23 de marzo de 2011

No habría que descartar la curiosidad y la sorpresa ante lo novedoso como uno de los mayores factores de entretenimiento para el ser humano. De hecho, es una de las bases para el éxito de los telediarios. Y con una sociedad cada vez más enfocada al noble arte de matar el tiempo, la necesidad de entretenimiento es voraz. Consumimos y olvidamos arte, cine, música, futbolistas, estrellas, políticos… El aburrimiento es la condena al ostracismo y a la nada.
Esto lleva a pensar que 2011 está siendo un año especialmente interesante.
Enero comenzó con algo tan impredecible como que un país de un mundo considerado monolítico e inamovible como el árabe se alzara para pedir democracia. El centro del mundo era Túnez, una pequeña joya de revolución. Túnez lo era todo.
No dio tiempo a cansarse del tema; el país de las pirámides decidió deponer al último faraón. Un entorno más glamouroso, más de producción hollywoodiense, que también ocultó otros movimientos colindantes pero menos sugestivos para los paladares masivos. Poco a poco Túnez se fue haciendo nada mientras que Egipto lo era todo.
Egipto, con sus tiras y aflojas y emocionantes intrigas se mantuvo un buen tiempo –un par de semanas- en el top ten. Pero 2011 está siendo un año ameno como pocos. Desde Japón nos llegó algo tan terrorífico como suculento, un kaiju eiga como en sus mejores días. Imágenes electrizantes, angustiosas, conmovedoras, irresistiblemente atractivas. Salvajes catástrofes naturales que aniquilaban la hybris del ser humano. En concreto con un tema clásico, vintage, como el de la amenaza nuclear. Perfecto para una época que recupera las tendencias de los ochenta. Japón lo era todo, Egipto volvió a la nada de donde procedía. Túnez era aquel país donde tu primo fue de viaje de ecuador de la carrera de biología.
Con semana y media de catástrofes fue suficiente. En menos de lo que se pronuncia Fukushima apareció la reina del divertimento noticioso, la que oculta casi todo lo demás: una guerra a la vieja usanza. El Occidente heroico contra un malvado y bronceado tirano oriental. Convenientemente, Japón se deslizó hacia un discreto segundo plano mientras las cámaras de grabación nocturna se apostaban en las terrazas de Bengasi y Trípoli prestas a grabar imágenes de bombas explotando, con ese tono verde tan conmovedor, mientras los aviones sobrevuelan el reino del déspota. Resuena la cabalgata de las valkirias, llama la épica y el espectáculo. Todo es Libia, Japón avanza en el status de tibio recuerdo. Egipto era aquello de lo que Bisbal dijo no se qué en twitter. Túnez es bonito, dicen.
Quién sabe, puede que en un par de semanas, tirando por lo alto, Gadafi vuelva a ser ese gracioso metrosexual de ropajes horteras que viaja con una guardia de turgentes vírgenes.
¿Alguien se acuerda de Haití?
Victor Rivero

5 comentarios:

Juan Cruz Peña dijo...

Excelente escenificación de lo que sale por la caja tonta que enciende la luz de un rincón del mundo, mientras apaga el de otro. Aunque no sea muy bonito lo que pasa en ninguno.Por cierto espero que el gracioso metrosexual ese que dices no siga campando a sus anchas en 15 dias, aunque igual para entonces, ya no me acuerde de él...1saludo

Anónimo dijo...

Sí, estamos a la información de rápido acceso, consumo y olvido...

Anónimo dijo...

Sí, estamos condenados a la información de rápido acceso, consumo y olvido

Victor Rivero dijo...

Pues de más de una de estas se ha librado ya Gadafi, no creas. Algún palacio y a alguna hija adoptiva si que le han bombardeado en otra ocasión y mírale, luego amiguete de Aznar y gente de esa sin ningún problema...
Es lo bueno de estas cosas, que se permite redimirse a los malos (si pagan).

Anónimo dijo...

Posiblemente sean Siria y Yemen los próximos en hacer pasar a Libia a un segundo plano, con lo cual, Japón pronto será un breve en las páginas de internacional, como hace tiempo que sucedió ya con Haití.

Publicar un comentario