodegas que se ven desde la carretera que recorre desde Sardón a Peñafiel tienen mucho más poder que otros vinateros. Porque a ver si se creen que al otro lado del río no se van a tener que llevar cepas de Olivares o Valbuena.

BOE del 15 de agosto de 2012 

Pero vayamos a los costes. Fomento, que en este caso ha tenido mucho cuidado a quién expropiar, dispone de 169 millones de euros. En total, casi 5 millones de euros por kilómetro construido, frente a los 4 por kilómetro que supone la variante de Aranda de Duero de esta misma autovía, o los poco más de 3 millones por kilómetro que cuesta la unión entre las variantes de Aranda y de Langa de Duero. Los cuatro millones por kilómetro es el coste que se suele extender por todo Castilla, debido a la geografía del territorio.




Y ahora nos tiene que parecer bien que la conexión entre Tudela y Quintanilla de Arriba se haga siguiendo los intereses de unos pocos. Mientras Soria se desangra hacia Zaragoza, Castilla y León no ha sabido hacer los deberes a tiempo para que aquella provincia sea más nuestra que aragonesa. Y tenemos que aceptar este proyecto porque la autovía que debía unir la tierra donde vivió Machado con la de Delibes lleva demasiados años de retraso. Otro ‘no’ sería apartar definitivamente a los pocos sorianos que quedan de la Comunidad a la que pertenecen.


Porque las comunicaciones para la población lo son casi todo. No podemos pretender que los cerca de 5.000 vehículos que en 2012 pasaban por estas vías diariamente sigan yendo por esta carretera. Por cifras similares, y con menor necesidad, se hizo la autovía Valladolid-Cuéllar-Segovia. Ahora que la exposición de Las Edades del Hombre está en Aranda, la villa de la Ribera del Duero sigue distando de Madrid casi el mismo tiempo de viaje que de Valladolid (pese a que llegar a la ciudad del Pisuerga supone 60 kilómetros menos que a la del Manzanares).

Mientras, pese a la necesidad de conexión que demandan todos los pueblos de la Ribera del Duero para vender sus recursos, más de una década después de que comenzasen las obras, sigues rezando para que no te toque un camión el día que viajas por ahí. Más de 1.000 vehículos pesados circulaban en 2012 por la carretera que une Castilla y León con Cataluña. Una vía que, de hacerse doble y con la importancia estratégica que tiene, situaría a Soria y a Aranda como puntos clave.



Por eso, y porque nada lo impedirá, las bodegas grandes que se opusieron a que la N-122 fuese una de las dos calzadas de lo que será la A-11 han ganado a los intereses de la mayoría. Los costes, que los pagaremos entre todos, y el retraso en la construcción de la vía no han sido suficientes para que esos vinateros que están junto a la nacional desde Sardón hasta Quintanilla de Arriba hayan cedido. Al final, como se ha demostrado, las cepas del norte del Duero tienen menos amigos que las del sur. 

24 de junio de 2014

@LestrangEnfant

El Jueves, la revista considerada por muchos como la más polémica y crítica con la política española, sufrió recientemente la censura a causa de una portada crítica sobre la abdicación del Rey. Solo que, a diferencia de lo que ocurrió en 2007, la decisión no vino de la Audiencia Nacional sino de la empresa a la que pertenece la publicación.

El miércoles 4 de junio, la revista no se publicó como estaba previsto (a pesar de su nombre, El Jueves sale a los quioscos los miércoles). La publicación salió al día siguiente, sin embargo, su portada no era la anunciada en las redes sociales: un dibujo de Manel Fontdevila que mostraba a Juan Carlos cediendo una corona sucia y maloliente a su hijo Felipe. En su lugar, aparecía la portada que se había dibujado antes de conocerse la noticia de la abdicación, con una caricatura de Pablo Iglesias siendo criticado por varios políticos. En el interior, sí que se hablaba de la noticia; en la sección “La Guillotina” Isaac Rosa criticaba al Rey, al igual que lo hacía la editorial. La reacción en los seguidores de la revista fue inmediata. La duda: ¿Se trataba sido una orden externa o una bajada de pantalones de El Jueves? ¿Censura o autocensura?
La decisión de cambiar la portada fue de la editorial RBA. 60.000 ejemplares que ya se habían impreso con la portada prohibida fueron destruidos. Como consecuencia, ocho colaboradores de El Jueves, entre ellos Albert Monteys, ex-director de la publicación, dimitieron de sus cargos en la revista. Publicaron la noticia en Twitter y en sus respectivos blogs, explicando sus motivos.

