3 de junio de 2011

En Veinte Minutos

Siete a.m. y Pete Doherty te despierta desde la mesilla. Maldices. Te metes en la ducha no sin antes encender esa radio que lleva en tu casa desde que tienes uso de razón y que seguramente forme parte de más momentos con tu familia que tú mismo.
E. Coli sigue haciendo de las suyas. Por fin los alemanes reconocen que nuestros pepinos son lo suficientemente buenos como para acompañar a sus salchichas, a posteriori del destierro y las perdidas acumuladas. La Reforma Colectiva sigue en stand by como mínimo hasta el viernes y como máximo hasta la eternidad. El criminal de guerra Mladic pide un deseo (no se si soplando una vela o no): acudir a la tumba de su hija. Deseo concedido, hasta el más hijo de puta tiene derechos, pero... ¿qué hizo con los derechos de todas las personas a las que dice que no asesinó, con los deseos de todos los musulmanes muertos por ser musulmanes?
Llevo con un móvil como extensión de mi cuerpo desde los doce años. Ahora que he dejado de fumar y que mis posibilidades de morir por cáncer se habían reducido al mínimo, la OMS se reafirma en su efecto nocivo para la salud.
¿Gibraltar español? No lo sé, Gibraltar arde.
El tiempo no acompaña... ¡y solo son las siete y veinte a.m! Todo esto ha pasado mientras dejaba actuar mi mascarilla para el pelo. ¿En qué mundo vivimos? No entiendo nada...
Apago la radio. Quiero empezar el día con buen pie: con el pie izquierdo. Nada de malas noticias hasta las ocho por lo menos. El aleatorio de iTunes siempre ha tenido respuestas para todo y ahora más que nunca: suenan The Clash y su Spanish Booms.
Los indignados, esos hippies perro flautas, que fuman porros y les gusta hacerse trenzas de cuero (soy indignada y nunca he sido mucho de hacerme trenzas), siguen luchando. Madrid irá reduciendo su campamento, en Barcelona curan sus heridas con Betadine y por Valladolid nos pasamos siempre que podemos. Ya ha quedado muy claro que luchar por la DEMOCRACIA no es ningún delito, los delitos de prevaricación y cohecho se los dejamos a los políticos por eso de dejar hacer a los expertos... En este caso luchamos por la Democracia Real pero podríamos acamparnos por 
medio millón de cosas más.
Como dice Sara Herrera Peralta “No puede hacernos daño lo que no nos pertenece”. Pero siento deciros que todo esto en su cómputo, apenas son veinte minutos de malas noticias, y recuerdo que el día tiene veinticuatro horas, nos pertenece y nos hace daño. Nos pertenece hasta el punto de condicionar nuestro presente y nuestro futuro. Luchad, como queráis pero luchad. Acampando o yendo a Reina Sofía a estudiar para que dentro de unos años podáis callar la boca a jefes, políticos y mandamases desde territorio nacional y no desde el exilio. Luchad para que cuando generaciones futuras enciendan su radio a las siete de la mañana, puedan escuchar en directo “Spanish booms yo te quiero infinito...” sin que sea la alternativa a la frustración de un día más.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues si tengo que escuchar esa mierda música, yo me quedo en casa.

Vicen dijo...

Me gusta bastante la idea del texto, el sentimiento que transmites, pero hay algunos errores gramáticales que contaminan la lectura y estaría bien corregirlos. "Sumamente", "al OMS".
Un saludo y buen texto!

Vicen dijo...

Mierda de mùsica The Clash?? Virgencita mía acude a socorrerme...

Anónimo dijo...

Prefiero London Calling o Jimmy Jazz, pero vale.
Hay tanta divergencia política que mucha gente no sabe si pide DEMOCRACIA o acabar con el Estado, etc. Es el fallo de esto.

Anónimo dijo...

Bravo a los espabilados que se han dado cuenta de que lo importante en este articulo es la promocion a The Clash.
Os recomiendo otro articulo casi tan bueno como este de una tal Angélica Tanarro en el norte de castilla del jueves dos de junio referente a este tema.

