9 de mayo de 2012

EL CORRALITO ESPAÑOL


“¡Quiero mi dinero!, ¡Quiero mi dinero! Se lo vuelvo a repetir: ¡¡¡Quiero mi dinero!!!”, un hombre con frac y ataviado con unos carteles protestaba en una información de la Sexta Columna, de fondo una señora mayor repetía entre lágrimas de impotencia: “¡¡¡Ladrones!!! ¡¡¡Ladrones!!!”. Al igual que más de un millón de españoles se sienten estafados y no por un cualquiera sino por uno que se defiende con la ley.


Desde 1999 hasta 2011, bancos y cajas de ahorro consiguieron que se invirtieran  30. 000 millones de euros en participaciones preferentes.  Aunando los conceptos de renta fija y acciones, los bancos y cajas ofertaban a sus clientes este producto. Se compra, y mientras el banco tuviera ganancias, anualmente se recibiría un cupón de un valor previamente acordado con la entidad financiera. En tiempos de bonanza es un producto altamente rentable, se recibían unos intereses de un 7 ó 8% el primer año.

El problema es que estas participaciones estaban ligadas a los resultados económicos del banco, si hay pérdidas no se recibe nada, y para más inri es un producto a perpetuidad que no tiene ninguna protección en caso de que la entidad emisora quiebre. Con la crisis muchos de aquellos que habían invertido sus ahorros dejaron de percibir esos intereses tan elevados y decidieron retirar su dinero.

La devolución del dinero invertido en las participaciones preferentes es una cuestión que solo puede decidir la entidad financiera. Los propietarios vieron entonces, que habían firmado un contrato por el que hasta, en el mejor de los casos, el año 3. 000 (en el peor 9. 999) no podrían recuperar su inversión. Esta situación hizo que más de uno se sintiera como si en pleno siglo XXI y en un país de la UE se hubiera permitido y legitimizado un  corralito.



Reguladas por el artículo 7 de la Ley 13/1985, los bancos, antes de la crisis y hasta que la Comisión  Nacional de Mercados de Valores obligó ajustar el valor de las participaciones preferentes, el cliente que quería deshacerse de ellas acudía al banco para que se las vendiera en un mercado secundario al mismo precio que se habían comprado con anterioridad. Las participaciones preferentes se vendían a un valor hinchado, pero el cliente recuperaba su inversión.

Con el reajuste de los precios de los productos financieros, la única forma de deshacerse de las participaciones preferentes fue venderlas por cuenta propia en un mercado secundario (Mercado AUAF, Mercado Mayorista de Renta Fija Privada) donde, tal y como denuncia la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios): “No sería extraño venderlas con pérdidas”. Normalmente en el Mercado AUAF se están vendiendo acciones preferentes a un valor de entre el 30 y el 60% de la inversión original.

Muchos de los afectados por las acciones preferentes han intentado denunciar a la entidad financiera que les vendió ese producto, pero en la mayoría de contratos, sobre todo los posteriores a 2007, se especifica claramente el carácter a perpetuidad de las participaciones. En ese caso, la denuncia solo podría progresar si se demostrara mala praxis del director de oficina a la hora de la venta. Esto parece ser un hecho en muchos de los casos, ya que una gran parte de los afectados son personas mayores de un perfil ahorrador y conservador que de conocer bien las condiciones del producto que iban a comprar nunca hubieran invertido en él. “Me deje asesorar por el director. Me dijo que las tenía hasta su madre” denuncia María Pérez, una de las afectadas, en el País.



Tú tienes tu dinero en un banco y un día decides retirarlo. Tras una conversación con el director de tu oficina, este con una mueca de fastidio y buscando empatía te dice: “Lo siento, no se lo podemos devolver”. Tú, entonces replicas y recriminas al director que cuando te animó a comprar las participaciones te dijo que podrías deshacerte de ellas cuando quisieras. Utilizando de nuevo el mismo tono, que busca hacerte pensar, que sabe lo que sientes en ese momento, al verte engañado, entonces se descubre: “Lo siento pero el Banco de España no lo permite, lo único que podemos hacer es convertir sus participaciones preferentes en acciones, bonos convertibles en acciones obligatoriamente y bonos a largo plazo”.

Con la crisis la Autoridad Bancaria Europea ha endurecido los criterios por los que califican a los bancos. Hasta ahora la participación preferente computaba como un fondo propio y obligatorio para el banco lo que hacía que su solvencia aumentara. A partir de 2013 con los nuevos criterios las entidades bancarias necesitan tener un 9% del capital calificado como de alta calidad, las preferentes no entran en este grupo, las acciones, sí.

Empezó el Banco Santander y después le siguieron los demás, aunque el perfil de los inversores en acciones preferentes es conservador se están cambiando por acciones. El cliente enfadado porque se siente engañado con este producto puede recuperar su dinero, si es capaz de moverse en el impredecible mundo de la Bolsa. El banco recupera solvencia y su único castigo es la posibilidad de una pequeña bajada en el valor de las acciones si los dueños de las preferentes venden en estampida.


1 comentarios:

Vicen dijo...

Currele. Plas plas plas.

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