27 de enero de 2012

QUÉ NOS PASA

¿Nos toman por gilipollas? Hace tiempo que me planteo esta pregunta, entre otras muchas. Pero sin duda ésta es la que más me escama. Creo la pregunta se responde sola, de forma meridiana y contundente (más tarde explicaré por qué) y en función de esta premisa la clase política dirige su actuación.


La pregunta me revuelve y me horroriza por el simple hecho de que yo no me considero gilipollas. Partiendo de ahí, cualquier actuación, de quien supuestamente me representa, que lleve implícita esta consideración, me ofende. Pero claro, aquí nos encontramos con el primer problema: la política en función de las mayorías.


Me explico. Los gobiernos en democracia se eligen a través del voto de la mayoría de los ciudadanos, entre los que habrá personas muy formadas que hayan ejercitado plenamente su derecho a la información y una gran mayoría de personas que se han dejado influenciar por la propaganda electoral y los líderes de opinión. No estoy diciendo que este hecho reste legitimidad a los gobiernos, pero sí que es cierto que su maniobra de actuación no puede ser siempre defendida con el argumento siguiente: “Hemos sido votados por la mayoría, por lo tanto, no puedes quejarte”. ¿Os suena, verdad?


Pues bien, este hecho entra en radical contradicción con la afirmación que os expongo: todas las sociedades avanzan gracias al impulso que suponen las minorías. Frente a la utopía de que todos seamos ciudadanos concienciados y pensemos de forma libre, tenemos otra realidad: una pequeña (cada vez más grande) porción de la sociedad permanentemente descontenta por el engaño al que nos somete diariamente la clase política y perfectamente informada de los desmanes, algunos criminales, que cometen.


Por lo tanto, la impotencia de este grupo es obvia y la estrategia de los que están por encima previsible: utilizar a los medios de comunicación para advertir a la población de que todo está bien, de que ellos son la solución y de que la minoría supone la desestabilización del sistema.


El miedo del ciudadano medio de que todo lo conocido se vaya al carajo –aun más- provoca que busque cobijo en las afirmaciones del gobernante, como un flotador al que se aferra un náufrago. Pero éstas no son más que palabras vacías. Placebos esperanzadores para quien busca en la fe una escapatoria a una realidad compleja que no comprende. Pero no, lo siento ciudadano/a. Las únicas montañas que mueve la fe son las de la imaginación; la situación requiere acciones y compromiso.


Y aquí es donde explico la afirmación del primer párrafo. Sí, nos toman por gilipollas. Son perfectamente conscientes de que el miedo domina nuestras vidas y nos impide tomar decisiones drásticas cuyo resultado no tenemos claro. Y, por qué no decirlo, quizá en parte tengan razón. Quieren que trabajemos sin cobrar, nos congelan el salario, nos repiten como loros que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades (para que paguemos sus despilfarros), permiten a los bancos emplear los créditos del BCE para comprar deuda a los países en lugar de abrir el flujo del crédito a las familias, desahuciarán a más de 500 000 familias de sus casas mientras hay casi 4 millones de casas vacías...


Y muchos seguís esperando que nos salven el culo. No pienso darles ni un segundo más de crebilidad a estos tipos. ¿Me tomáis el pelo? Si quereis que la clase política empiece a respetaros empezad por cumplir vuestros deberes. El primero es no votar a alguien que os ha mentido, os miente y os seguirá mientiendo. Esto no va de colores o de ideologías, va de principios básicos sobre los que ha de sostenerse una sociedad desarrollada y digna. Digna.


Han presentado una situación como inevitable y el ciudadano medio (fruto del miedo) se lo ha creído y ha aceptado una dieta concebida por los mismos que le provocaron la desnutrición. Parece un docudrama al que sólo le falta la música. Algo de Radiohead le vendría al pelo.


1 comentarios:

J.B. dijo...

Absolutamente gilipollas, macho... buen trabajo.
Y, dios, el Ok Computer es el mejor disco de la historia!

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