14 de octubre de 2011

A la Deriva

Si hay algo que odio es la incertidumbre. No saber qué hacer. Tener que elegir y que nada me convenza. Creía que era algo transitorio, que pasaba con la edad. Cuanto mayor, menos dudas. Ser mayor significa que lo que hasta ahora hacías con pena capital lo puedes seguir haciendo con una única diferencia: después del fin de semana el pecado prescribe. De lunes a viernes está permitido dudar y fastidiarlo todo, la solución: tequila, limón y sal. Y tal como veo la situación, el veintiuno de noviembre esta ardiente combinación no va a faltar gracias al maravilloso a la par que eficiente sistema democrático en el que vivimos. 
Me gustaría tener claro qué hacer con mi voto de chica mayor, pero no me lo permiten. No me permiten elegir a mi representante ya que no hay nadie que me pueda representar. Sí, formo parte de ese grupo raro, descontento y a la deriva que no quiere continuar en la situación actual pero al que la alternativa tampoco le convence. Siento ser tan exigente y no regalar mi voto a “las mascotas fáciles de adiestrar” de este elocuente bipartidismo, como explica Alejandro en Todo está inventado. Mejor venderlo que regalarlo, por lo menos hay beneficios de por medio. Aquí comienza la incertidumbre: ¿me decanto por la oposición para continuar con la alternancia de poder que caracteriza a España? ¿Dejo qué la obra de teatro actual continúe? ¿Me centro en partidos minoritarios por si a caso todos los que se encuentran en un dilema similar al mío hacen lo mismo? Tal vez, sería más conveniente elegir a una agencia de calificación para que llevase a cabo la ardua tarea de gobierno puesto que en última instancia nos manejan, así eliminaríamos intermediarios, ahorrando tiempo y dinero. O tal vez, preguntar a Angela Merkel qué tipo de jóvenes quiere que España le envíe además de los mejor formados; si los prefiere de izquierdas, de derechas, de centro o sordos, ciegos y mudos. Si el Plan B es vendernos, mejor decir lo que quiera la Merkel por eso de no morder la mano que te da de comer. Total, dentro de diez años y gracias a cantidades industriales de tequila, limón y sal puede que el delito prescriba.

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