3 de julio de 2011

Basado en Hechos Reales

Bienvenidos al estado de bienestar. Trajes y Mercedes para unos y recortes para otros. Recortes importantes, recortes en nuestro futuro. La vida universitaria –como la vida pirata – es la vida mejor, pero eso de sin estudiar... Después del Plan Bolonia, después de sus ventajas e inconvenientes, los universitarios seguimos sufriendo de forma directa, por no decir a bocajarro, la situación económica. Antes de empezar con esta sutil crítica he de advertir que no es mi caso, que supero los 60 créditos necesarios para que me den la beca y que no creo que tenga problema en cursos posteriores, por lo que no es nada personal.

La convocatoria de becas universitarias aprobada el veinte de mayo de este año y que se aplicará en el próximo curso establece que: se aportará un incentivo de 150 euros a aquellos alumnos con buenos resultados académicos y un CASTIGO a aquellos que suspendan durante dos cursos una asignatura, es decir, que a la tercera va la vencida y pagas, aunque podrás conservar el resto de tu beca si apruebas el 80% de las asignaturas. El decreto concreta que los alumnos que gocen de beca –yo no lo llamaría gozar al privilegio de estudiar para poder sobrevivir en este mundo de mercados –deben matricularse (generalizando) en 60 créditos. Claro, todo esto con excepciones, como siempre: arquitectos e ingenieros en potencia deberán matricularse en un mínimo de entre 48 y 54 créditos. Los créditos. ¡Esos grandes desconocidos! –aproximadamente, en DADE esto supondría aprobar 9 de 10 asignaturas, en ingeniería química 8 de 10 y en arquitectura 7 de 10.

Para alguien que lo lea por encima resulta completamente justo: carreras más difíciles menos créditos. Pero, ¿por qué solo estas? ¿Nadie ha pensado en médicos, en directores y administradores de empresas, en el resto de los mortales que estudian una carrera considerada "sencillita", pero que a la vez se pasan 8 horas diarias en Carrefour trabajando? Porque esa es otra, aquí todo el mundo no puede ir a la universidad aunque vivamos en estado de bienestar. Un reportaje reciente de Gonzo –un ejemplo a seguir por mi parte –mostraba como en la barriada la Cañada Real, la mayoría de las madres pretendían que sus hijos estudiasen aunque estaban seguras de que no iban a poder comprarles un ordenador ni pagarles las clases particulares necesarias. Claro, es la Cañada Real ¡qué pretendes!. También, Gonzo entrevistó a varios estudiantes: uno de derecho, con padre abogado y madre funcionaria, reconocía que el no tenía beca porque no la necesitaba y se manifestaba totalmente de acuerdo con que si posees una mejor situación económica tendrás más éxito profesional. Otro estudiante de ingeniería –de padres arquitectos –reconocía que para sus padres no suponía ningún esfuerzo que el estudiase. Pero, hablemos ahora de esos futuros ingenieros –o estudiantes de cualquier otra cosa –que para sus padres SÍ que supone un esfuerzo que el o ella estudie y, que para echar más leña al fuego, tenga que hacerlo bajo la presión que supone que si no aprueba "bye bye" beca. Es cierto que algunos se tocan las narices, no lo discuto y por eso se merecen quedarse sin beca, pero hay otros que pese a estudiar, estudiar y luego volver a estudiar no logran los resultados que se merecen. Y a estos trabajadores natos, a la tercera convocatoria se les fastidia el invento y tienen que pagar... aunque claro, pueden conservar el resto de la beca si aprueban el 80%. ¡Facilísimo!

Tranquilos, no importa si tardáis en acabar la carrera, sin prisa pero sin pausa, seguramente estaréis esperando en las listas del paro a que una multinacional sin escrúpulos os contrate. Pero por favor, no olvidéis que los años de universidad –según dicen los sabios del baby boom y la movida madrileña –van a ser los mejores años de vuestra vida y, por qué no, al ritmo que avanza la cosa, la mejor década.

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