“Hay tanta dignidad en los que nos vamos como entre los compañeros y compañeras, autores, redactores etc que se quedan a batallar la revista en condiciones ahora muy duras... ¡El Jueves sigue siendo un oasis en el quiosco, pese a todo!” decía Monteys en una viñeta en la que explicaba “su versión de los hechos”
No se sabe exactamente cuál fue el motivo que llevó a RBA, grupo editorial que posee revistas como National Geographic España, Semana y Saber Vivir, a prohibir la publicación de la portada. En una entrevista para Eldiario.es, Manel Fontdevila explicó que en 2007 la empresa no había tenido problema alguno con la polémica portada de los príncipes, sino todo lo contrario; pero que desde entonces RBA había cambiado bastante y no respetaba la independencia de la revista. “No entiendo la decisión. En el interior de la revista dicen que pongamos lo que queramos, es simplemente en la portada. Silencian la foto en el quiosco, aunque por dentro digas las barbaridades que quieras.”
Para poder desahogarse a gusto y quitarse 'la espinita clavada'  los dibujantes que dejaron El Jueves han publicado por su cuenta una revista satírica sobre la monarquía y la abdicación del rey, Orgullo y Satisfacción, que salió a la venta online con motivo de la proclamación de Felipe VI editada por ¡Caramba! El cómic digital ha tenido un gran éxito, con más de 30.000 ejemplares vendidos.
Imagen: Albert Monteys
Por su parte, El Jueves tiene una nueva portada sobre la Monarquía, esta vez con Felipe VI ya coronado; pero es mucho más suave y respetuosa. Después de todo lo sucedido, la revista ha quedado con una muy mala imagen y no deja de ser criticada en comentarios por muchos de sus lectores.
Resulta evidente que, por censura o por auto-censura, la libertad de expresión no es posible a menos que se recurra a Internet y que la Casa Real en especial resulta una importante traba para este derecho. Tampoco se permitió durante el desfile real que se mostraran banderas republicanas. Da la impresión de que tiene que parecer, cueste lo que cueste, que la Monarquía es aceptada por todos los españoles y esto es muy poco, o nada, democrático.


14 de junio de 2014

Fernando Cardenal Arenas

Fútbol sí, monarquía no, mundial no, república sí…y viceversa. Tarde o temprano dos de las realidades más mediáticas del momento tenían que verse las caras en el mismo artículo. Que el cetro y la corona de un país pasen de padre a hijo está ya muy visto, siempre se ha hecho, sin embargo muchas otras instituciones lo están poniendo de moda últimamente. Y, por suerte, ya no hace falta tener la sangre azul. El ejemplo que une fútbol y legado familiar no podía estar en otro lugar que no fuera Brasil, el país donde este deporte es más rey que en ningún otro lugar del planeta. Al menos hasta hace poco.
 
 
“No apoyo, no comparto y no vestiré de negro ningún día que haya partido durante el Mundial. No voy a manifestarme en contra, porque lo que había que robar, ya está robado”. A dos semanas de que diera comienzo la Copa del Mundo y a través de su cuenta en Instagram, las palabras de la directora ejecutiva del Comité Organizador Local de la Copa del Mundo, Joana Havelange, caían como una bomba, otra más, en la sociedad brasileña. Un testimonio para mirar hacia otro lado y no toparse con la denuncia multitudinaria que ha puesto sobre el mapa al “otro” Brasil. Manifestaciones y protestas en contra de un evento, no contra el fútbol, que para cualquier brasileño fue motivo de orgullo en 2007, cuando se conoció oficialmente la sede del Mundial 2014. Han pasado siete largos años desde entonces y los ánimos se han marchitado. Tan sólo la sangre Havelange parece resistir al paso del tiempo.
 
