27 de septiembre de 2012

LOS MAYAS TENÍAN RAZÓN

Lucía G. Carretero. 


El fin del Mundo llegará en dos mil doce, año bisiesto. Algunos escépticos, y si algo saben los periodistas es cómo lidiar con el fiero escepticismo veinticuatro horas los siete días de la semana, reían a carcajadas. Pocas desgracias más podrían ocurrir cuando sobrevives en una crisis multiplataforma.

Pero poco espacio para el optimismo han dejado esta crisis multiplataforma y el cambio de Gobierno a los viejos soñadores. Los descendientes de aquel periodismo liberal que George Orwell definía como “publicar todo aquello que alguien no quiere que publiques” –puesto que todo lo demás sería abogar por la imaginativa tarea de las relaciones públicas– poco pueden hacer ante una censura estratégica y premeditada que solo deja espacio para una información paupérrima y segmentada. Los contenidos incómodos ya no pueden escaparse de las garras de un poder autoritario que ejerce de opresor.



Y falsamente consolidada, existe la creencia de que las víctimas de cada cuatro años –cada ocho con un poco de suerte y una campaña política adecuada– son los periodistas. Y discúlpenme la osadía, pero trabajar en la frustración para un periodista puede resultar más sencillo que vivir en la ignorancia o en la desinformación para un ciudadano. Al fin y al cabo, si el periodista trabajador del Ente Público goza de fortuna, podrá seguir cobrando aunque sea por un trabajo moral y deontológicamente mal hecho. Por el contrario, el pobre ciudadano deberá resistir en un mundo de hienas mal informadas gracias a las decisiones, cuestionables, tomadas por González-Echenique y superiores.



El maligno juego de audiencias había permitido, en los últimos años, que la radio y la televisión públicas quedasen parcialmente al margen –más en contenido que en forma– de la manipulación informativa. Hacía cuatro años que la presión de superiores se había distendido notablemente dejando respirar al periodista y al espectador en TVE. Y así lo aseguraba en febrero la que fuese directora de Informe Semanal –Alicia Gómez Montano– y evidentemente destituida con el cambio de Gobierno. Y es así como el Informe Semanal del pasado sábado idolatraba a Esperanza Aguirre. Y es así como Pepa Bueno, cara visible del telediario, ha dejado su silla y el teleprompter para formar parte cada mañana de las noticias radiofónicas de la Ser, o como a Ana Pastor…



Probablemente los Mayas no estuviesen desencaminados. Ni todos aquellos que aseguran que, en los años bisiestos, la suerte desaparece en vez de multiplicarse solo veinticuatro horas. O puede, que lo único cierto y más allá de habladurías y juegos de azar, es que quien tenga la información disfruta del poder. Y aunque hace tiempo los periodistas aprendieran que la información pertenece al público y no a quién la elabora, haya algunos que todavía no lo entiendan. Tendremos que explicárselo.

0 comentarios:

Publicar un comentario