16 de febrero de 2011

Orientación Espacial

Qué tiempos estos. No sé si es la apatía, el exceso de farra, la alteración electromagnética del planeta o la herencia genética de mi vieja, que no sabe si coge el tenedor con la zurda o con la diestra. El caso es que mi orientación espacial se me debe de haber ido al carajo, por decirlo rápido y llanamente. Heme aquí, que parpadeo perplejo, achino los ojos y veo que ZP –Dios, juraría que eso quedaba por mi izquierda-, resulta que anda de mozo de los recados de los tipos de frac, sombrero de copa, monóculo y puro y que, además, le ha entrado un deje de señor antiguo que le inclina más a prohibir cosas que a permitirlas. Cáspita. Y no sólo eso, sino que resulta que esos tíos que antes estaban a mi derecha se han puesto tensos al verse desplazados de su hábitat natural y, gente brava, ha decidido ante tamaña ofensa convertirse en paladines de la política social, indignados por que el barman interino de su club de golf tenga más titulaciones universitarias que la plana mayor del partido junta. Y con razón, oye. Creo que hasta una vez ha salido una señora de una reunión con palestina al cuello y todo. Ya puestos, deben de haberse intercambiado las taquillas del Congreso, por lo visto.

Caja tonta mediante parece que consigo asentar un poco mi atribulada cabeza. Pongo Intereco y siguen asegurando que son de centro; extremo centro diríamos. Pero mienten los muy bellacos. No me engañan, esta gente tiene el póster del Che mirando al vacío desde el cabecero de la cama, fijo. ¿O lo mismo me he vuelto daltónico y me parece rojo sangre lo que antes percibía más azul que un pitufo? No, desde sus cubiles son las únicas mentes preclaras que llaman a la revolución; parece mentira que los ciudadanos de a pie aún no hayamos levantado barricadas ante la dictadura fascista en la que se va a convertir el gobierno de ZP, que andará ya a estas alturas dirimiendo en gabinete extraordinario qué modelo de bigote debería adoptar en esta nueva era que se nos viene encima.
Pero ah, nosotros. Ese pueblo llano de mentalidad hidalga, a los que nos la ha sudao que los documentos de regulación de pensiones cuelguen junto a los toilettes de los señores diputados por su suave y no irritante tacto, que la sodomización se impusiera como principal método de selección de personal y que se recupere el derecho de pernada, aplicado en el ámbito laboral. Por lo menos hemos sacado nuestro oxidado orgullo altanero y hemos dado un puñetazo sobre la mesa cuando nos han tocado lo que no se nos podía tocar. Menuda guerra de guerrillas les espera en los bares, a ver si se creen que nos van a quitar los pitillos. Que se nos habrá averiado la orientación espacial, pero tontos no somos.
Víctor Rivero

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