28 de octubre de 2012

LA FIEBRE DEL ORO GASEOSO


Juan Carlos Castro 

A lo largo de la Historia e incluso Prehistoria el hombre ha pasado por diferentes épocas que se pueden definir por el material que se usaba. En este siglo mismo, empezamos con el carbón, le sucedió el petróleo y ahora cuando han salido  predicciones bastantes fiables que denuncian el agotamiento de los pozos petrolíferos en un futuro cercano, llega la Era del Gas Natural. Parece ser que el virus que provocó la fiebre del Oro Negro ha mutado y ahora  empieza a llamarse Fiebre del Oro Gaseoso.



España no es Rusia, ni Argelia, ni tiene enormes pozos de gas natural en su subsuelo. España tiene pizarra, una de las fuentes de las que se extrae lo que llamaremos gas no convencional, un gas igual al que importamos desde Argelia, pero que por encontrarse en los poros de rocas como la pizarra su extracción requiere de una tecnología más compleja.

En nuestro país varias empresas han solicitado hacer estudios para saber si la extracción de este gas, el no convencional, sería viable, lo que en términos burocráticos se llama “Permiso de Investigación de Hidrocarburos”. A Heritage Petroleum PLC se le concedió el permiso en 2008 para hacer su investigación en el área “Matallana” (La Pola de Gordón, Villamanín, Cármenes, Vegacervera, Matallana de Torío y La Robla), un área rectangular de 12611 hectáreas aprox. A la misma empresa, Heritage Petroleum PLC, se le acreditó en el mismo año otra zona de investigación, “Guardo” que afectaría a los términos municipales de Guardo, Velilla del Río Carrión, Mantinos, Boca de Huérgano y Valderrueda, “12612 hectáreas aprox.” cuantifica el BOCyL.

En octubre del año pasado, Patxi López, sonreía en Texas diciendo que había encontrado el futuro para el País Vasco. El 5 de mayo de este mismo año, la coalición PP/PSOE,  que apoyaba al Lendakari, cambiaba la Ley de Conservación de la Naturaleza para que se pudieran conceder los “Permisos de Investigación de Hidrocarburos” en los Montes de Álava. Aunque, el espacio se declarase Parque Natural en el futuro, algo más que probable, se podría seguir explotando el territorio y extrayendo su gas natural no convencional por la técnica del fracking.



El Gas Natural es un combustible fósil como el carbón y el petróleo, pero que emite un 25% menos de CO2  en su combustión, esto se debe a que tiene en su composición mucho más hidrógeno y metano. Un buen aliciente para promocionar este material como reclamo ecológico, aunque no se diga que el metano es un gas que potencia más que el CO2 el efecto invernadero. A esto se le suman los problemas que ocasiona la extracción del combustible por la técnica de la fractura hidráulica.

Fractura hidráulica o como muchos la conocen, por su nombre en inglés, “fracking” consiste en excavar un agujero en la tierra con una torre perforadora parecida a las que se ven en películas sobre pozos petrolíferos como Gigante o Pozos de Ambición. El objetivo es llegar a una capa de pizarra que puede estar hasta a      2500 m. bajo el suelo, posteriormente se introduce, en el agujero hecho, agua que debido a la presión volverá a salir a la superficie, eso sí con el gas disuelto en ella. Un proceso sencillo y sin aparentes problemas.



El día 5 de octubre, sin embargo, Ecologistas Palencia mandaron una carta a los ayuntamientos del norte de Palencia para que hicieran una moción sobre las investigaciones que en este campo se están llevando a cabo. El fracking ha sido prohibido en Francia y Bulgaria; para su realización en EEUU, único país donde se llevan a cabo explotaciones de este estilo, se estableció una bula sobre las leyes de salud ambiental (potabilidad del agua y no contaminación del aire con determinados productos) a las empresas extrajeran el gas. No son los únicos casos, y ante la presión Cantabria aprobó ayer un anteproyecto de ley para prohibir la explotación de sus reservas de gas natural no convencional mediante esta práctica, la semana pasada la Diputación de Valladolid declaró a la provincia “zona libre de fracturación hidráulica”.

La introducción del agua en el suelo, como comprobaron los romanos en explotaciones como las médulas provoca pequeños seísmos, pero ese no es el principal inconveniente del fracking.  En el agua que se introduce en los pozos hay arena, para que no se cierren las fracturas provocadas, congelantes y ácidos, que ayudan a disolver la roca y a que el gas natural se congele y pueda ser transportado por el agua, y biocidas.  El nombre de los productos químicos utilizados, forman parte de un secreto industrial, aunque algunos de ellos sean peligrosos para la vida.

