7 de diciembre de 2012

¿Y TÚ DE DÓNDE ERES? YO SOY SÉNECA (Universidad Carlos III)

Fotos y texto: Ana Bueno/ @square_ab

Llegas a un sitio, nadie te conoce, automáticamente piensan que eres extranjera. Tu piel se convierte en una tez más pálida a los ojos de aquellos que te hacen pasar por francesa, inglesa o quizás alemana, se autoconvencen de que tus rasgos no son mediterráneos e incluso tu acento castellano se convierte en un inglés cerrado en los corrillos de las primeras clases del curso. Te conviertes en una Erasmus más de los cientos y cientos que se agolpan a las puertas de las facultades, que llevan el café en extraños termos o que no están acostumbrados al clima y se abrigan demasiado o van en camiseta de manga corta con diez grados en la calle.



Pero llega el momento en el que, simplemente por hacer amigos, o quizás porque eres una patosa acostumbrada a facultades más pequeñas, rebuscas entre las caras aquellas que te parecen españolas de pura cepa y preguntas, “Oye, ¿esta es la clase de oratoria?”. En ese momento tu tez vuelve a ser un poco más morena, tus rasgos vuelven a su sitio habitual y tu inglés vuelve a su estado precario de segunda lengua (por no decir decimoquinta) y te toman, por fin, por española. Aun así, es muy difícil poder integrarte con los estudiantes que llevan ya un tiempo en la Universidad, por más que lo intentas, tienden a cerrarse y a admitir poco contacto con gente de fuera. Grupos cerrados que se van abriendo poco a poco con el tiempo, pero que dan una acogida no demasiado atractiva. Por esta razón, los Sénecas con los Sénecas y los Erasmus con los Erasmus, no es que nos cerremos los que venimos de fuera, es que tenemos que unirnos para poder convivir con aquellos que les cuesta recibirnos.

Ser Séneca es un mundo aparte, se convierte incluso en una mafia. Los grupos de Facebook empiezan a surgir: “Sénecas 2012-2013”, “Sénecas y otros”, “Séneca cultural”, “Séneca de fiesta” y como estos, vete tú a saber cuántas comunidades más hay. Empiezas a conocer gente, todos ellos españoles de diferentes puntos de España, todos Séneca, bueno, técnicamente no todos somos Sénecas. No todos podemos disfrutar de la beca de 500 euros al mes (una de las mejores becas que se ofrecen en este país, a mi modo de ver). Aquellos que se quedan a las puertas de recibir el dineral son más precavidos con las compras, son fieles al supermercado “Día” y a sus ofertones, compran en fruterías de las que sospechan que son más baratas porque roban en MercaMadrid, van apagando las luces de la casa a cada segundo, y por supuesto, las fotocopias a doble cara.



Y es que vivir sola y en Madrid es un nuevo reto.  Pero no es exactamente Madrid donde muchos de los estudiantes de la Universidad Carlos III pasan la mayoría de su tiempo, Getafe se convierte en una ciudad universitaria. Las personas mayores, las familias y los trabajadores se mezclan a diario con una gran cantidad de jóvenes que hacen su vida aquí. Y es que la Carlos III, la UC3M, la “Charly”, o como la queramos llamar, amplía la vida de esta periférica pero gran ciudad.

Al principio puedes pensar que no estar en Madrid capital te alejará de la vida de la ciudad, pero estamos muy equivocados. En cuando llegas a Getafe te das cuenta de que es una gran opción para pagar mucho menos y estar a media hora del centro. Con cuatro estaciones de cercanías y multitud de conexiones en autobuses interurbanos e incluso en Metrosur, Getafe es una ciudad con conexión inmediata a todos los puntos que se te ocurran. La parada de cercanías “Las Margaritas Universidad” siempre está llena de jóvenes que vuelven a casa a comer, que salen de fiesta a Madrid o incluso que vuelven en el primero de la mañana a Getafe después de una noche de bares por Malasaña o de discotequeo en Kapital.



Todos muy modositos se presentan los lunes en el campus, un campus que se desarrolla a lo largo de una calle central, facultades rodeadas de césped y cafeterías inmensas en las que debes pedir tu comida a una máquina que de vez en cuando decide no funcionar y fastidiarte tu hora de la comida, porque sí, tienes una hora exacta para comer (a veces incluso menos) para volver a las clases de por la tarde. Las instalaciones de esta Universidad son excelentes y no solo lo dicen los miles de estudiantes que acuden días tras día a las clases, sino que fue considerado Campus de Excelencia Europeo, y se lo merece. Buenos equipos y salas de prácticas, incluso hay una pequeña sala de juicios para los alumnos de Derecho. Un campus que no tiene nada que envidiar a los de otras universidades, es sin duda un lugar perfecto para formarte y salir bien preparado.

Pero las clases dejan tiempo libre para dar una vuelta por Getafe, conocer La Cibelina, la fuente que está en medio de la Calle Madrid (una de las principales de Getafe) y como su nombre indica, es una copia en pequeña y  “pobriña” de la Cibeles de Madrid. Conocer el Ayuntamiento, la base militar, el Cerro de los Ángeles. He de admitir que no es una ciudad bonita ni llamativa, son todo edificios no más altos de las tres o cuatro plantas y sin ningún atractivo relevante, pero es una ciudad acogedora que, incluso, hace que cada día adquieras un poco más ese acento castizo que jamás pensarías que podrías adoptar. Getafe se convierte así en tu segunda casa y la gente con la que convives día a día es, sin duda, tu segunda familia.



Llegar a Madrid te llena de curiosidad, vivir en Madrid no te deja indiferente ni un solo segundo, y a la hora de volver a casa, sientes  que siempre tendrás un hueco en esta ciudad, un hueco hecho únicamente para ti, porque solo se siente el ambiente madrileño si te dejas envolver por él, la ciudad siempre estará dispuesta a darte un segunda, tercera o vigésimo primera bienvenida.

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