26 de abril de 2012

CONTRA LA LLUVIA Y LOS RECORTES

“Por la educación hay que mojarse”, gritó una de las más de doscientas personas que se dieron cita en la manifestación contra los recortes en educación anunciados la semana pasada por el Gobierno. Ataviados con pancartas, banderas y, sobre todo, paraguas los manifestantes cruzaban el Puente Isabel la Católica. La lluvia arreciaba, como lo había hecho a lo largo de toda la protesta, que partió de la Plaza de la Universidad, media hora después de lo previsto, a las 8 y media.



Los nuevos presupuestos generales suponen un recorte del 20% en educación, 600 millones de euros. Las tasas universitarias suben y si hasta ahora el estudiante abonaba un 25% de la matricula ahora pagará la mitad de la misma. Además, el ministro de Educación ha anunciado una nueva Universidad donde haya más estudiantes por clase  y se reduzca la oferta educativa de las Universidades concentrando las carreras con menos de 40 alumnos.



Un muñeco con la cara de Wert y ahorcado recibía a los manifestantes que, con retraso, empezaban a llegar a los pies de la estatua de Miguel de Cervantes. A la misma hora jugaba el Real Madrid contra el Bayern y la Plaza se encontraba rodeada por un coche y un furgón de policía. Antes de que la marcha empezara dos municipales se acercaron a un par de manifestantes y tras pedirlas los datos las pidieron que les indicaran el recorrido de la marcha.



“Manos arriba, que viene la UVA” se oyó durante toda la protesta . La gente se protegía como podía de la lluvia: paraguas, pancartas, las cornisas de los edificios. Cualquier lugar era válido, pero a la altura de los Cines Roxy más de uno se quejaba de estar “empapado”.



Tras rodear la Cúpula del Milenio la protesta se dirigió a la sede de la Delegación del Gobierno. Ante tres furgones de policía y un grupo de antidisturbios se leyó para los manifestantes un discurso en contra de todos los recortes y en los que se tenía muy en cuenta también a los profesores presentes en la manifestación, aunque en menor proporción que estudiantes.



Con la lluvia aún arreciando, tras algún que otro cántico contra los policías presentes y el ya casi tradicional: “Qué casualidad que el hijo del obrero no puede estudiar” los manifestantes  se dispersaron. “Y ahora a casa que hace malo”, se despidió el representante de los estudiantes encargado de leer el discurso.






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