12 de octubre de 2012

¿FREEDOM FOR CATALONIA?


Estimado lector, si se le escapa un suspiro de incertidumbre durante la lectura, no vuelva a leerlo, no busque más información, ni trate de entender a columnistas de uno u otro bando, pues es incomprensible.

A oídos de todos han llegado noticias sobre la Diada y en boca de muchos continúan los alaridos de independencia. Las elecciones catalanas adelantadas por razones diversas e intereses varios y, según Mas, porque ha llegado la hora de que Cataluña ejerza el derecho a la autodeterminación. Derecho a la autodeterminación que no ha conseguido que en las próximas elecciones ERC, SI, Reagrupament y Democràcia Catalana formen coalición de independentistas.  



La politización de partidos de fútbol que han promocionado de Barça-Madrid a Cataluña contra España y España contra el Mundo. Salones de casas y barras de bares donde madridistas y culés ya no discuten sobre la liga nacional, sino que degüellan al contrario en el mismo tono que si se jugase un España-Francia, el odio incondicional al país vecino.
Con una innovación: la guerra “catalanaespañola” ya no diseña sus estrategias solo en el Parlament, la reacción independentista ha salido a la calle de forma masiva y no menos lícita que el resto de salidas callejeras que acontecen el panorama social político de los últimos tiempos. Independencia argumentada como única solución a un pueblo catalán que ha ayudado al proceso de modernización español y ha acogido a inmigrantes españoles padres de la rumba catalana. Solución para huir de la crisis del Estado español.
Aunque, quizá, de forma aventurada, cabe suponer que durante cinco siglos de vida común, los “españoles españoles”, es decir, aquellos que en caso de independizarnos les gustaría que fuese de España en su conjunto, no solo han sometido y esclavizado al pueblo catalán. Algo positivo tiene que haber. Dejen volar su imaginación.




Por otra parte, en caso de que se lograse la independencia, ¿qué pasaría? No piensen en un muro que divida las fronteras ni en policías armados en las aduanas puesto que la intención de Mas y de otros muchos catalanes es que Cataluña fuese un Estado nuevo en el seno de la Unión Europea. Y, claro está, cuando alguien plantea una modificación, sea del tipo que sea, al Presidente del Gobierno, lo primero que hace es consultarlo con Bruselas. Y Bruselas responde. Bruselas ya ha respondido que si esta parte de España se independizase tendría que presentar su solicitud de adhesión a la UE para formar parte. Y sería aceptada. O denegada.

Pero si en España no somos capaces de tener una única voz, en Bruselas no iba a ser diferente. Viviane  Rending, vicepresidenta de la Comisión y responsable de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía ha declarado que “la legislación internacional no dice nada que se le parezca”, es decir, no dice nada de que un nuevo Estado resultante de otro matriz deba abandonar los organismos internacionales si se declara independiente.


Y así comienza el otoño. Los independentistas más independentistas de lo que solían manifestar en las calles. Los políticos más independentistas y con más planteamientos, vacíos o no. Los españoles más españoles. Los del Barça más de Cataluña y los del Madrid más de España. Y mientras tanto, a los que les da igual llamarse españoles, catalanes o cualquier otra cosa expectantes para que ninguna política ni pacto fiscal les contamine los paseos por Les Rambles, las horchatas a orillas del Mediterráneo, ni las canciones de Serrat en català


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