20 de diciembre de 2012

TU FIESTA, MI MUERTE


Juan Navarro García/@Juan13Navarro

A todos nos gusta ir de copas los fines de semana. Hay valientes que incluso también salen los días de diario. Allá cada uno con su responsabilidad. La fiesta, ir en busca de ligoteo, la diversión con los amigos, el colega que curra en un bar y nos hace precio...al final acabamos con unas copas de más.



Después de estos felices momentos en los que no hay ninguna preocupación en nuestra cabeza, toca volver a casa. La gente responsable se decanta por el transporte público si está operativo, otros optan por el taxi y hay quien selecciona una noche de sobriedad de un miembro de la pandilla para que conduzca él y el resto pueda beber sin preocupaciones.

Por su parte, hay otro grupo de imbéciles a los que, como son los reyes del mambo y los zares de la noche, bajan el coche hasta el mismísimo centro de la fiesta. Bueno, no hay problema, si tienen control sobre el alcohol como si quieren ir en triciclo. Pero no lo tienen. El 'machoalfismo' de estos especímenes provoca que cuando el reloj marca horas intempestivas, lleguen a su coche porque son los mejores conductores que hay. Parece ser que han corrido en rallys. Pero no lo han hecho. Son solo unos chavales, cuatro niñatos que se lanzan a la carretera sin ser plenamente poseedores de sus facultades.

Es entonces cuando otro de los chicos o chicas que también salieron esa noche para tomar algo y disfrutar de la compañía se cruza en lo camino. Quizá también estén también algo tocados por la obra de Baco, o tal vez estén serenos. Pero en la batalla por la superviviencia contra un coche, poco o nada tienen que hacer. Cuando nos queremos dar cuenta, leemos en prensa que una nueva muerte se ha sumado a las listas de conducción bajo los efectos del alcohol.



Con toda una vida por delante, esta es atropellada por el coche de un irresponsable que cree que controla, pero no controla. Que se lo digan a la pobre chica que falleció atropellada en la pasada Nochevieja Universitaria de Salamanca. Algún mamarracho o mamarracha decidió coger el coche cuando no debía y las consecuencias fueron trágicas.

Por eso, ahora que llegan los festejos navideños, cotillones y demás excusas para que los jóvenes se emborrachen, hay que usar la cabeza. Pensar que por la prepotencia de afirmar poder conducir a la perfección y hacerlo borracho alguien puede morir. Tu amigo, esa chica inocente, aquel señor que pasaba tranquilamente por la calle...

Está en nuestras manos no coger el volante en estos momentos y disuadir a quienes lo hagan. Porque yo no quiero morir por culpa de las copas de un conductor.

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