27 de noviembre de 2012

Jorge Hierro


Tenía más vidas que un gato pero, al final, un paro cardíaco ha puesto punto final a la risa más alargada del cine español. Los jóvenes conocen al padre del brazo más tonto de la ley, a aquel majete en silla de ruedas que se dedicaba a hacer bicicletas con papel de aluminio mientras su hijo apatrullaba la ciudad. Los más mayores, sin embargo, recuerdan al primer galán cómico de todos, al primer golfo que enamoraba a cualquier chica y al famoso impostor de la estampita. Muchos le criticaban de chulo, pero él se defendía: "Se me encasilló, yo no soy chulo, chuleta era Jesucristo que, cuando se fue a despedir de los romanos en la cruz, les dijo hasta mañana si yo quiero". Tony Leblanc decidió irse hace tres días pero, a diferencia de Jesucristo, no resucitará hoy, sino que se mantendrá vivo en la nostálgica sonrisa de nuestro cine.



Ignacio Fernández Sánchez (su verdadero nombre) ha vivido casi un siglo, por lo que podría decirse que meció la cuna del cine y la televisión en nuestro país. Aunque dedicara 68 años de su dilatada vida al cine y la televisión, el actor madrileño siempre hizo gala de su vitalidad, por lo que previo paso por los escenarios de teatro y los platós se enfundó los guantes de boxeador en 50 combates e incluso llegó a jugar en un equipo de fútbol en Tercera División. El mote, Tony Leblanc (que era uno de sus apellidos), se le ocurrió al hijo de un joyero en cuyo taller entró el actor como aprendiz a los 14 años.

El auge de éxitos del actor tuvo lugar en la segunda mitad de la década de los 50 y prácticamente toda la década de los 60, época en la que participó en títulos entrañables como El Tigre de Chamberí (1957), Los Tramposos (1959) o El Hombre que se Quiso Matar (1970), de la que cuenta que fue la actuación que más valora de todas las que él ha hecho.



Sin embargo, nunca antes el mal tiempo había visto tantas veces la misma buena cara: A mediados de los 70 comienza su decadencia tras éxitos teatrales como Paloma Palomita Palomera (1975). Poco después se agrava una antigua dolencia que lo deja semi inválido y le aparta de la actividad profesional, por lo que decidió retirarse del cine ese mismo año para dedicarse al teatro. La suerte aún la tenía tomada con el artista madrileño ya que, en 1983, sufrió un accidente de coche que truncaría definitivamente su carrera teatral. El accidente le dejó incapacitado temporalmente. A pesar de todo, Tony siempre se toma con humor todo lo relacionado con su vida y se queda con lo mejor, con la gente que le quiere: "Si somos en España 44 millones de personas, a mí me llega con los 15 o 20 millones que sé que me han querido". Y es que, para muchos (y yo conozco a alguno) el cine no es Casablanca, Lo que el Viento Se Llevó y Ben-Hur, EL CINE, con mayúsculas, es Tony Leblanc.



Después de la tormenta vino finalmente la calma, y así el actor entró en una lista en la que actualmente sólo figura otro colega, y no es otro que Paul Newman: ambos son los dos únicos actores que han recibido un premio honorífico de la academia (las respectivas, lógicamente) antes que uno en concurso. Así, en 1993 Tony Leblanc recibía un merecidísimo Goya Honorífico y, 5 años después, lo recibiría como mejor actor de reparto por su papel en Torrente, película en la cual Santiago Segura rescató del letargo a su compañero para siempre. La recogida de este premio en enero de 1998 fue especialmente emotiva debido a la casi milagrosa recuperación del actor, que logró caminar después de haber permanecido en silla de ruedas. Segura contó de nuevo con él para continuar la saga de Torrente en los años 2001 (en la que interpretaba a su tío, aunque al final resulta ser…otra persona), 2005 (en la que interpretaba a su abuela) y 2011 (en la que hace de su tío Gregorio). En las 3 primeras películas (atención, spoiler) el personaje de Tony Leblanc muere, por lo que éste describe a Segura como su asesino cinematográfico.


En 2007 sufrió un infarto de miocardio agudo, pero a Tony, curtido ya en mil batallas, le quedaban aún ganas de vivir y consiguió recuperarse. Había vuelto a esquivar a la muerte.

Mujeriego, risueño, cómico, galán, encantador, chulo, Tony Leblanc siempre reconoció que era "el actor más querido de España, aunque no el mejor… pero sí de los mejores". Al fin y al cabo, siempre se van los mejores.
Mi más sincero pésame, por ti, por tu familia, y por todos los que contigo, ahora, hemos perdido un pedacito de alegría.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Bicicletas con papel de aluminio... :O estas seguro?

BANG!

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