3 de noviembre de 2011

ESTÚPIDOS Y PUTEROS

Un monólogo de José Juan Vaquero señala que los hombres somos estúpidos y puteros. En lo referente a españoles, al menos acierta en la mitad. Y es que el 39% de los hombres españoles han consumido alguna vez la prostitución. Sí, un 39 %: cuatro de cada diez, o dos de cada cinco, como lo queramos ver. España es el país europeo donde más hombres han consumido esa profesión seguido de una Suiza que se encuentra en porcentajes cercanos al 19 %, la media mundial. Vamos, veinte puntos arriba. Los datos publicados en la guía sobre la trata de personas con fines de explotación sexual elaborada por la Asociación de Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituída (APRAMP) no son los primeros en valorar este trabajo. Según el 20 minutos, en 2007, ejercían en España 400.000 prostitutas y movían, su mayor parte en dinero
negro, 18.000 millones de euros. Aclaremos que en España la prostitución es legal pero no es un
trabajo legal fiscalmente hablando.
"Y es que el 39% de los hombres han consumido alguna vez la prostitución"
La prostitución es ante todo una degradación de una mujer que nunca debería querer o necesitar ponerse a cobrar por mantener relaciones sexuales. Pero prohibiéndolo solo conseguimos dos cosas: vulnerar los derechos de esas trabajadoras, y fomentar la práctica mafiosa e ilegal que consigue lucrarse a costa de la esclavitud de estas personas. Y es que en un mundo donde la oferta está tan ligada a la demanda, no conseguiremos fácilmente pasar del 39 % de españoles que dice haberlo probado al 0% en una generación. La explotación sexual es el pan de cada día de miles de mujeres. Las mafias obligan a mujeres a prostituirse para así crear un negociazo. La práctica es sencilla, buscamos mujeres pobres de países tercermundistas o que acaban de sufrir una guerra y las ofrecemos el viaje a España. Cuando llegan las encomendamos a un proxeneta que se encarga de extorsionarlas ante su situación ilegal y que sabe hacer dinero con esta empresa
como ninguno de nosotros podemos imaginar. Mientras tanto nosotros nos las cruzamos por la carretera y esquivamos la mirada para evitar chocar de frente con el problema social que esas personas tienen detrás.
"La explotación sexual es el pan de cada día de miles de mujeres. Las mafias obligan a las mujeres a prostituirse para así crear un negociazo"
Carlos III ya publicó en el siglo XVIII la honestidad de todas las profesiones manuales. Han pasado casi 250 años y seguimos sin legalizar las profesiones sexuales. Cuando este oficio se enmarque dentro de la legalidad fiscal, cuando las prostitutas coticen el IRPF, cuando el verdadero beneficiario de esto sea el Estado en vez de unas mafias conseguiremos que las prostitutas que ejercen por obligación dejen de degradarse. Y no son pocas, según el diario antes mentado, el 90%. Los beneficios serían varios: solo trabajarían personas por ‘vocación’- por muy dura que suene esa frase-, cotizarían a la Seguridad Social, tendrían derechos laborales como dice la Constitución- derecho a la baja laboral, a la huelga, al sindicato- y se dejaría sin trabajo a
explotadores y extorsionadores que ahora mismo deberían estar buscados por la justicia. Pero de momento podemos seguir escondiendo el problema. Guardando la mierda debajo de la alfombra. Ese juego de niños, cu-cu, tras-tras. A lo mejor somos más estúpidos de lo que pensábamos.

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