8 de diciembre de 2012

ADIÓS A UN CREADOR


Adrián Arias Marcos / @Adri_Chygry

Muy lejos queda ya el año de 1907, tan lejos, que muy poca gente puede vivir para contarlo. A sus 104 años y a tan solo diez días de cumplir los 105, a  Oscar Niemeyer le llegó la última creación el pasado 5 de diciembre: su propia muerte.



Son muchas las palabras y calificativos que deja en vida este genio de la arquitectura contemporánea: comunista de cuna, rebelde, soñador, mágico, pero ante todo Niemeyer fue un creador, el poeta de la curva, como le llamaba su adorado pueblo brasileño. “De curvas está hecho todo el Universo” esta fue la máxima de este gran arquitecto. Su arquitectura es utópica, refleja fantasía y sensualidad. En el alma de sus obras nos encontramos las curvas de las montañas de su Brasil natal, el curso sinuoso de sus ríos, el carácter jovial, risueño y afable de sus gentes y la sensualidad de la mujer tropical. O como lo definiría el mismo:

“No es el ángulo recto el que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, creada por el hombre. Lo que me atrae es la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida. De curvas es hecho todo el universo, el universo curvo de Einstein”.



Durante la dictadura militar en Brasil, Niemeyer tuvo que exiliarse en Europa y eligió París como su nueva residencia. Durante su estancia en el país galo,  Niemeyer fue acuñando sus ideas arquitectónicas y tomó contacto directo con su maestro arquitectónico: Le Corbusier. “La arquitectura es invención” Niemeyer concebía la arquitectura como el arte de crear y generar belleza, idea que tomó de su modelo Le Corbusier. Nada de grandes cálculos y geometría complicada,  la arquitectura no era nada más que pura invención. Idea que le hizo situarse en contra de corrientes muy funcionales y afamadas en Europa como la Bauhaus que para Niemeyer y Le Corbusier era “el paraíso de la mediocridad”.

Son muchas y muy conocidas las obras que nos deja Niemeyer, desde su Río de Janeiro natal con su mítico sambódromo (1984) y la que es considerada su mejor obra: El Museo de Arte Contemporáneo Niterói (MAC), finalizado en  1996. Pasando por España con el Centro Cultural Niemeyer en Avilés (Asturias). Pero la gran obra de Niemeyer y por lo que será eternamente recordado es por la creación e invención de una nueva ciudad: Brasilia. 



El Gobierno de Brasil puso en marcha la creación de su gran capital en 1956 de la mano del urbanista Lucio Costa y el afamado arquitecto Oscar Niemeyer. Así, a Niemeyer le llegó el sueño de todo arquitecto: tener carta blanca para crear una ciudad a su antojo. Hoy en día, Brasilia es una de las ciudades más prósperas y mejor diseñadas de todo el planeta. En esta ciudad destacan los edificios del Congreso Nacional de Brasil, la Catedral de Brasilia, el Palacio de Planalto y el Palacio de Alvorada.

Siempre es difícil decir adiós, pero las amarguras son menos amargas cuando sabes que tu nombre ha sido grabado con fuego en el curso de la historia. Y en estos momentos siempre es bueno recordar unas sabias palabras de otro genio, este de las letras, como lo fue José Saramago, que decía así: “Quien va a morir está ya muerto y no lo sabe. Que hemos de morir es algo que ya sabemos desde que nacemos, por eso, en cierto  modo, es como si ya hubiéramos nacido muertos”.

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