 
Declaraciones de Joana Havelange en su cuenta de Instagram

Y es que son ya tres generaciones las que han unido, más si cabe, a Brasil con el mundo del fútbol. La historia se remonta a 1974, cuando un cabeza de familia se convirtió en todo un Presidente de la FIFA. Sus primeras palabras al frente de la omnipotencia deportiva no podían ser más conmovedoras: quería transformar el fútbol en negocio. Vaya si lo consiguió. Durante 24 años, João Havelange lideró una cruzada por llevar el balompié a cualquier confín del mundo. Derechos televisivos, firmas publicitarias y conexiones comerciales que acabaron tejiendo una red sin escapatoria. Su última hazaña como máximo mandatario lo dice todo. El brasileño dejó 4.000 millones de dólares en las arcas de la FIFA tras cerrar los contratos de explotación televisiva y comercial de los Mundiales de 2002 y 2006. Un bonito adiós que más tarde se vería manchado por acusaciones de corrupción y sobornos.

Para aquel entonces, Havelange ya había cedido parte de su poder a alguien muy cercano. Con él en el mando, un joven de 42 años se convirtió en la máxima autoridad del fútbol en Brasil. Palabras mayores. El hombre al que acababan de bautizar como Presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol no era otro que Ricardo Teixeira, más conocido como su yerno. Una coincidencia bastante provechosa. De ahí en adelante muchos éxitos: tres Confederaciones, cinco Copas América y dos estrellas más en el escudo de la “verdeamarela”; pero bastantes sombras, tantas como para condenarlo a la dimisión de su cargo en 2012 bajo acusaciones de nepotismo, corrupción y clientelismo. Junto a su suegro, Teixeira percibió comisiones millonarias,  10,6 millones de euros para ser exactos, por parte de ISL, la agencia de márketing y de derechos televisivos ligada durante años a la FIFA. Una verdad que llegó demasiado tarde, pues Ricardo Teixeira ya había movido su última ficha mucho antes: conseguir que su país se convirtiera en sede del Mundial en 2014. Al frente de su organización local iba a sentarse una persona muy especial.
 
Porque la historia de amor entre el fútbol y los Havelange nunca terminó. La estirpe continuó creciendo, así hasta llegar a nuestra primera protagonista. Joana Havelange recogió el cetro de su padre como directora ejecutiva del COL. Desde entonces ha contado con 80 millones de dólares a su disposición y su sueldo se estima, según diversas fuentes, en 31.000 dólares mensuales. A años luz, el salario mínimo de los brasileños les empuja a salir a la calle, a protestar contra un evento cuyas infraestructuras ya han superado un 70 % lo previsto. En Brasil, la monarquía del fútbol, ya suenan los tambores del patíbulo.

10 de junio de 2014

@rayantes

Cuando hay fútbol, la terraza de casa se convierte en un excelente lugar para presumir de bandera. Cuando hay fútbol, hasta el menos patriótico se compra una camiseta de su país. Cuando hay fútbol, incluso una fuente se convierte en el mejor sitio para celebrar una victoria. Porque, cuando hay fútbol, ¡que se pare el mundo!

Mural que representa el rechazo a la Copa del Mundo
La Copa del Mundo 2014 que se comienza a celebrar dentro de prácticamente unas horas se ha ido convirtiendo, poco a poco, en la más cara de la historia: 35 billones de reales – lo que equivale a unos 10 mil millones de euros – fueron los gastados hasta el momento en la construcción de infraestructuras que alberguen este campeonato futbolístico.

