3 de noviembre de 2011

El OTOÑO ÁRABE

Fue por estos mediocres días de otoño cuando Dylan sacaba a la luz una de sus obras más recordadas: "los tiempos están cambiando", repetía una y otra vez el bueno de Bob. Unos versos con casi ya medio siglo que narraban el sentimiento de lo que se estaba pasando y lo que se veía venir, una necesidad de estar alerta y preparado ante el paso del tiempo, la evolución, el cambio. El mismo Steve Jobs citó “The Times They Are a-Changing” al presentar el primer ordenador Macintosh allá en los ochenta y bien sabía este genio las andaduras que nos quedaban por recorrer y la importancia de adaptarse al momento ya no sólo en una carrera tecnológica que se actualiza cada día. Realidad abrumadora pero necesaria. Sin embargo, algunos se quedan rezagados hasta en lo más básico.
"Bien sabía este genio las andaduras que nos quedaban por recorrer y la importancia de adaptarse al momento"
Y es que en la histórica lucha entre desarrollo y tradición sucede que a veces se impone esta última, cuando se habla de volver definitivamente hacia atrás, aunque, a priori, se intentaba avanzar como los demás. En Libia así ha sido. Entre el champán y la ceniza de un país que recoge feliz los escombros de 42 años de represión dictatorial aparecen los primeros signos de un cambio de rumbo, pero sin timón. 

Quien pensara que la nueva Libia se pondría las pilas para sacar su vena más democrática se habrá frotado los ojos, y más de una vez. De repente, entra en escena el fanatismo islámico y los gobiernos europeos y la OTAN comienzan a extrañarse al darse cuenta de que la `sharia´, la ley islámica, será la fuente del derecho y
ninguna ley podrá contradecirla. 
"Entre el champán y la ceniza de un país que recoge feliz los escombros de 42 años de represión dictatorial"
Esto quiere decir que la mujer que desobedezca a su padre o a su marido podrá ser sancionada, se penalizará el consumo de alcohol y se perseguirá la homosexualidad entre otros descubrimientos. El país libio se pone a la altura de teocracias como las de Arabia Saudí o Pakistán y las esperanzas democráticas se marchitan como la primavera árabe. La escuadra occidental ha permitido que se pase de página hacia un futuro demasiado incierto y poco prometedor.

A un lado las igualdades, los derechos fundamentales pero las armas y la poligamia que no falten. Si hacemos cuentas podrán tocar a tres pistolas y cuatro mujeres por barba. Las rivalidades territoriales tampoco son problema para un Gobierno de Transición que asegura tolerancia y perdón entre vencedores y vencidos. De momento ya se han encontrado 76 cadáveres de fieles a Gadafi. Ojo por ojo y vacío político en una de las mayores reservas de petróleo y gas en el mundo.
"Si hacemos cuentas podrán tocar a tres pistolas y cuatro mujeres por barba".

 Así que la corrupción parece que se queda, algo tenían que heredar los rebeldes de la dictadura gadafista. No siempre llega la calma después de la tormenta y menos si aún quedan nubarrones. Quizás demasiado optimismo para una transición cuyos únicos tintes de progreso los han puesto los móviles, iPads y demás
instrumentos utilizados para filmar y difundir el cadáver mutilado del tirano.

A golpe de guitarra y armónica los tiempos están cambiando pero algunos siguen a los suyo y tan pronto gritan libertad como se escandalizan por lo que pueda
Fernando Cardenal Arenas

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