3 de abril de 2012

LOS AÑOS DE EXCESOS

Asomarse a la ventana del panorama nacional implica llevarse las manos a la cabeza. Casi 5 millones de parados, recortes que asustan al más osado, nulas perspectivas de progreso, millonadas de deuda exterior, el yugo europeo o el desempleo juvenil son portada en los diarios españoles.


Desde que comenzara la crisis, allá por 2008, España ha vivido cómo se formaba una bola de nieve cada vez más extensa que no ha tardado en rodar abajo de la montaña y extender su capa de hielo sobre la economía patria.

Lo que ha de quedar claro es que fue una crisis que ha afectado a todas las principales potencias económicas, sin distinción, si bien con distintos resultados. Estados Unidos, Alemania, Inglaterra o Francia, estas naciones también padecieron la grave recesión económica y, poco a poco, están mejorando su economía.

Por contra, el estado financiero español no deja de dar malas noticias. A año 2012, nos encontramos con un receso esperado en el PIB del 1,7% aproximadamente. Y esto contrasta claramente con los resultados de los vecinos europeos, que salvo Italia o Grecia, consiguen avanzar con éxito y salir de la crisis.



Grecia e Italia se encuentran como España, pero centrémonos en el asunto nacional. La sociedad ha sido sorprendida por una crisis que trae de la mano paro, aumentos de IVA, reformas laborales y recortes de todo tipo. Con el susto en el cuerpo no paran de producirse críticas para el actuar gobierno y su socialista predecesor, gobernantes en estos tiempos de crisis.

Pero no tiene sentido responsabilizar, directamente, a los gobiernos españoles desde 2008. España es caldo de cultivo de una serie de factores que hacían prever que en caso de receso económico, seríamos los más afectados y nuestra situación podría verse muy afectada.

Los bancos jugaban a Robin Hood, no paraban de conceder unas hipotecas y unos préstamos para artículos futiles que la sociedad no necesitaba. El sector inmobiliario comenzó a dispararse, salían casas hasta de debajo de las piedras. Los ayuntamientos luchaban por hacer más cosas que el vecino, y eso conlleva un endeudamiento y el posterior interés a la hora de devolver la cantidad.



El español vivía por encima de sus posibilidades, estimaba que su empleo en el sector servicios le otorgaba los bastantes recursos como para vivir tranquilamente. El ahorro no entraba en los planes económicos de los hogares con menos ingresos.

España va bien se convirtió en España va a crecer, y de ahí comenzó a decaer el optimismo de la demagogia política. Los brotes verdes sustituyeron a una crisis que no era crisi, sino desaceleración. Y cuando nos quisimos dar cuenta, nuestra prima de riesgo alcanzaba niveles históricos, Europa nos acosaba con la deuda, llegaron los desahucios y los recortes. Y mientras tanto, el INEM se cobraba miles de víctimas cada día.



Todo parece indicar que la situación española necesita aún unos años para remontar el vuelo y que, mientras tanto, seguiremos intentando vivir como deseamos pero acoplándonos a la realidad que nos corresponde.

Por eso la importancia de no responsabilizar, insisto en directamente, al gobierno de turno de ZP y de MR. Ellos no lo han desencadenado, si bien podemos acusarlos de acrecentarlo. El problema estaba en la herencia recibida por parte de un país que se niega a aceptar que el mundo no es de color de rosa.

Porque España va bien.

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