6 de febrero de 2012

ÉRASE UNA VEZ HACE UNOS DÍAS

Érase una vez que se era, hace mucho, mucho tiempo, en una tierra mitificada por el paso de los años y el olor rancio del odio que puebla las calles, hubo una dictadura que como todas las dictaduras contó con una represión. No hubo perdón ni “borrón y cuenta nueva”, el dictador, que como tal, tenía bigote, ordenó eliminar a todos aquellos que no le habían apoyado en la guerra, llamémoslo Ley de Responsabilidades Políticas (1939). ¿Os suena no?

Tras la mejora que supusieron los años 60 los españoles vivíamos mejor y en los 70 alcanzamos la libertad. Cuando murió Franco la dictadura dejó paso a una monarquía parlamentaria, con una transición de por medio.

Fue una transición ejemplar, según los expertos. Entre los atentados y asesinatos perpetrados por más de una banda terrorista, un nuevo gobierno reformista dirigido por Suárez legalizó los partidos políticos y promovió las elecciones libres en 1977.

Miembros del anterior régimen dictatorial, como Fraga, Juan Carlos I y el propio Suárez pactaron con nuevos políticos y otros más viejos que estuvieron condenados al exilio durante los 36 años de dictadura, con una idea clara: La democracia.

Por aquel entonces con la dictadura aún presente en los corazones y expedientes de todos, se llegó al acuerdo de no juzgar todos los crímenes contra la humanidad cometidos, empezando por la privación de la vida (Ley de Amnistía de 1977).

El tiempo ha pasado. Los políticos dicen que ahora contamos con una democracia sana, la gente de a pié, opina que corrupta, pero al menos podemos elegir bajo qué nombre y símbolo nos roban y hemos dejado de lucir ese águila bicéfala en el escudo de nuestra bandera. Ya no es “hace mucho, mucho tiempo…” sino que simplemente es “hace unos días…”.

Hace unos días  en pos de que en el panorama actual la dictadura ya es un recuerdo del pasado, un juez (amparado en la Ley de Memoria Histórica de 2007 que permitía la apertura de las fosas comunes) decidió investigar los crímenes que había cometido la dictadura para que las víctimas de la Ley de Responsabilidades Políticas fueran desenterradas y devueltas a sus familias. Es decir, decidió que había que investigar las fosas comunes abiertas durante el franquismo para determinar de quiénes eran los huesos que estaban allí y por qué estaban allí.

Varias organizaciones de extremaderecha (Manos Limpias, FE de las JONS y Libertad e Identidad) denunciaron  que las investigaciones llevadas a cabo por este juez, Garzón, rompían el principio de no retroactividad de las leyes y los acuerdos que permitieron nuestra transición (Ley de Amnistía de 1977). Se presenta entonces una querella por prevaricación (cuando un juez actúa en contra de la ley a sabiendas) en contra del juez, que basándose en las leyes internacionales había juzgado las dictaduras de Chile y Argentina. En Sudamérica sí, pero aquí nunca.

Los jueces admitieron la querella.  Garzón se apoyaba en la Doctrina Botín, si la denuncia no procede ni de la acusación particular ni de la fiscalía no existe proceso, para que no prosperara el caso, aunque ya se sabe que en este país los banqueros son banqueros y los demás somos lo que somos.

Presumimos de ser un país libre y democrático donde los poderes están separados, la justicia actúa con total independencia y hemos dejado en el pasado la dictadura de Franco. Sin embargo mientras todo aquel que descansa en una fosa lo haga y no se sepan más motivos que el paseo a la luz de la luna al que le invitó algún guardia civil; no seremos más que un pueblo guiado por la sangre que es impulsada por el odio que vacía nuestros corazones.

Es lamentable que en Estados Unidos se escandalicen porque MIA enseñó el dedo en la final de la Superbowl, pero más lamentable es que nosotros juzguemos a un juez por intentar recuperar la historia de todos aquellos que yacen en una fosa y por los que aún nosotros seguimos divididos, a causa de un régimen que dejó de existir hace treinta y siete años. Abrir una fosa no es jugar con muertos es saber quiénes somos, de dónde venimos y dónde acabaremos. España no es Sudamérica, pero no tiene por qué ser Yugoslavia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Discrepo en algunos puntos. El fin no justifica los medios. La ley está para cumplirla y más por aquellos que la tienen que aplicar.

Juan Carlos Castro Simón dijo...

Sin embargo cuando el tiempo pasa las leyes se ven obsoletas y por lo tanto, aunque no son contradichas por las leyes posteriores si llegan a chocar de una forma digamos que violenta. Hay es donde está la labor de un juez y si se ha pasado que se juzgue, pero hasta que punto se ha pasado, desenterrar unos huesos no tiene sentido si no se sabe por qué están ahí, los muertos no son dinosaurios a los que mirar por curiosidad.
Estoy de acuerdo en que la ley está para cumplirla y es mejor que haya una ley. Lo que pasa es que cuando una ley está obsoleta lo mejor es eliminarla. No podemos seguir sin juzgar los delitos cometidos en la Guerra Civil, ni en la dictadura, si no el afán de revanchismo seguirá y salpicará a unas generaciones que solo saben de Franco y la República por las clases de Historia.

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