21 de febrero de 2013

A NADIE LE IMPORTA UN PITO

Juan Navaro García/@Juan13Navarro
Fotos: María Fernández Martínez/ @MariaSupertramp

Un chavalín de 17 años acabó en el hospital después de recibir una monstruosa paliza por parte de un hombre de 27 años, cuya agresión ha provocado que el chico viera cómo su bazo era extirpado.


No se trataba de una pelea callejera ni de un ajuste de cuentas, de hecho, probablemente ni agresor ni víctima se hubieran visto las caras antes del día fatal. Y el día que se conocieron fue en un campo de fútbol, en la que el chico ejercería de árbitro entre dos equipos, en uno de los cuales jugaba el violento.

Como todo árbitro en categorías inferiores (independientemente del deporte del que se hable) el muchacho estaba prácticamente solo, de ahí que cuando el agresor empezara a golpearlo y a darle patadas en el suelo, poco pudiera hacer para protegerse.

Un repaso a los partidos que se disputan los fines de semana en los que intervienen jugadores de entre 5 y 40 años, desde la categoría pre-benjamín a nivel aficionado, permite apreciar que algo falla en el deporte base nacional. El árbitro, supuesto juez imparcial en una contienda deportiva con nada o prácticamente nada en juego, tiene que estar solo y luchar contra los elementos, esto es, no solo los deportistas sino los aficionados que acuden al recinto deportivo creyendo que el colegiado es un enemigo que en su propia casa se ha conjurado para arbitrar en su contra.


Cualquiera que en el pasado o en la actualidad sepa lo que es un deporte de fin de semana sabe a la perfección que el árbitro se somete al juicio de muchos entendidos que creen que ellos son gurús del arbitraje y que el joven, ya que suelen ser los jóvenes los que por cuatro perras se ponen el silbato al cuello, es un pobre imbécil al que hay que guiar e insultar. Y esto no debe ser así.

El deporte debe estar ligado a unos valores humanos, esto es, compañerismo, respeto, tolerancia, igualdad y capacidad de sometimiento a unas leyes, en este caso el reglamento del respectivo deporte. A su vez, la justicia en forma de reglas la administra un árbitro, de tal manera que este debe ser respetado y protegido.

La evidente crisis de valores en la que la sociedad actual se halla sumida es un caldo de cultivo para que comportamientos violentos y agresivos se produzcan cada fin de semana sin que aparentemente se pueda poner remedio. El deporte debe ser una vía no solo de entretenimiento sino también de educación, ya que los ya mencionados valores se pueden aprender en una cancha y en un vestuario.


Si no se tiene cuidado de cómo se comportan los jóvenes o los niños pequeños desde la base se ocasiona que cuando lleguen a una edad adulta sean más proclives a convertirse en energúmenos deportivos. Por lo tanto se debe destacar la enseñanza de valores en cualquier disciplina, ya que en la vida real se conjugan una serie de factores que provocan que una persona sea capaz de vivir en sociedad o, por el contrario, ser poco menos que una bestia.

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