14 de noviembre de 2012

HUELGA, HUELGA, HUELGA

Juan Navarro García


Yo, como muchos miles de vallisoletanos, estuve ahí. Según aproximaciones, unos 8.000 manifestantes se han congregado para, en la jornada del 14 de noviembre, Huelga General, formar una marcha cuyo objetivo era reivindicar el movimiento estudiantil y la huelga de los estudiantes.
Plaza Mayor antes de la manifestación. Juan Carlos Castro Simón
Con todos los sindicatos haciendo acto de presencia, primero mediante marchas a través de las calles más importantes del centro de la ciudad y luego uniéndose en la Plaza Mayor, la multitud integraba una mayoritaria presencia de jóvenes en edad universitaria, aunque no era escasa la presencia de adultos y de niños pequeños. La integración de personas de distintas edades mostró que el movimiento para defender la educación no es solo cosa de estudiantes, sino que los más mayores y los más pequeños también son afectados por estas medidas.

Con decenas de banderas de todo colectivo, ya fueran republicanas, comunistas, sindicales o castellanas, la marcha avanzó lentamente por la calle Santiago, con cánticos como "Que no que no, que no pagamos vuestra crisis con salud y educación" o "Qué casualidad que el hijo del obrero no puede estudiar". Bajo estas consignas el movimiento iba a delante y las primeras filas no podían ver el final de la masa, mientras que quienes cerraban la marcha no podían ver el principio de la misma.

Tienda cerrada al paso de los piquetes. Juan Carlos Castro Simón


La llamada había funcionado.


Mientras los manifestantes avanzaban enarbolando sus banderas, cantando o llevando pancartas sin ningún tipo de problema, otros se empeñaban en hacer que la concentración perdiera validez. Un grupo de encapuchados prendía fuego a un contenedor de basura mientras que, unos minutos después, otro grupo volcaba contenedores en el Paseo Zorrilla.

Policías apagan un contenedor ardiéndo. Juan Carlos Castro Simón



Bajo un día espléndido que parecía simpatizar con las ideas de los jóvenes, la marcha llegaba a las Cortes, donde los gritos de "No nos representan" fue un cántico común hacia el moderno edificio de la Avenida de Salamanca. Allí la concentración se detuvo para que la Asamblea de Estudiantes leyera un emotivo manifiesto que reivindicaba la acción de los jóvenes y clamaba contra las tropelías cometidas hacia el gremio estudiantil.

Después, la marcha fue directa a las ventanas de cristal de la sede de las Cortes. Allí se vivieron los momentos de más tensión que hicieron temer que la cosa pasara a mayores, aproximadamente medio centenar de policías rodeaban la zona. Los ánimos se caldearon y la multitud clamó "Se va a acabar la paz social" y que "Vergüenza me daría trabajar en este día", acompañado de sentencias como "Más lapiceros y menos maderos".

Cacerola de un padre. Juan Carlos Castro Simón


En ese momento surgieron esas acciones que deslegitimizan los movimientos estudiantiles, pues a los petardos que ya habían aparecido durante la marcha se unieron huevos lanzados contra el cristal. Pero no solo fueron huevos, y su destino tampoco fue solo el vidrio. Más de una señora se fue a casa con el recuerdo que deja el dolor de una pedrada o el de un mecherazo. Si hubiera sido algo más bajito quizá me hubiera abierto la cabeza.

Mientras tanto, la policía permanecía impasible y de brazos cruzados, sin entrar en las provocaciones mientras a medida que pasaban los minutos llegaban refuerzos para evitar males mayores. Los miembros de seguridad del Estado, al ser preguntados por el número que eran, no respondieron, si bien no mostraron reacción violenta ante los que los increpaban. El ambiente, con bombas de humo haciendo su función y cientos de personas gritando a vivo pulmón se enrarecía.

Autobus de Auvasa. Juan Carlos Castro Simón


Con el paso de los minutos la situación se fue tranquilizando y centenares de manifestantes fueron abandonando la zona para coger fuerzas para la concentración de la tarde, a las 19 horas en Plaza Mayor. Esperemos que allí se reivindique lo que quiere la sociedad y no existan violentos que se dedican a empañar las protestas de miles de manifestantes con sus piedras, volcado de contenedores y mecheros voladores.

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