7 de noviembre de 2012

LECCIÓN DE HUMILDAD

Enrique Zamorano

Fotos: Juan Carlos Castro Simón


Hace un tiempo estuve en un concierto de unos amigos que habían venido de Madrid. Fue en un bar de uno de la banda. Éramos seis personas de público y ellos tocando amablemente.


Pude oír en ellos ciertos toques de un estilo ya extinguido, que había en grabaciones no oficiales de grupos como la Velvet Underground o los ensayos de los Sex Pistols. Todo muy casero. Los asistentes podíamos oír el repiquetear de la palma sobre la coraza de las guitarras, el latido de los bajos al pulsar en sus grandes cuerdas y el estruendo de las baquetas contra una batería eléctrica.

El concierto de dicho grupo que no nombraré me lleva a dedicar unas líneas en este nuevo post debido al romanticismo del momento. Puedo llegar a decir que antes de empezar, hubo que engrasar con aceite cocinar la batería eléctrica, la guitarra hubo que afinarla a oído y el bajo lucía un hermoso pedal con el que controlar los sonidos y volumen que salía por el amplificador.

Ayer asistí a una lección de música por decirlo así. Por supuesto, el sonido no era nada bueno. La batería poco a poco se iba cayendo por las barras de sujección, la guitarra se desafinaba al poco y una guitarra española hacía de guitarra electroacústica luchando por imponer su sonido entre todo el resto de instrumentos.


Asistí a una lección de música y de vida, el grupo del que os hablo era un grupo humilde que sabía tocar sus canciones y hacernos emocionar al público sin necesitar demasiada financiación en instrumentos.

Muchas veces, los músicos luchan día a día por conseguir sonar mejor y mejor, y parece que todo eso solo lo resuelve el dinero. Seguramente si hubiera en la sala un experto en producción musical y sonido se hubiera ido a la tercera canción porque no aguantaba. Pero dicho grupo me convenció totalmente de que no se necesitan grandes inversiones en instrumentos, ni en publicidad, ni en equipos de sonido. Que lo que importa es la calidad. Y ahí calaron hondo.

Gracias les doy a ellos por demostrar un día más que (trasladando a un plano más social y político) no se necesitan grandes fortunas para ser feliz y demostrar lo que uno vale, por emocionar a un público atento a cada uno de sus movimientos y que llega a admirarlos. Gracias por la humildad, porque aquí es donde de verdad se ve la bondad humana y la ilusión. No en todos aquellos músicos los cuales les hace todo una mesa buena de sonido. Estarán muy orgullosos en sus sillas forrándose de dinero.

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