24 de marzo de 2012

EL DEDO Y LA LUNA

Recuerdo aquel sabio que señalaba a la luna, y al hombre necio siempre se quedaba mirando el dedo. Tal vez eso nos pase cada vez que ocurre algo importante. Pues bien, al parecer, Sarkozy tenía razón. El asesino de Toulouse fue al final un islamista radical, así que, el presidente de la República podrá volver a su discurso xenófobo para arañar votos en la campaña electoral. Así es como opinan los franceses, y así se refleja en las encuestas, que dicen ahora que Sarko ganará la primera vuelta que tenía ganada el socialista Hollande (la segunda vuelta sí la ganaría Hollande). Pero, qué cosas tiene la política, siempre hay quien sale beneficiado y perjudicado con un atentado de última hora.



Cuando el asesino era algún militante de la extrema derecha racista, esos partidos tenían un problema, un problema muy gordo y había que retractarse de lo dicho, como hizo Sarkozy e incluso la ultraconservadora Marine Le Pen, que si tuviera que quitar la xenofobia de su política, se quedaría sin programa. Pero ahora que ha sido un moro, ya podemos volver a lo de antes: el presidente se ha portado como todo un señor, y además cuando hablaba de inmigración, estaba en lo cierto; y Le Pen no tendrá que sonrojarse ya más por esas cosas que dice, y hasta podrá decirlas más alto. Por qué no echarles las culpas de nuestra mierda a los que vienen de fuera. Desde luego, es mucho más fácil, y es como una vuelta a ese bonito espíritu de los años 30. Si echamos al de fuera, todo nos irá mejor, no habrá crisis, no habrá paro, no habrá corrupción, el euro subirá como la espuma y si te descuidas, hasta nos tocará la quiniela.



No, el problema de la xenofobia en los países europeos sigue siendo un problema. Más allá de casos aislados como el de Oslo, está ese sentimiento de descontento, de buscar un chivo expiatorio al que culpar. En todos los países europeos sube esta extrema derecha racista y populista. En Francia, el Frente Nacional es la tercera fuerza política e incluso llegó a ser la segunda. Pero no es el único. En Serbia y en Suiza, los ultraconservadores tienen el 30% de los votos, y en Finlandia, Hungría, Países Bajos y Austria casi llegan al 20%.



Tal vez sea como el hombre que se queda mirando el dedo que señala, en vez de mirar a la luna. Tal vez no nos damos cuenta de dónde están los problemas de verdad. No nos damos cuenta de dónde está la crisis, de quiénes tienen la culpa, y les decimos a los moros que se vuelvan a su país que aquí no hay sitio, cuando para lo que no hay sitio es para los que faltan al respeto, para los asesinos y los ladrones, da igual el país en el que hayan nacido.

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