24 de abril de 2012

UN TRATO PREFERENCIAL

No es muy raro en este país escuchar los desvaríos xenófobos de los líderes espirituales de la Iglesia Católica en contra de colectivos respetados por una sociedad del siglo XXI. Una mención especial nos merece el discurso incoherente e inapropiado que el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, impartió en la homilía televisada del Viernes Santo, donde relacionó a los homosexuales con la corrupción y la prostitución. Es por esto que la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) presentaron una denuncia ante la Fiscalía Madrid.


Ahora conocemos que dicha denuncia jamás llegará a prosperar, al igual que la moción que fue presentada en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares para cesar al obispo de sus funciones. Y que fue echad atrás por los votos del Partido Popular.

Esto nos recuerda a otro caso reciente, del que todos los medios se hicieron eco y que el sector más derechista, que ahora ha defendido a Reig Pla, no tardó en abalanzarse sobre él y generalizar en su día. Se trata del Imán de Terrasa, Abdeslam Laaroussi, que fue acusado por el Guvern a instancia del Institut Català de les Dones (ICD) por incitación a la violencia y la discriminación contra las mujeres en sus sermones. Por este motivo el Imán fue procesado y tuvo que compadecer ante la justicia catalana.

Pero, ¿por qué motivo la denuncia contra el Imán de Terrasa prosperó y por el contrario la del Obispo de Alcalá de Henares fue desestimada? El Estado se define como laico y aconfesional en nuestra Constitución, aunque también es cierto, que se cita un respeto preferencial hacia la Iglesia Católica por su importancia en la historia de España, pero, ¿incluye ese trato preferencial una sobreprotección jurídica ante la ley?



Es obvio que ambos discursos son retrógrados e impropios de una sociedad española del siglo XXI, pero ¿hay algo más anacrónico que las instituciones religiosas? Porque cuando alguien tan respetado como un Obispo suelta perlas como “La homosexualidad puede ser resuelta positivamente con terapias apropiadas, especialmente si la práctica de actos homosexuales no se ha enraizado”, algo falla.

Uno ya empieza a plantearse el verdadero sentido político que estás grandes e importantísimas instituciones ejercen sobre una sociedad laica y sobre sus verdaderas competencias en un Estado aconfesional. La sociedad española no puede tolerar semejantes actos de discriminación y menos por parte de instituciones, que justamente fueron creadas cientos y cientos de años atrás para justamente lo contrario. Más les valdría a algunos mirar de donde vienen, para así poder saber a dónde van.

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