8 de noviembre de 2012

CON ERE DE CEBRIÁN.

Lucía G. Carretero

Entre alardes y alaridos. Unos de escritor hijo de escritor consagrado, de periodista catapultado a la fama como magnate de la comunicación a lo Kane que se encierra en su despacho, con su butacón de piel y su habano –o al menos así me imagino a Cebrián– mientras, fuera, en una redacción en la que conviven apiñados los periodistas de padre anónimo y propiedades, en el mejor de los casos, reducidas, contemplan su vida pasar en fotogramas lentos mientras Kane hace su propia guerra.

Juan Luis Cebrián
Hoy finaliza el plazo para que empresa y trabajadores de El País lleguen a un acuerdo respecto al Expediente de Regulación de Empleo. Difícil de establecer cuando la amenaza de despido recae sobre 149 trabajadores mientras que, según una periodista que se manifestaba en Sol, “Cebrián se ha llevado 13 millones de euros y quiere despedirnos con la excusa de que no hay dinero”.

Tres días de huelga en los que ha quedado demostrado, una vez más, que sin periodistas no hay periodismo por mucho que traten de inventar. El País, diario de cabecera, viejo artefacto de papel que habita barras de bares y que es sujetado por piedras de todos los tamaños en las repisas de los quioscos, ayer necesitaba losas de hormigón para que el viento no volase sus 48 páginas de la vergüenza. Y en esta ocasión lo bueno, si breve, no era especialmente bueno. Brevedad de nombre huelga, la secundaron el 79% de los trabajadores, según la dirección de la empresa, y el 93% según el Comité de empresa de Ediciones El País.

Vía @GuerrayPaz
Son casi 150 trabajadores menos. Los afortunados, que contemplan las sillas de sus compañeros vacías, deberán abordar su trabajo y, créanme, por muy poco que les guste comer y dormir, no creo que sea posible tratar los mismos contenidos informativos con 1/3 menos de plantilla.

Forges


Si ya lo decía Lennon: “Life is what happens to you while your busy making other plans”. Porque tu vida, si trabajas en El País, es lo que pasa mientras planeas como estar en cinco sitios a la vez para cubrir cinco informaciones diferentes sin tener el don de la omnipresencia y otros te roban. Así deben sentirse los trabajadores de El País.

Y todos. No solo los jóvenes progres que no saben lo que es trabajar duro porque ya han nacido con la Democracia y con el botón“intro” pegado al dedo, no en los tiempos en lo que los plumillas tenían que ir en bicicleta a El Pardo. También Enric González se despide con “todos sus respetos” y Soledad Alcaide, y Moeh Atitar, y la contraportada desnuda sin la columna de Maruja Torres, y tú, y yo. Porque a ti y a mí también nos están haciendo un ERE: en el derecho a la información. Porque tu vida también es lo que pasa mientras lees un periódico.

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