16 de noviembre de 2012

PRIMERO QUE DISPAREN, LUEGO PREGUNTAMOS


Juan Navarro García

La prevención no es algo común en este país. Para que se tome una decisión frente a ciertos temas es necesario que se produzca un serio aviso porque si no, ninguna medida será tomada para paliar estos males.



Son dos los casos más llamativos que se han producido en las últimas semanas y, curiosamente, son ejemplos perfectos para mostrar que no existe reacción si no hay antes una acción previa. Desgraciadamente, en ambos casos la muerte ha protagonizado las portadas de los medios al día siguiente. Los desahucios y el Madrid Arena.

Los desahucios son algo constante a día de hoy. Las cifras, reales y no inventadas y manipuladas al antojo de cada sector, hablan de una cantidad brutal de familias que se quedan en la calle cada día por no ser capaces de pagar su vivienda. Pese a que a veces se consigue aplazar, el día D acaba llegando.

Oficialmente, son dos los casos en los que una persona se ha quitado la vida por encontrarse sin casa. La falta de ingresos, el desempleo y la frustración son un caldo de cultivo que lleva a personas a tomar decisiones sobrecogedoras para el resto de la sociedad. Los casos más sonados han sido los de Almería y Barakaldo, pues en cada lugar una persona con desahucio inminente se suicidó. No pudo más.



El primer caso, el de Almería, no bastó para que se solucionaran las tajantes condiciones por las que los bancos echan a una familia de su hogar. Tuvo que ser tras el suicido de Amaia, de 53 años en Barakaldo, lo que hizo que se replanteara la ley de desahucios para evitar una sangría. Pero el mal estaba hecho. Dos personas tuvieron que morir para que se modifique parcialmente una ley abusiva con el más débil, que, sin embargo, sigue vigente y de seguir la situación así, quizá se produzcan más casos como estos.

No es solo esto una muestra de la tardanza en modificar leyes o prestar más atención a aspectos que conducen a la desgracia. En la pasada festividad de Todos los Santos, miles de jóvenes rebasaban el aforo permitido en el Madrid Arena. La escasa seguridad, que permitió la existencia de bengalas en el recinto, se sumó a que cientos de jóvenes sin entrada se colaran en una ya abarrotada sala de fiestas que dio lugar a un hacinamiento mortal.



Como los medios han indicado, cuatro chicas perdieron la vida a causa de la avalancha humana que se dio en el Madrid Arena. Cuatro chicas murieron cuando unas horas antes solo pensaban en pasárselo bien y no en intentar no caer en la marabunta que puso fin a sus cortas vidas.

Era de esperar. Cuando se junta a tantas personas sin las condiciones propicias es muy probable que acabe mal. Y así fue. Pero gracias a Ana Botella, esto no volverá a pasar, ya que después de su viaje a un spa anunció que este tipo de celebraciones serán suprimidas, no se volverán a celebrar. Cuatro muertes (que pudieron ser más) después, la alcaldesa hizo lo que debía hacerse antes. Ponerle cordura a las cosas.

La muerte es algo que entra por los ojos de los que mandan, si no, nada se va a mover ni se van a tomar medidas. Es realmente triste que solo se reaccione y se evalúen las cosas después de que haya habido un suceso desgraciado antes.

Esto es España.

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