10 de abril de 2012

BÁCULO, MITRA Y UNA LENGUA MUY LARGA

Es posible que la Iglesia esté atravesando actualmente uno de los momentos más duros de su historia. Según los más mayores del lugar la juventud está olvidando la Iglesia, no rezan, su conducta es inapropiada y no respetan los diez Mandamientos.






Para justificarlo acusan directamente a la televisión, la modernidad, las ideologías de hoy en día y una educación inadecuada. La juventud es vaga y está condenada a vagar por los infiernos si mantiene esta actitud.

De nuevo se responsabiliza a los no creyentes de ser poco menos que enviados de Satanás. La fe católica se ha dejado de lado y esto no puede consentirse en pleno s.XXI, donde el cristianismo debe ser el bastón en el que se apoye la sociedad.

La estrategia a seguir es ver paja en ojo ajeno y no ver viga en el suyo propio. La Iglesia no asume que su imagen está devaluándose cada día más y que en las nuevas generaciones el porcentaje de creyentes es realmente escaso con respecto a otras épocas.



 Pero quizá el porqué de esta pérdida de fe no esté en los medios de comunicación, la educación recibida o la retirada de crucifijos de las aulas. Las acciones positivas de la institución católica, como las ayudas a los menos favorecidos, son empañadas por otros hechos inadmisibles, y menos aún en pleno s.XXI.

El pasado Viernes Santo La 2 de Televisión Española retransmitía en directo el oficio, a cargo del obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla. Este, ni corto ni perezoso, realizó un discurso en el que todo lo que no está relacionado con los postulados del Señor fue duramente criticado. Afirmó que la homosexualidad estaba asociada con la prostitución y con determinadas ideologías que ''corrompen a las personas'', entre otras lindezas.

 La Iglesia de nuevo echa balones fuera y afirma que ''es una sola persona'' la que ensombrece. Pero la suma de una persona más otras personas hacen un cúmulo de acciones inadmisibles, que provocan la pérdida de fe en la Iglesia, tanto como institución como vehículo de salvación.



Escándalos de corrupción, discursos antiabortistas en los que se muestra una visión caduca y anticuada, no son pocos los hechos que inducen a la duda. A ello se añade la desgraciada aparición de noticias que vinculan sotanas con niños pequeños y oscuros confesionarios.

La Iglesia católica ha vuelto a adentrarse en terreno pantanoso, con declaraciones fuera de lugar y alejadas del sentido común. La sociedad no es ajena a ello y toma nota. Ese es el motivo que marca el rechazo hacia la religión, y no ver La Sexta o leer El País.

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