23 de noviembre de 2012

ATARDECERES ROSAS (Touluse)


Miriam Cerezo

Todos los días el sol se pone sobre las siete de la tarde en la ville de Touluse sobre un cielo encapotado que se baña en un profundo color rosa.
Como si se tratara de Pearl Harbor un 7 de diciembre de 1941, una multitud de aviones cruzan su cielo cada minuto. El ruido de sus motores, inexistente para los lugareños, todavía hace que apartes la mirada de tu punto de mira y termines mirando al cielo. Pero esta vez no se trata de aviones de guerra japoneses, sino de Airbus que atraviesan una y otra vez la ciudad.



Apartando la vista del cielo, y supongo que como en todas las ciudades, un sinnúmero de coches y personas  deambulan de un lugar para otro de forma sofocante. Sin embargo, la amabilidad, o quizá simplemente su buen estar se observa allí donde vas. Resulta extraño ver como agradecen, todos los días, al conductor del autobús su trabajo cuando se bajan en su parada, y después este los sonríe y les despide: " Merçi, au revoir". "Au revoir, bonne journée". O como conviven diferentes comunidades. Pues a diario cubanos, irlandeses, magrebíes, asiáticos, africanos y españoles coinciden entre estas calles. Sobre todo gente de color procedente de las antiguas colonias francesas. Tras ello, no puedo evitar recordar esa clase magistral de Historia del Mundo Contemporáneo donde nos hablaban de los Pied-Noirs procedentes de Argelia. Pero a diferencia de otros países, aquí todas estas gentes tan variopintas están integrados al 100%, se ha producido un aburguesamiento impresionante. Algo que EE.UU siempre ha buscado en muchos países islámicos, y que no tengo claro si es bueno o no...pero esta vez no escribo para discutir sobre la moralidad de la occidentalización de países islámicos.



Tal vez esta última anotación, la de la integración, se deba al alto nivel académico que tienen. Entrar a la universidad no es fácil, pues hay pocas plazas, y una vez dentro el grupo se suele (no siempre depende de carreras) establecer en un número muy reducido, donde un profesor únicamente puede dirigirse a 20 personas. La integración de los alumnos extranjeros es dura, pues se les exige un nivel parecido al de los alumnos nacionales. Dando como resultado un trabajo formado por un día a día y complementado con numerosas exposiciones y trabajos muy densos. Mientras en España se abre la puerta a cualquiera a la universidad sin ningún tipo de dificultad, terminando con generaciones de 200 graduados, licenciados o diplomados, de los cuales solo 50 podrán optar a un puesto de trabajo en su país. Es decir, hay mucha demanda y poca oferta. Por otro lado, las comunidades autónomas se disputan la mejor universidad, a ver quién construye más universidades y mejores, en vez de a ver quién oferta la formación más eficaz, como ocurre en Francia. Formas diferentes de ver y enfocar la educación supongo. Pero no quiero arruinar esta visión de la ciudad con comparaciones odiosas porque hay mucho más. Y todo tiene su parte buena y mala, su yin y yang, es decir su lado opuesto y complementario.

Por otro lado, el tiempo es bastante templado. Aunque no puedes sentirte indiferente esos días donde "L´autam" un viento austral (también conocido como "el viento del diablo") se lleva todo a su paso. Dura solamente un par de días y luego todo vuelve a su calma, para al final terminar con una llovizna.

En cuanto a los precios, las cosas por lo general son más caras que en España, pero siempre encuentras ofertas de crepes a un buen precio o cervezas a 1 o 2 €. En lo que respecta a la comida hay Carrefour y Lidel, por lo que hay alimentos parecidos a los de España.



El tema de la fiesta es diferente. Se sale muy pronto, ocho o nueve de la noche, y se vuelve temprano por lo tanto. Para ellos la fiesta termina a las 3 o 4, aunque para los españoles no, y terminamos pegándonos muchas horas de fiesta porque volvemos a hora española. La bebida es carísima, con lo cual se tira del recurso botellón y luego ya se va a bares o discotecas, famoso “Studio 1”. También hay planes alternativos como las conocidas “happy hour” donde se ofertan packs de 13 cervezas a 13 euros (“Café Pop”).

La ciudad está llena de calles estrechas, suburbios que a muchos recuerdan a  los de Nueva York, pero en realidad es una metrópoli en toda regla, al fin y al cabo es la cuarta comuna más numerosa de Francia, después de la innegable y adorada capital: París.

Los edificios no son muy altos, y son numerosas las casitas de cuatro pisos con ventanucos de madera, en vez de persianas, al más puro estilo francés. El pico más alto lo tiene el campanario octogonal de la Basílica de San Sernín con 67 metros de altura. Pero su atractivo turístico se lo lleva como no el Garona, el canal y sus puentes. Pues no recuerdo imagen más bonita que la de los puentes iluminados por las noches atesorando al gran Garona a sus pies.

Así es, desde el punto de mira de una patosa muchacha que siempre tropieza con el mismo escalón, la Ciudad Rosa, con sus antiguos edificios de un color rosado, con sus luces rosas...y con sus atardeceres rosas.

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