16 de enero de 2012

LAS LUCES Y SOMBRAS DE DON MANUEL

“Ha muerto Don Manuel”, según Público, este es el mensaje de correo que circuló anoche por los teléfonos móviles de los principales políticos. Don Manuel no es otro que Manuel Fraga Iribarne. Un hombre con luces y con sombras que desde 1951 siempre ha estado entre las voces más importantes de la política española.





Doctor en Derecho por la Complutense y Doctor en Ciencias Políticas y Económicas empezó su carrera política en pleno franquismo. Secretario General del Instituto de Cultura Hispánica, Secretario General del Consejo Nacional de Educación, Secretario General Técnico del Ministerio de Educación, Consejero Nacional del Movimiento, Director del Instituto de Estudios Políticos, Ministro de Información y Turismo, Ministro Plenipotenciario y embajador en Reino Unido. Fraga se convirtió en uno de los hombres fuertes de la dictadura y tras la muerte de Franco fue el segundo vicepresidente del gobierno de Arias Navarro.



“Uno no puede elegir el momento de la historia que le toca vivir”, dijo más de una vez. Fraga no eligió el momento que le toco vivir, pero demostró poder ser uno de esos políticos todoterreno, apto para todas las situaciones.

En 1966 elaboró la Ley de Prensa por que hoy es estudiada en todos los institutos. Conocida como la Ley Fraga Iribarne, esta ley colegiaba a los periodistas y aunque no suponía para nada el reconocimiento del Derecho a la Información, ni a la Libertad de Expresión, comparada con la ley hasta entonces vigente, la de 1938, supuso un gran avance.

Es por esos años, también, cuando, en bañador, junto al embajador americano se baño en la Playa de Palomares tras el accidente nuclear. Era el Ministro de Turismo cuando España empezaba a ser el destino favorito de los europeos en vacaciones, “Spain is different"; y cualquier cosa que llevara el apellido nuclear por aquellos tiempos, como ahora, no contaba con el visto bueno de los turistas.

Irascible, inteligente, culto y de derechas, tras la muerte de Franco no vio con buenos ojos la lucha por la democracia que emprendió Suárez. En una posición de “cambiar las cosas para que todo quede igual” creó Alianza Popular. Una vez celebradas las elecciones el número de votos que obtuvo le permitió introducirse de lleno en el proceso de redacción de la Constitución.



Durante la Transición, tras su postura inicial, no sólo se involucró en la Constitución, sino que hizo que su partido, lentamente, cambiara de posición hasta llegar a apoyar el nuevo régimen democrático. Alianza Popular es la base sobre la que se fundó el PP. Muestra de su nuevo posicionamiento es lo que siempre recordará el histórico líder comunista Santiago Carrillo: “Yo me quedaría con un hecho que creo que fue muy positivo y en el que él (Fraga) tomó ciertos riesgos políticos, que fue mi presentación en el club Siglo XXI en el año 78, cuando yo era todavía en esos círculos un hombre muy mal visto. Él tuvo el valor de enfrentarse con una serie de personas que incluso abandonaron el lugar en ese momento y de estar presente en mi conferencia y de presentarme con algunas palabras, lo que para él era cosa nada fácil. ”.


Crítico con el sistema autonómico en su formación, tras abandonar la política nacional, sin dejar de ser fundador y baluarte de su partido, se convirtió en el presidente de Galicia. Miembro del Senado defendió los derechos de las autonomías  con un ahínco que le llevó a enfrentarse a su partido.

Actos como el “¡A por ellos!” que blandió mientras cargaba contra unos alborotadores en un mitin; las firmas de condenas a muerte durante el Franquismo; la organización de campañas de represión; la justificación y encubrimiento del asesinato de Grimau llamándole “caballerete”;  o la también famosa frase: “La calle es mía” ante una manifestación el Primero de Mayo son ejemplos de las sombras que asolaron su figura y por las que nunca pidió perdón. En sus palabras y dando fe de su religiosidad: “Yo solo pido perdón ante Dios y mi confesor”.




Polémico, respetable, buen orador e incluso contradictorio tras una larga vida política, Fraga pasó sus últimos años en el Senado, tras perder en 2005 las elecciones autonómicas en Galicia. Mayor, ya no se le entendía cuando hablaba, no dejó su trabajo hasta el año pasado.

En 2007, al cumplir 85 años, fue nombrado presidente de la Mesa de Edad de la Cámara Alta. En su discurso tras ocupar este cargo señaló que quería ver con sus propios ojos la reforma del Senado. Los senadores ante estas palabras se rieron. Ahora que ya ha muerto deberían ponerse a trabajar en este asunto que él con sus luces y sombras alumbró, pero que no todos ven necesario, aunque ponga en riesgo el sistema democrático que Don Manuel, desde la oposición ayudó a forjar.

1 comentarios:

David Asta dijo...

Y radioactivo. Se os ha olvidado poner que era radioactivo.

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