27 de octubre de 2012

EL GRAN NEGOCIO DE LA CULTURA


Adrian Arias Marcos

¿Cuánto dinero vale un poema, un bonito retrato, una dulce sinfonía o esa catarsis emocional que sentimos al ver una gran película y que nos hace profundamente humanos? ¿Cuánto dinero cuesta los sueños, la preciosidad, la perfección? ¿Cuánto dinero cuesta que te pongan la piel de gallina o que te hagan esbozar una sonrisa?



Es terriblemente humana la necesidad de ponerle un precio a todo, incluso a lo que nunca debería de tenerlo.  El etiquetarlo todo bajo un precio nos hace débiles y nos disgrega como personas. Hace que el arte se convierta en un simple negocio.  Hace que el arte pueda ser poseído e intercambiado, vendido y robado, guardado o silenciado. En definitiva, el poner un precio a la cultura lo desposee de su carácter divino.

La cultura no interesa y menos a unos mandatarios que únicamente van al teatro o a un auditorio a descorrer la cortinilla de su inauguración. Y no es por qué el sector no genere dinero.  Entonces, ¿por qué los países no invierten en cultura?

Por ejemplo, en el año 2005, la cultura musical vendió cerca de 3 mil millones de unidades por un total de 31 mil millones de dólares (unos 24 mil millones de Euros) en un mercado dominado por Estados Unidos, con casi un 40 % de las ventas mundiales, seguido de Europa con cerca de un 35%. Estas cifras hablan por si solas. El 75% de del dinero de la cultura musical se genera y distribuye en América y Europa (18 mil millones) y en Europa en concreto un total de 8 mil millones y medio de Euros.  Estos datos hacen replantearse si no invertir en cultura es cavarte tu propia fosa.

Pero la industria musical no es la única con unos números tan estratosféricos. La industria editorial y cinematográfica no se queda atrás. Esta última hizo facturar más de 15 mil millones de dólares a Estados Unidos.

Sin duda, una de las principales armas económicas y sociales de Norte América es su cine. Algo que se debería explotar más en Europa. En cuanto a las  exportaciones mundiales de libros se estimaron, en el 2002, en un monto de 10.835,0 millones de dólares, es decir, una quinta parte del total mundial de exportaciones de bienes culturales de base (UNESCO, 2005). La mayor exportadora fue Europa, con 6.598,6 millones de dólares, seguida por América del Norte, con 2.317,4 y Asia, con 1.489,2 millones de dólares.

Aquí un cuadro con los principales exportadores de la industria editorial:

Fuente:  Industrias Culturales, Creatividad y Desarrollo (Germán Rey, Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo).


Está claro que algo falla, y no es otra cosa que el mundo y nuestro gobierno (no el actual si no el que siempre ha estado) no sabe valorar a sus artistas.  Hay que proteger y saber reconocer los méritos de nuestros autores y artistas, y en una sociedad que lamentablemente ha hecho del dinero su bien más preciado, pues habrá que recompensarlos económicamente por su esfuerzo y dedicación. Y con esto no es que esté defendiendo la privatización de la cultura, que siempre lo ha estado y estará, pero pienso que menospreciar a la gente que en verdad puede cambiar el mundo es un insulto a la propia inteligencia. Y eso, sí que sería un acto estúpido por nuestra parte.

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