21 de noviembre de 2012

EL PARADIGMA MUSICAL ACTUAL


Enrique Zamorano

Payasos televisivos salen en programas de prime time imitando a un espécimen japonés puesto de moda (to´l asco) que le da al baile cochambroso y choni; una pasada Eurovisión tomada por otro payaso español haciendo el imbécil en un escenario y por si no fuera poco, “música” poco menos que sensual y latina mal hecha (a mí se me levanta incluso más con las empalagosas baladas de Lennon) con la que niñas y chicas adolescentes bailan haciendo levantar su falda cada viernes por la noche en las discotecas de la ciudad.



… Por no hablar de aquellos programas de Tele5 que arrasan por el marcado exhibicionismo de estrellas, el melodrama actuado de una emoción que no existe y lo tonta que es la gente y qué fácil se la engaña por unos cuantos números de audiencia también fantasmas.

¿Qué está pasando? ¿Cómo hemos llegado a esto?

En reiteradas ocasiones, charlando con gente que sabe de verdad de música, siempre llegamos a la misma conclusión: la música se vende como entretenimiento y no como arte. ¿Qué nos ha llevado a esta situación? ¿Qué está pasando en la música actual?




En primer lugar, querría cargar con la culpa al capitalismo salvaje que se produce hoy en nuestros días. Si no tienes dinero, no vendes. Y así es la vida. ¿Cuándo ha dado dinero el intelectualismo? Nunca. Todos los sabios y genios de todas las épocas han sido pobres, por regla general. Vende mucho más el entretenimiento. Esta cuestión la podemos comprobar en canales que antes se supone que eran de música como la MTV y que ahora se han pasado al simple entretenimiento, un entretenimiento, por cierto, muy poco entretenido. Esta bien podría ser una propia metáfora de la situación de la música actual.

Luego también podríamos mencionar las descargas en Internet que dejan la música a la altura del betún. No es que no esté a favor de la música por Internet. En mi caso el E-Mule y todos esos programas de descarga me han servido para conocer todo tipo de músicas, pero luego iba a la tienda y me compraba el disco si me había gustado. Podéis llamarme gilipollas. Creo que como se ha puesto la música tan cerca de nosotros y ahora todo el mundo tiene acceso a ella de forma ilimitada y si se me permite, violenta, ha bajado notablemente el sentido que tiene comprar un disco con su portada, sus letras, el romanticismo de insertarlo en la minicadena y escuchar. Mira, ese melómano tonto, aún no sabe que la música es gratis.



En segundo lugar, la educación que se le da a una cultura de masas que ha nacido con el papel cuché y la diversión desaforada y sin sentido alguno. Esto lo podemos ver con las películas infantiles que antes había: El Jorobado de Notre-Dame, Los Aristogatos, El Rey León… cada vez que entraba la música en escena se te ponía la piel de gallina. Porque las bandas sonoras de todas esas pelis eran tremendamente geniales, apoteósicas, más que simple relleno. Ahora veo anuncios de películas para niños y sale una muñeca animada bailando reggaetón. Qué bien. Cuánto orgullo. Es el fin de la música. Si de verdad los niños crecen con esa música, ¿qué será de la propia música y de ellos en el futuro?

Por supuesto, no hablo de poner programas pedantes de rigurosa música clásica para educar, como aquél que había en la 2 y que yo odiaba porque me quitaba de ver The Gargoyles o Los Viajes Legendarios De Hércules. Pero joder, con perdón de la expresión, un poco de tacto con la música.
En resumidas cuentas, creo que la sociedad del consumo de hoy en día, los referentes musicales de la mayoría de la población dormida en los reality shows y el mercado constante de los billetes y de la imagen están acabando por completo con la música popular de verdad al margen de todo entretenimiento y entendida como arte. Da escalofríos.



¿Qué soluciones hay? Tener perspectiva. Es la única forma de combatir contra todo ello. Estar despierto y atento. Desconfiar del de arriba. De las modas. Del amiguismo. Del triunfo. De la riqueza y el vacío del todo que se crea cuando ella está presente, y que disfrazan continuamente.

Por supuesto, siempre queda un margen para todos aquellos que no marcan la regla general y que se emocionan con un buen vinilo de rock y de música de verdad, por ejemplo, del mismo Leadbelly…

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