28 de marzo de 2011

Está de Moda

“Está de moda”. Es la única expresión que encuentro válida para justificar nuestro comportamiento. Vivimos en un mundo en lo que lo único que importa son las apariencias y eso es una de las cosas que nos ha llevado a la actual crisis, aunque, a pesar del castigo nadie se replanteé su sistema de vida. Tenemos suficiente con ver la televisión, medio adormilados, mientras intentamos descubrir quién es la última novia de Paquirrín, qué equipo ganará la liga y si la crema antiarrugas de la marca X es eficaz.
Como aquel patito que imita a su madre nosotros intentamos parecernos a Cristiano Ronaldo, ellas a Kate Moss y nos da lo mismo que Adidas sobreexplote a los niños en India porque apadrinamos uno por 1€ al mes. Intentamos dar una buena apariencia y bombardeamos a Gadafi porque aplasta brutalmente manifestaciones, pero con Catar no nos metemos y los que se manifiestan en Atenas y Londres son unos exaltados que no tienen motivos justificados ni justificables.
Llevamos palestinas y nos proclamamos abiertamente sionistas. Compramos a nuestros hijos juguetes no sexistas, pero un chico afeminado es un “maricón” y una chica a la que le gusta el fútbol una “marimacho” y, luego, como las palabras son gratis las malgastamos para decir ser feministas y cantar en voz bien alta: “Dale con el látigo” o “a ella le gusta la gasolina, dale más gasolina”.
Por último para no preocuparnos demasiado y dormir cómodamente en nuestras camitas, reciclamos lo que podemos, pero reutilizamos lo mínimo y si el contenedor está lejos de nuestra casa, nos consolamos con la intención y gritar: “Nuestro mundo tiene que llegar a nuestros hijos”. Mañana, si el itinerario de la manifestación te conduce al sofá portarás una pancarta en contra de globalización, la sobreexplotación en los países tercermundistas – aunque no sepas muy bien dónde están –, la libertad de expresión y todo aquello que han dicho en la radio que sirve para trazar tú camino al cielo.
Somos así, ya hace 2000 años un hombre con barba y pelo largo – no era hippie porque no tenía una furgoneta “Volkswagen” – denunció la situación. Al hecho en cuestión lo llamó hipocresía y a los culpables, fariseos y por entonces ellos eran los malos.
Ahora, puedes levantar la mano y decir que tú no eres hipócrita, fariseo, ni malo, porque te peinas una cresta para dejar de pertenecer a la sociedad, aunque solo cambies tu grupo de amigos. Di que te vistes de negro en verano porque es un color fresco y no porque así lo marcan las reglas de la subcultura gótica y a ti te gusta Maryln Manson. No te escudes en que este país es libre, cuando tú mismo eres esclavo de los principios de la nación. Consumes porque está de la moda y si no quieres estar en la moda, también consumes, aunque compres otras cosas.

3 comentarios:

Víctor Rivero dijo...

Muy bueno. El ser humano, pura contradicción. Nada más que veas la clase media joven: el pijippie. Nos creamos nuestra propia historia para vender, nos ponemos nuestro mejor perfil en el tuenti y nos volcamos tan hacia el exterior que nos quedamos vacíos por dentro. Somos pura boca, chico.

Anónimo dijo...

¿Y cuál es la solución, Juan Carlos?

Juan Carlos dijo...

Ser coherente anónimo 2, ser coherente. No puedes decir x si luego es y. Una vez nos cansemos de las mentiras, de vivir drogados, en medio de una burbuja de opio que ciega nuestros ojos, las cosas cambiarán. Basta darse cuenta de una trampa para que esta cambie el aspecto y desaparezca. No obstante, conociéndonos, eso es una utopía, ¿de qué sirve soñar?

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