 El total de agentes químicos que contiene el agua que se introduce, según el documental nominado al Óscar Gasland, es de 596 productos que constituirían el 0, 01% del fluido, La exposición o consumo continuado a alguno de esos productos, que van desde el conocido ácido clorhídrico o el benceno a nombres impronunciables, puede provocar entre otras cosas: cáncer, malformación en fetos, anomalías de la médula ósea o hemoliosis, pérdida de glóbulos rojos.



Para extraer gas natural por fractura hidráulica se necesitan entre 9 000 y 29 000 metros cúbicos de agua, solo el 50% del agua vuelve a la superficie terrestre con el gas no convencional disuelto. Una explotación de este tipo, además necesitaría como mínimo 6 pozos útiles, funcionando a la vez para ser rentable. ¿Qué pasa con los 9 000 metros cúbicos de agua, multiplicados por 6 pozos útiles y divididos entre dos, que se quedan en el interior de la tierra? Acaban acumulándose en acuíferos que dejan de ser útiles para cualquier uso dada la cantidad de productos químicos y tóxicos que contienen.

El agua que sale a la superficie, posteriormente, es tratada para extraerla el gas natural, una vez hecho el proceso en el que se desprende a la atmósfera una gran cantidad de metano, queda un fluido con agua, un poco de arena y restos de componentes químicos muchos de ellos tóxicos y otros tan saludables como el ácido cítrico. En este punto, hay tres formas de deshacerse de todo el líquido que ya no es útil: acumularlo en un estanque que teóricamente debe estar aislado para evitar que el agua tóxica se filtre a algún acuífero; tratarlo para separar los compuestos, lo que resulta un gasto considerable; o pulverizar el agua y lanzarla a la atmósfera  que es lo que han hecho varias empresas americanas apoyados por esa bula que tienen sobre las leyes de calidad ambiental.

La contaminación de los acuíferos es algo inevitable, aunque tal y como defienden las compañías extractoras, en un juicio no es demostrable que esta contaminación sea por su culpa, en parte porque ellas no están obligadas a decir los elementos químicos que utilizan para hacer el fluido con el que extraen el gas. Sin embargo, se han dado casos de algunas compañías que para evitar escándalos han llegado a un acuerdo de confidencialidad con los vecinos de las localidades afectadas por fracking, la solución que proponen en muchos casos es instalar en las casas lindantes con la explotación filtros para el agua, que a veces víctimas de los productos químicos de la mezcla han acabado corroídos. Es esa tierra donde el agua del grifo se ha mezclado con el gas natural y con un mechero puedes prender lo que hace un minuto tenías intención de beber.



Como hemos visto en muchos sitios el fracking se ha llegado a prohibir por considerarlo una técnica peligrosa para la Salud y el Medio Ambiente. Ahora bien, muchos de los pueblos que pueden verse afectados por esta actividad se niegan a establecer una moratoria sobre los Permisos de Investigación de Hidrocarburos concedidos desde 2008 y que no tienen una fecha de caducidad. Se sabe que el fracking puede acabar con la calidad de vida de su comarca, pero el establecimiento de una explotación de este estilo daría el empleo que se necesita en esas zonas rurales, muchas de ellas abandonadas desde que el carbón entró en crisis.

Si se decidieran explotar todas las zonas sobre las que pesa un Permiso de Investigación, el 40% de la provincia de Palencia acabaría lleno de pequeños pozos al estilo de Texas. E incluso, con suerte, esta pequeña provincia podría convertirse en Forth Worth, un pequeño pueblo de Texas con 10000 pozos de en los que se extrae gas por la técnica del fracking y que en estudios recientes se ha demostrado que emite una contaminación a la atmósfera superior a la que emiten todos los coches que circulan por Dallas en un día. En datos numéricos 400 toneladas de gases emitidos a la atmósfera y 200 toneladas, respectivamente.



Las esperanzas de futuro en los pequeños pueblos no son muy halagadoras y muchos de los municipios se agarrarían y abrazarían con ternura un clavo ardiendo si esto les asegurara un próspero futuro. Les preocupan sus campos y montañas y ven al que dice que una actividad como el fracking es negativa para su comarca, como una persona ajena a sus problemas y que vive en una ciudad lejana dispuesto a decirles lo que pueden y no pueden hacer. Sin embargo, este no es el caso. Aunque el fracking contamine el medio ambiente el mayor problema se concentra en la contaminación  de las aguas que son utilizadas mayoritariamente para el consumo humano. La cuestión es futuro con riesgos para la salud y el bienestar o seguir viendo cómo la sociedad huye de los pueblos a ritmo de camiones de mudanza y paseos al cementerio.

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