3 de noviembre de 2011

Una vez más se vuelve a demostrar que las palabras de esa Unión Europea tan poco unida se las lleva el viento y el escepticismo de la población hacia sus órdenes es cada día mayor. Tanto es así que el presidente griego, Papandreu, tras aceptar el día 27 un segundo rescate por un total de 13.000 millones de los fondos europeos más la liquidación de la mitad de su deuda a entidades privadas, afirmó que la solución de Bruselas supondría "una nueva época, una nueva era para Grecia". Qué lejanas resuenan esas palabras cuando cuatro días después ese mismo rescate parece que necesita ser aprobado por el pueblo mediante un referéndum. Esto, por supuesto, ha vuelto a hacer saltar las alarmas en toda Europa, la Bolsa se ha desplomado ante la posible quiebra, y ya se habla de la salida de Grecia del euro. 


Pero, ¿por qué se escándaliza tanto todo el mundo? ¿No se trata de esto la democracia? La verdad es que parece claro que ya no es como solía serlo, y ahora viene pautada paso a paso por las peticiones del mercado, y cuando tras una deriva que no hay por dónde cogerla y no parece que vaya a acabar, Papandreu habla de referéndum y todo el mundo se lleva las manos a la cabeza, olvidando que es el pueblo el único que debería tener el derecho de hipotecarse con un rescate u optar por dar por culo a Merkel, Sarkozy y compañía diciendo que no, o incluso por su salida del euro.
"La democracia ya no es como solía ser, y ahora viene pautada paso a paso por las peticiones del mercado".

Aún no se sabe la pregunta exacta que se hará en el referéndum, pero en un principio, los sondeos apuntan a que el 60% de los griegos son reacios a este rescate, puesto que están hartos de las medidas de ajuste que ha impuesto Bruselas, que han causado tantas huelgas generales y tantas batallas campales por sus subidas de impuestos, reducciones de salarios, y despidos de funcionarios. 

Pero un "NO" podría suponer la bancarrota del Estado, y el no poder hacer frente a los pagos de salarios y de la deuda. Francia calcula que las autoridades griegas se quedarán sin fondos como muy tarde en diciembre y lo usará para redoblar la presión sobre Papandreu, pero como ha dicho un diplomático francés "No podemos impedir que los griegos se suiciden".
"No podemos impedir que los griegos se suiciden"


Al final Papandreu se lava las manos y deja toda la responsabilidad a los propios griegos, que aunque no tienen la culpa de la crisis, como suele ocurrir en estos casos, tendrán que decidir entre echarse una soga al cuello que apriete o una que ahogue, pero al menos será lo que ellos hayan votado, y no lo que les haya ordenado la Bolsa, el FMI, los bancos o las agencias de calificación.

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