20 de diciembre de 2011

EL QUE NO ROBA ES PORQUE NO QUIERE

Entre políticos, empresarios y futbolistas transcurre el periplo, o eso dicen. Hartos todos de echar la culpa a los poderosos sobre el mal ajeno y el nuestro propio, exigimos responsabilidades al más allá. Se gastan nuestro dinero en trajes, coches y vacaciones en Honolulú y lo gritamos en el bar como si desde Moncloa nos fuesen a oir. "Y nosotros aquí explotados", o eso decimos.

Los clubs deportivos deben dinero hacienda, tú pagas y ellos no. Políticos en Mercedes y tú en un Linecar que recorre todos los pueblos de Tierra de Campos a 70km/h. Empresarios que despiden a sus trabajadores en Navidad para contratarlos en enero, puesto que les sale más rentable que pagarles las vacaciones. Te despiertas, pones la radio y desde las ocho de la mañana ya empiezas a quejarte. Y muy bien quejado.

Con el primer café del día te tomas la pastilla azul, que siempre es mejor prevenir que curar y total, con receta es gratis. Una vez en tu puesto de trabajo, en el que llevas más o menos una hora, te entra “la ansiedad”. Esa ansiedad que solo entendemos los fumadores y por la que serías capaz de matar a quien se interpusiese en tu camino por fumar. Ya en la calle, para aprovechar el viaje te vas a hacer unas compritas que son cinco minutos. Casi son las once y media, ¡el tiempo pasa volando cuando estás trabajando! 

Vuelves a tu mesa y en lo que entras en calor, Dieguito te llama por teléfono para contarte que Mafalda, la de la tercera planta, sí hombre, esta chica tan maja que siempre te saluda en el ascensor, está de baja. Tranquilo, nada grave, pidió el traslado a otra ciudad y como no le concedieron la plaza que pedía se ha puesto malísima. Según el justificante firmado por su amigo médico, tiene una grave depresión por estrés. Pobre. Que cobre la baja en lo que sale algo mejor. Ya por fin, decides ponerte a trabajar en serio en un informe que había que entregar la semana pasada y se están poniendo pesados, eso sí, a las dos con puntualidad británica te vas a buscar a los niños al colegio que lo primero es lo primero.

Por la tarde pides cita con el médico. No, nada de Seguridad Social, tú vas a la privada que los de la Seguridad Social son unos incompetentes, sin medios adecuados y con largas listas de espera. Claro, no disponen de última tecnológica médica porque estos chorizos del Gobierno se quedan con tu dinero. Pero bueno, por lo menos tienes las pastillas gratis para prevenir.

Sales de la magnífica consulta del doctor y mientras piensas lo bien que se lo “ha montado”, por la mañana en la pública y por la tarde en la privada (y sin declarar a hacienda prácticamente ni los mínimos) te replanteas si es rentable ser mileurista con lo mucho que trabajas.

En el telediario de por la noche más de lo mismo. Deuda pública, crisis, unos ricos y otros pobres. ¡Qué malvados! ¡Cómo nos roban! Te vas a la cama quejándote (vamos, como te has levantado) no sin antes tomarte la pastilla rosa. Sí verás, la pastilla rosa es para dormir, porque en estos tiempos de estafadores que vivimos ya no puede ni dormir uno tranquilo.

Y mientras duermes como un angelito y coges fuerzas para mañana poder trabajar tantísimo como hoy y seguir quejándote (mañana toca Urdangarín), como que no quiere la cosa, has robado a tu jefe que te paga horas laborales que no cumples, al sistema sanitario tomando medicamentos “gratis” sin enfermedad ninguna. La del tercero estafa al Estado con una falsa baja y tu médico privado también al no declarar a Hacienda su fortuna.

Mañana, antes de poner el grito en el cielo tachando a los funcionarios de caraduras porque se quejan de los recortes sin a penas trabajar, te recomiendo que pienses mejor lo que haces tú y los que te rodean. Que ni todos los funcionarios viven del cuento, ni todos los políticos son corruptos y aquí el que no roba es porque no quiere (o porque todavía queda alguien con moral en este mundo de locos).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

magnifico

Anónimo dijo...

Así que no hay ningún derecho a quejarse, no?

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