13 de abril de 2012

LA RESIGNACIÓN DEL PEZ

Los políticos no escuchan y ya casi nadie les escucha porque se han cansado de oír sus mentiras. La población enfurecida y gritando a los cuatro vientos su desconfianza hace casi un año solo ha concienciado aún a más gente de que la solución a nuestra crisis social no pasa por el sistema político actual, pero luego ante el inmovilismo, lentamente se ha ido retirando a sus casas.



Es como la historia del pez que se golpea contra la pared de la pecera para intentar escapar hasta que lo deja por imposible y resignado se ciñe a su papel de comer malolientes hojitas de colores y contar los segundos con su boca. Es decir, después de la orgía de gritos y protestas que sirvan para demostrar las pocas preocupaciones sociales de los políticos – solo se molestarán en intentar captar votos entre los que les critican –, la población aún enfurecida pero resignada se afanará en poner buena cara con los pantalones por las rodillas y una sucia corbata acariciándoles la mejilla. Parece que esta situación es la que se daría con el 15M, después de que cambiara a la sociedad y se mostrara inútil al intentar cambiar la política.

Sin embargo, en una noticia de esta semana, Interior asegura que en el nuevo Código Penal se castigará la convocatoria por redes sociales de actos que alteren gravemente el orden público, a la vez se considerará la famosa resistencia pacífica de los indignados como un atentado contra la autoridad. Se esgrimía como argumento y justificación de este nuevo punto en el código, los actos vandálicos producidos en manifestaciones como la de la última Huelga General en Barcelona.



Todos estamos de acuerdo en que los actos vandálicos en manifestaciones solo enturbian una protesta lícita, que hace más daño cuando alcanza un nivel de civismo que nunca llegarán a rozar aquellos contra los que se protesta. Sin embargo, no por individuos de esta ralea se pueden prohibir las protestas espontáneas como el 15M. La convocatoria de manifestaciones masivas por redes sociales es la forma de impulsar estos movimientos, que si en Egipto para poner un burka a todas las mujeres son correctos, en España a favor de una democracia más real y contra la corrupción pueden ser considerados atentados contra la autoridad.

Desde las pasadas elecciones la población resignada ya se había empezado a aflojar el cinturón y a bajarse el pantalón hasta las rodillas, pues de tanto repetirlo había obedecido al nuevo presidente y aceptaba las reformas. “¿Co-pago? Es necesario”. La crisis económica es más importante que la social. Los Sindicatos con una Huelga General no han conseguido nada más que dar una excusa al Gobierno para seguir con sus intenciones. Sin embargo, cuando se anunció esta nueva reforma (la del Código Penal) las críticas afloraron y el Ministro de Interior en RNE tuvo que aclarar que el nuevo código afectará a una “minoría” que se concierta para "de forma vandálica y con técnicas de guerrilla urbana producir daños sobre personas y bienes públicos y privados". 

La ley es la ley y está ahí para cumplirla, pero las leyes sólo son leyes si son justas. Las palabras que esgrime cada artículo de un código tienen que especificar en qué consiste cada delito y dejar abierto el paso a “actos que alteren gravemente el orden público” es un margen que puede ser malinterpretado y hacer que la justicia se convierta en una injusticia. Además, si se sanciona igual el atentado que la desobediencia, a lo mejor hay quién cansado de que le roben y que se le escape su sueño de conducir el coche X o dar unos estudios a sus hijos, le dé por atentar ya que supone lo mismo que quedarse sentado en una plaza.

Viñeta de Dafne Calvo

En un cuento de Jorge Bucai un niño pregunta por qué un elefante atado a una pequeña estaca  clavada en la tierra no se escapaba, pues tiene la fuerza suficiente. La respuesta la encontró el niño en el típico sabio de los cuentos: El elefante no escapa porque desde pequeño – cuando aún no tenía fuerza suficiente para huir– había  estado atado a esa estaca y había dado por imposible el sueño de la libertad ante la indestructible estaca. El elefante tiene buena memoria, pero no es tan racional como los humanos, así que cuidado que un día alguien se dará cuenta que nos sujetan con una pequeña estaca con señales notables de haber perdido una guerra contra la carcoma.

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