Mientras medio mundo hace oídos sordos a lo que ocurre en ese país, allí miles de familias han visto cómo sus casas se destruían y como niños y traficantes de droga eran asesinados en plena luz del día solo para poder “limpiar la imagen”del país del fútbol. Pero, ¿saben qué? Que los brasileños no quieren tener una buena imagen fuera de sus fronteras. Quieren educación, trabajo, un sueldo digno, transportes públicos en buenas condiciones y, sobre todo, que la gente deje de morir en las colas de los hospitales, mientras los grandes, los políticos, se hacen ricos con su dinero.

En 2011 Brasil empezaba a florecer como la sexta potencia mundial, por encima, incluso, del Reino Unido. El sueño del país del futuro quedaba lejos de la imagen exterior asociada a sambas, Carnaval, caipirinha y Río. Y llegó el Mundial. Pero la realidad no ayudaba a que todo cambiase y cada vez mojaba más ese jarro de agua fría que caía sobre los brasileños. A pesar de que pintaban todo de colores, su bienestar social no mejoraba, se estampaba.
Pancarta en una manifestación -No quiero copa, quiero Sanidad y Educación-

Llegaron las primeras protestas hace un año. Y a día de hoy, hay millones de mensajes diferentes que circulan por redes sociales invitando a los brasileños a oponerse a la Copa del Mundo. Algo nunca visto en un país cuya afición es considerada como la más fanática de América Latina. En el último partido amistoso de Brasil-Panamá, fuentes cercanas han asegurado que ningún habitual símbolo de patriotismo se vio en las calles. No hay banderas ni coches con cláxones. Las ventanillas de los vehículos vestían un luto casi generalizado en el país

La gente se ha cansado. Según una encuesta reciente divulgada por Datafolha –un instituto de investigación brasileño-, el porcentaje de ciudadanos que apoyan la realización del evento ha caído a un 48% por primera vez en la historia del país. Para hacerse una idea, cuando la FIFA, en 2008, otorgó al país el 'honor' de ser los anfitriones para este 2014, el 78% de los brasileños querían la celebración del evento más importante para el fútbol mundial.

Otra encuesta realizada por Pew Research Center, revela la abrumadora caída en la satisfacción general de los brasileños con el país desde 2010, siendo el 72% de los mismos los que se mostraron descontentos en cómo van las cosas en el país. Aunque esta encuesta afirma que el 61% de la población no está de acuerdo con que el Mundial se realice en Brasil y que no creen que traiga beneficios, los brasileños afirman que no están en contra del Mundial pero sí de la forma con la que se está haciendo.




La construcción de los estadios sigue, a día de hoy, incompleta. Los cables sueltos alrededor de los estadios no son ningún lavado de imagen para ese Brasil que quería mostrarse grande ante el mundo.  Esos trabajos a contrarreloj además han conseguido que el país cuente con tan mala infraestructura que la propia FIFA estudió a principios de año sancionar a Brasil y retirarlo como sede del Mundial. Pero eso, por suerte o por desgracia, no pasó.

El país inmerso en una gran crisis social amenaza con seguir con huelgas de transporte en los próximos días como muestra a ese rechazo a la celebración del mundial, así como llevan haciendo desde hace un año más de un millón de personas que salieron a la calle a reclamar sus derechos. Por este motivo, la seguridad en el país se ha triplicado con el propósito de garantizar la máxima protección durante todo el evento. ¿Lo conseguirá uno de los países más violentos del mundo? Por si acaso no es así, autoridades japonesas aconsejaron a sus ciudadanos que “no viajaran a Brasil” en estos momentos.



Por su parte, la presidenta brasileña espera que haya “el menor número de altercados posibles”. Mientras, todo lo que está pasando poco importa a los grandes magnates del capitalismo, como la propia presidenta Dilma Rouseff, quién solo mira para su ombligo y asegura que “todo saldrá bien”. Lo que pase está aún por ver. Pero eso sí, si hay algo de lo que no tengo ni idea – o por lo menos no mucha -  es el fútbol. Pero yo, personalmente, no me compraría un billete para Brasil. Porque allí la gente ya no quiere circo: quiere pan.