9 de noviembre de 2012

CUANDO EL RÍO SUENA...


Juan Navarro García

Primavera, verano, otoño e invierno. Todas son estaciones del año y en todas, en mayor o menor cantidad, llueve. Esto no es nada nuevo, como podría decirse, en todas partes cuecen habas. La lluvia, que ayuda a la agricultura y a limpiar las ciudades, no es siempre tan buena. A veces mata.

Foto: Juan Carlos Castro Simón


Este país es una península y hay una gran cantidad de personas viviendo cerca del mar, esto es, de las desembocaduras de los ríos. Esto no debería ser más que anecdótico, pero con más frecuencia de la debida en un país desarrollado llegan noticias sobre la muerte de personas por riadas e inundaciones.

Como culpable, se lleva de nuevo el dedo acusador la construcción indiscriminada. Los asuntos inmobiliarios no solo han contribuido a sumir al país en una crisis de la que parece que no nos recuperamos, sino que al sembrar de edificios las cuencas fluviales cuando llueve más de la cuenta suceden desgracias.

Es un nuevo caso de la codicia que ha cerrado los ojos de los constructores del país durante muchos años. El deseo de sembrar de casas y ladrillos todo terreno libre de población, independientemente de lo que haya que llevarse por delante, ha supuesto que se cometan aberraciones con resultados mortales.

El Mediterráneo es el ejemplo más claro de ello. Con la excusa de sol, arena y playa se construyen millares de edificios donde una persona con ciertos conocimientos climáticos no lo haría. El este peninsular, de clima mediterráneo, sufre de la 'gota fría', que implica que de cuando en cuando llueva como si no hubiera un mañana y se forman torrentes que arrasan con todo. Coches y personas incluidos. Matan.



La prevención no es algo que los edificadores hayan tenido en cuenta al erigir esas odas a la ostentación y a la riqueza inexistente, un alegato a la riqueza en forma de ladrillo. ¿Qué más da que haya cierto riesgo de inundaciones si con esas construcciones nos 'forramos'? ¿Qué se puede esperar que ocurra cuando llueven cientos de litros por metros cuadrados en un pueblo llamado 'Torrent'? Pero claro, esas cosas no se estudian cuando hay que construir.

Es una gota más del océano que forman las irregularidades y delitos urbanísticos de España, donde la legislación solo parece actuar una vez se han producido las muertes. En vez del 'Primero disparo, luego pregunto', aquí se lleva más un 'Primero dejo que disparen, veo la sangre, lo lamento, luego pregunto, y si eso, castigo'.

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