20 de marzo de 2012

¿QUIÉN LA TIENE MÁS GRANDE?

Ha llegado la primavera. Los capullos de los árboles hacen su aparición, las flores se abren, huele deliciosamente, se ve más cerca el verano, parece que el Mariscal Invierno ha hecho las maletas y la sangre se nos altera, como bien dice el dicho popular.


Y los último coletazos de la anterior estación fueron semanas cálidas, con sol y campos secos. Y, no lo olvidemos, un revelador informe sobre el estado de la deuda de las autonomías con respecto al conjunto de la economía española. Millones por aquí, millones por allá, son unos datos tan escandalosos que es desalentador escribirlos en un artículo.
Mal que bien, todos sabemos que estamos sumidos en el fango hasta las rodillas. Los catalanes o andaluces tendrán que empezar a guardar bien escondidos sus ahorros bajo la cama o en el calcetín, pues es realmente preocupante el endeudamiento de dichas Comunidades Autónomas, que no tardarán en poner la soga al cuello de las alcaldías.


La consecuencia inminente de que la deuda haya rebasado el umbral de lo cuasiobsceno es que se comiencen a implantar medidas impopulares como el copago sanitario, cobrando 1€ por cada receta médica. Quizá no sea mucho, pero es la primera de una larga ristra de acciones paliativas.
Las autonomías han estado despilfarrando en temas de hucha, para ver quién la tiene más grande, haciendo alarde de sus gastos, como monumentos caros, campos de golf en el desierto, pistas de esquí en la Meseta, pabellones, centros cívicos, destinando recursos a ayuntamientos que en verdad no los necesitaban y los han gastado en cosas futiles. Y ahora que llegan vacas flacas, la mano se sumerge en el saco y solo encuentra telarañas, botones y una estambita de San Bernabé.
Infraestructuras sin concluir, bibliotecas sin luz, pueblos como Toro, en Zamora, poseedores de 31 millones de euros de deuda. Concesiones de derechos de obra a familiares, amiguísimos o conocidos del cuñao se han llevado millones de nuestros euros, el dinero del ciduadano, que ahora tiene que sacar fuerzas de flaqueza y afrontar el legado de sus ayuntamientos.


Mientras los alcaldes y los hombres de traje conducen una berlina de lujo la economía española se conforma con un tractor, verde, sin el freno de mano. Ni el más pintado se salva de vivir en un municipio con deudas, en mayor o menor medida astronómicas, con más ceros que en las notas de un gitano en sus informes.
Quizá me equivoque. El municipio de Torrelodones, gobernado bajo una cooperativa de personas hartas de los desfalcos de gobiernos anteriores ha presentado unos resultados de superávit, marcado por el sistema de gastar lo que se tiene y dejar una parte a un lado por si algo va mal. ¿Debe asumir más poder el ciudadano?

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