27 de junio de 2011

Ataque al protocolo

Nunca me han dado buena espina los protocolos. Me gusta ver de cerca la humanidad de las personas y especialmente si hablamos de los políticos. Formalizar los procesos es útil a nivel organizativo, pero es una manera de robotizar comportamientos. Es posible que despreocuparse por una pequeña fractura en la disciplina diera lugar al caos, pero cuando alguien se salta los trámites demuestra que hay vida más allá de la burocracia. El orden in saecula saeculorum, por los siglos de los siglos, crea distancia con quienes han de ser regidos por él, ya que las formalidades no progresan al mismo tiempo que la civilización. A veces, saltárselas crea vínculos con unos ciudadanos que se ven cada vez más alejados de una clase política que se rige por esquemas anquilosados.

Algunos se lo tomarán como una provocación, otros como un acto de rebeldía frente a lo establecido, yo me lo tomo como un soplo de aire fresco en la espesura. Estoy hablando de la última actuación del candidato de Izquierda Unida a la alcaldía de Valladolid, Manuel Saravia. Esta vez, ha cometido la “temeridad” de hacer pública una carta dirigida al Alcalde, Francisco Javier León de la Riva, a título institucional y, por lo tanto, no personal. La misiva, en palabras de Saravia, tiene “interés público” y ese ha sido el motivo de que “en pocos minutos” se la entregaran “al PSOE y a los medios de comunicación”. Al primer edil no le ha sentado nada bien y ha contestado lo siguiente: "Si cada vez que me manda una carta va a estar contándoselo a la gente, es que no sabe lo que es funcionar en un Ayuntamiento". El rapapolvo no termina ahí ya que ha aseverado que no responderá a pesar de tener la réplica escrita a mano.

Mis hipótesis a partir de aquí no son demasiado halagüeñas. La primera es que el Alcalde no contestará como forma de expresar su desacuerdo y evitar situaciones similares la próxima vez, pero yo me pregunto: ¿es la forma responsable de afrontar la situación? Si considera la actuación de Saravia una salida de tono debería explicar los motivos de una forma más profunda que con el irreflexivo “no, porque no, y punto”. La segunda es que, acostumbrado a que todas las comunicaciones internas del Ayuntamiento sean inescrutables, se ha visto en el imprevisto caso de escribir en conciencia política, es decir, de responder con argumentos que tengan en cuenta a la ciudadanía que se verá afectada, debido al carácter público que tomaría su réplica, y ha decidido abstenerse de tomar tales riesgos. Ninguna de las dos dice nada positivo del popular. En cualquier caso, los desfavorecidos son los vallisoletanos, quienes tienen el derecho de conocer todos aquellos asuntos que los atañen y más tratándose de algo como la organización del trabajo municipal, de cuya gestión eficaz depende la economía de la ciudad.

La creación de nuevos mecanismos de control ciudadano pasa por renovar esos planteamientos que ven como peligroso el conocimiento exhaustivo de los debates internos, de la gestión del gasto público, el acceso a la correspondencia institucional, etc. Es posible y necesaria una nueva forma de hacer política mucho más participativa que además se ayude de las nuevas tecnologías y los ciudadanos debemos exigirlo, aunque a veces suponga salirse del protocolo.

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