25 de octubre de 2012

MI REINO POR UN CABALLO


Juan Navarro García

Yo no soy Ricardo III de Inglaterra, al que se le atribuye esta frase. Ni nadie lo es, ya que el buen hombre murió hace unos 500 años. Sin embargo, estas cinco palabras han pasado a la posteridad pese a que ya no existe el concepto de reinos del pasado y los caballos no son tan valiosos. Hoy, quizá hubiera dicho 'Mi reino por un Ipad'.



Muy pocas cosas tienen la importancia de un reino, conque imaginemos la situación del tal Richard the Third cuando pedía desesperadamente un caballo. Unos cuantos siglos después, parece ser que los intercambios desesperados también siguen siendo populares.

Después de mucho tiempo y esfuerzos se ha conseguido el sufragio universal, un voto que pasó de ser de varones ricos e intelectuales a hombres y mujeres de toda edad y condición. Con ese papelito en una urna se puede cambiar por completo cualquier situación, ya sea el presidente de un país o la aprobación de una derrama con Juan Cuesta de por medio.

El valor del voto parece que se está olvidando, lo cual son malas noticias para todos. Hace bien poco, en Galicia, la abstención llegó a unos límites tan elevados que cabe preocuparse por la salud de la población.
Los candidatos, vista la popularidad de Twitter y demás redes sociales, están optando por sumarse a la revolución tecnológica y poner por ahí sus opiniones y planes, a ver si a alguien de mente débil le llama la atención y pone ese nombre en una papeleta. Mientras alguno lo deja en mano de asesores de imagen, que no mueven una coma del discurso oficial del partido político y del candidato concreto, hay otros que apuestan por hacerlo más personal e interactuar con sus posibles votantes y sus detractores.



En Valladolid, es conocido el candidato socialista Óscar Puente por mostrar su opinión sobre los temas más calientes de la actualidad, incluso criticando a su propio partido cuando este lo merece. Este acercamiento a la sociedad es loable, pues no tiene sentido un político que se olvida que está gobernando en nombre de miles de personas.

Pero lo verdaderamente lamentable es que se compren votos. Hace unas semanas la red social Twitter permitió mostrar una salvajada, un navajazo a la libertad de voto. Lo triste es que no hubo coacción.
En esta red social, un seguidor del socialista Puente escribió textualmente: "Hola @oscar_puente_ (Cuenta personal del candidato socialista). Mi voto por un RT". Esto es, si Óscar Puente retwitteaba ese tweet a sus seguidores, parece ser que el emisor del mismo daría su voto a cambio en los próximos comicios. Será cosa mía, pero yo a eso lo llamo compra de votos. En lugar de conseguir papeletas mediante proposiciones que atraigan al votante, se accede a conseguir el voto de un necio, necio porque vende lo que es solamente suyo, sin acciones políticas de por medio.



El socialista pudo haber obviado ese tweet y optar por ganarse ese voto de manera legítima, pues pese a que este RT no es ilegal es francamente de mal gusto ver cómo se acepta el voto de un inconsciente que lo ofrece.

La próxima vez que votemos, en lo que nos decidimos para meter la papeleta en la urna tendremos que pensar si estamos votando a sabiendas de lo que hacemos o si por el contrario estamos usando el voto como simple papel con unas letras escritas.

Mientras siga habiendo tantos ciudadanos que tiran su voto a la basura, yo me seguiré negando a que se cambie la Democracia por un ReTweet.

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