9 de junio de 2011

La Historia ¿de México?

Leyendo el otro día un reportaje sobre México confirmé la teoría que tanto defienden algunos de que “la historia siempre se repite”. Da igual México, Egipto o España, porque siempre estarán los malos (los poderosos), los oprimidos por los malos y un grupo de personas que, o bien por el miedo a los malos, o porque han sido manipulados por éstos se ponen de su parte.

El texto, De narcos, políticos y policías, de un colaborador de El viejo topo, Mark Aguirre, desprende crudeza en cada frase. El cartel de entrada, “Desde el año 2006 más de 600 personas se han encontrado en México decapitadas”, advierte que las páginas a continuación no son ligeras y que no habrá ningún tipo de maquillaje en el drama. A medida que avanzo en la lectura me asombro de la bajeza que puede alcanzar el hombre en situaciones límite. Reflexiono de nuevo y sonrío sarcásticamente: el hombre no necesita encontrarse en una situación límite para aprovecharse de los demás y dar rienda suelta a la parte más oscura de su alma, pienso. Aquí no cortan cabezas porque sería demasiado sucio y escandaloso. Vivimos en una sociedad avanzada, lo que se lleva es el tacto; decapitar la dignidad de las personas, pero con delicadeza.

La droga se ha apoderado de algunas regiones de México. El poder de los cárteles supera en muchos lugares al del Estado e incluso lo remplaza. La población está insegura por el miedo y ante la indefensión muchos emigran a Estados Unidos (12 millones de mexicanos, el 10,7% de la población, ha emigrado; México es el país con mas emigrantes del mundo) o se unen a éstas bandas. “Han sido los políticos electos los que han traído la violencia y la inseguridad al poner a cargo de las policías locales y estatales a sicarios del crimen”, dicen los vecinos de Michoacán. El periodista añade: “Los ejemplos serían interminables y afectan a todos los partidos, no importa sean de izquierda o derecha”.

Os propongo una reflexión: cambiad droga por capitalismo, México por España y Estados Unidos por Europa. Salvando las distancias, y siendo conscientes de que esto, más que una realidad, es un ejercicio de concienciación, las similitudes son obvias. No nos encontramos en un caso tan grave y el tipo de violencia que sufrimos es económica, la impuesta por los mercados europeos y secundada dócilmente por nuestro Gobierno, pero la tendencia del comportamiento social es la misma.

Los atracos, las extorsiones, los secuestros están a la orden del día. “No hace mucho hombres vestidos con chalecos antibalas y pasamontañas, armados con armas de grueso calibre, se llevaron secuestrado a uno de los comerciantes de la plaza”, cuenta Aguirre. Ahora hablamos de México. A no ser que, de nuevo, sustituyamos a esos hombres por banqueros, su chaleco antibalas por las políticas económicas que los protegen, su pasamontañas por la escasa crítica mediática, el secuestro por embargos, desahucios y otros tipos de prácticas abusivas y al comerciante de la plaza por trabajadores ordinarios. Estos últimos no tienen ninguna clase de protección ante las armas de grueso calibre (leyes que protegen a las entidades financieras y a las grandes empresas) y no sólo eso, sino que las fuerzas del orden (El Estado) colaboraron en su secuestro. El símil puede parecer rebuscado pero expresa muy gráficamente la indefensión del ciudadano frente a los grandes poderes.

El Estado mexicano había disfrutado de estabilidad durante décadas hasta que las políticas neoliberales –ese nuevo capitalismo radical que consiste en desigualar todavía más el reparto de riqueza y preservar la hegemonía de los grandes poderes y la sumisión del pueblo- la hicieron trizas. Muchas de las personas que a pesar de tener estudios no consiguen prosperar en la vida terminan escogiendo la vía rápida del narco. “En estos tiempos nadie más que los que trabajan para el narco tienen dinero”, dicen. Si no puedes con ellos, únete, dice el refrán. Muchos eligen la vía rápida y, queriéndolo o no, ponen su granito de arena para que la corrupción del poder nunca termine. ¿Nos suena, verdad?

En las escuelas los niños sueñan con ser narcos, lo asocian con el éxito financiero y social. Los padres no son capaces de explicar a sus hijos, que ganan más cosechando la flor de la que se obtiene la heroína que ellos en el campo, porqué deberían dedicarse a otra cosa, porque no tienen la respuesta. Las imágenes de los narcotraficantes con las mejores casas, los mejores coches y las mejores mujeres son habituales, ¿cuál es el problema?, son el éxito personificado. La cultura de la superficialidad está arraigada gracias, en gran parte, a la televisión y a una gran parte de mexicanos –el 45% son pobres- no les importa a costa de qué esos tipos son famosos. Se llama supervivencia.

La pregunta que se lanza es: ¿Qué hacer cuando narcos, policías y políticos están metidos en el mismo costal? La sociedad mexicana necesita revelarse pero la vía electoral está muerta puesto que intereses mafiosos se han apoderado de los partidos políticos. Usan los partidos en su propio beneficio para colocar en la policía y los tribunales a sus hombres. “La política está tan desprestigiada en México que los mexicanos la identifican con la traición y la corrupción”.

La solución no llegará con acuerdos desde arriba. México “necesita una revolución pacífica desde abajo para recuperar un Estado que sirva a la ley y a la gente ordinaria, no a las mafias que se han apoderado del mismo”. No puedo evitar hacer la correlación con lo que está sucediendo aquí. Parece nuestra reivindicación. Está claro que el día en que pierdan el miedo llegará, como lo han perdido los países árabes, como lo hemos perdido nosotros. No hay fallo, la historia se repite. Al fin y al cabo, el ser humano no es muy diferente al otro lado del Atlántico. Suerte.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/mexicanos/valientes/elpepusocdmg/20110619elpdmgrep_1/Tes
Parece que ya se están levantando.

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