4 de diciembre de 2012

WERT NOS PASA LA PATATA CALIENTE

Jorge Hierro

El 5 de Diciembre de 2012 se reúne una comisión dirigida por el Ministro de Cultura, José Ignacio Wert,  para negociar la modificación del actual modelo de financiación de los proyectos cinematográficos españoles. Todos sabemos que estamos en crisis y que, además, la industria del cine ha sangrado demasiado por culpa de los recortes, por lo que parece lógico realizar una modesta revisión de daños. Por partes:
¿Cómo se financia una película?




Actualmente, los proyectos cinematográficos se financian a través de las ayudas a la amortización del Fondo para la Protección de la Cinematografía, el cual sufrió a comienzos de años un severo recorte (35%) y tan sólo cuenta con 39’28 millones de euros para destinarlo a ayudas a las productoras cinematográficas españolas.

Los clubes de fútbol debían al final de la pasada campaña más de 700 millones de euros a Hacienda, y con éste recorte a la industria del cine el Gobierno estima recaudar unos 37 millones de euros. Pero bueno, si hay menos dinero, podemos ser comprensivos y ver con buenos ojos que se ruede menos.

¿Dónde está el verdadero problema?


El Fondo de Protección de la Cinematografía dispone de casi 40 millones de euros, pero, como dije anteriormente, este dinero sirve de ayuda a la amortización del filme, no a la ayuda de su producción: Hay un señor que escribe una idea, un productor invierte en ella, la ruedan, se estrena y luego, la ayuda será tan generosa como lo haya sido la taquilla. A mayor recaudación, mayor ayuda (hasta un máximo preestablecido, lógicamente). Con este sistema, no es de extrañar que la cuerda de Torrente  no se pare nunca.

Claro que, si atendemos a éxitos como Lo Imposible y echamos un ojo a su recaudación, es posible que no nos salgan las cuentas: El filme de Bayona ha recaudado en España 37 millones de euros, por lo tanto, ¿Hasta qué punto será el Fondo de Protección generoso con tan sólo 39 millones de euros? Actualmente, el mencionado Fondo adeuda 50 millones de euros a las producciones españolas de 2011, por lo que parece ser que el modelo es inviable.



¿La Solución?

José María Lassalle, secretario de Estado de Cultura, fijó las bases del nuevo modelo en una comparecencia en el Senado la pasada semana: El proyecto consistirá en “Una línea de ayudas automáticas en función de unos criterios cuantificables, cuya decisión se tome a priori y en función de unos criterios objetivos”.

Cuya decisión se tome a priori. Ésta frase da esperanza, sin embargo, no deja de ser una vaguedad, puesto que la semilla del nuevo modelo la pondrá el ministro Wert hoy, pero no germinará hasta poco antes del verano de 2013, por lo que aún hay tiempo para que la deuda del Fondo de Protección aumente.

El esperado nuevo modelo pretende imitar, en cierta medida, el modelo francés (atendiendo al éxito del que goza su sector audiovisual), éste consiste en que parte de las tasas que paguen los espectadores (ya sea en salas de cine, a través de la televisión o descargas legales de Internet) sirvan para ayudar a las productoras. La tasa correspondería a un céntimo por cada entrada vendida en los cines, en cada alquiler o soporte de venta videográfico y en las descargas legales por Internet. Abreviadamente, a esta nueva y por el momento hipotética tasa se la conoce ya como “céntimo audiovisual”. 

El Ministro de Cultura no pretende soportar la administración de la recaudación de dicha tasa, por lo que pide a los productores que, si tan molestos están con el antiguo modelo, que se las arreglen para establecer un sistema recaudatorio. Eso sí, dicho sistema deberá ser aprobado por el Gobierno a posteriori.

En conclusión: 

El cine debe financiarse a sí mismo con dinero público pero, me queda una duda, ¿No se parece este proyecto al que se ven abocados las entidades de gestión de derechos arruinadas por pasar de un sistema de recaudación privada a uno de recaudación con dinero público?

Por cierto, de haber aplicado esta tasa el pasado año, la recaudación apenas superaba el millón de euros, una cantidad bastante mediocre, la verdad. El único modelo francés que parece ser que podemos mejorar es el de las tortillas. Y muy bien, de hecho.

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