El espabilado de The Clash dijo...

La Vida que nos sorprende
Es bueno que la vida nos sorprenda. Que nos de un golpecito en el hombro y nos quite el gesto de suficiencia que se nos pone cuando pensamos que tenemos el control, que pisamos fuerte sobre un suelo que no conoce terremotos. Lo grande de la vida (a veces lo terrible, de acuerdo) es que se puede dar un giro, hacer que se tambalee nuestro edificio y regalarnos una oportunidad, aunque llegue aparejada algún esfuerzo. Algo así han conseguido los indignados del 15-M.
Irrumpieron en el teatro en campaña electoral cuando sesteábamos arrullados por las consignas archisabidas y pilló a los actores con el pie cambiado. Es difícil que te cambien el guión cuando la función acaba de comenzar así lo primero es resistirse: "no llegarán lejos", "los ha pagado fulanito para hacer ruido", "serán víctimas de los de siempre, los antisistemas de turno", "la cosa acabará mal. Pero pasaban los días y ellos seguían allí, como el dinusario de Monterroso y lo que era mejor, escucharlos no daba pena, ni sonrojo como sí suelen dar aquellos que habían provocado su indignación. Hablaban de nosotros. Y a pesar de su indignación no daban voces.
El 27 de mayo salí del periódico con la idea de encontrarme alguna representación del Teatro de Calle por el centro de la ciudad. Y según me acercaba a la plaza Mayor, me llegaba un clamor que no parecía teatro. No lo era. Había olvidado la manifestación, pero estaba allí. Ellos (que somos nosotros) estaban allí horas después del horrible desalojo de la Plaza Cataluña, aún más indignados por la brutal acción policial pero defendiendo sus propuestas con la misma calma.
La fuerza de su voz y de su presencia obligó a detener la representación que en esos momentos ocupaba el principal escenario del Festival. La grada estaba llena de gente pero esa gente, que también resultó ser indignada, no se indignó por la interrupción. Todo lo contrario. Los espectadores se sumaron a las propuestas, botaron cuando pedían las consignas, corearon los lemas, comprendieron que hay cosas prioritarias. Unos y otros conjugaban el verbo respetar.
Yo era una mujer sorprendida. Rodeada por familias y señoras mayores con traje de chaqueta que cambiaron el plan de su paseo vespertino y que de repente coreaban "el pueblo unido jamás será vencido" probablemente por primera vez en su vida. Como ese anciano al que descubrí cuando la manifestación se sentó y él quedó con toda su dignidad y su artrosis en pie, con sombrero y bastón, como un símbolo.
No pude despegarme de esa energía hasta que la manifestación se disolvió tan pacíficamente como había comenzado en Fuente Dorada. Y aún la tarde depararía otra imagen que me gustaría recordar: el aplauso que los manifestantes dedicaron al público de la grada por haber aguantado la interrupción, aplauso que fue correspondido por los pacientes espectadores.
Toda esa energía y esa razón no se pueden perder. No se deben perder. Desde mi balcón veo cada mañana una pequeña pancarta en el balcón de enfrente. Dice: "Un mundo muevo es posible". Tiene tachado la palabra "posible" y la sigue "inminente". Es decir: "Un mundo nuevo es inminente". Leerla es una buena manera de empezar el día.

Vicen dijo...

Anónimo número uno, deja de crear polémica a costa de no tener nombre. Identifícate! (para los demás, que yo ya lo sé):D

J.B. dijo...

Madre mía, el Norte de Castilla lo mismo te pone el artículo de Tanarro, que es el único que te saca lo de la "violación" a una mujer en Sol.

Anónimo dijo...

el artículo es comercial, como la mayoría de los que hoy en día se pueden leer en periódicos de todas las ideologías, salvo los del grandísimo Perez-Reverte. Trata los temas de actualidad, nada más; muy común diría yo... un poco influenciado por la rebeldía juvenil

Anónimo dijo...

Espero que si algún día llegas a ser una gran jefa o directiva de una de esas empresas, no calles la boca a mis hijos. ¡Camarero! una de ideología por favor...

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