14 de febrero de 2013


“Quiero salir a la calle y oír a la gente hablar.
Miro los periódicos… siempre es igual.
Seguimos pagando lo que otros deberían pagar,
La democracia dejó de funcionar.

Si estuvieras aquí, mi amor, me intentarías explicar
Que algunas cosas que duelen no las podemos cambiar.

Mientras nuestra conciencia nos permita descansar
Me reiré en la cara de estos hijos de mal.”
                                                                    Corzo

Esta hermosa canción protesta del artista vallisoletano Corzo sirve para reflejar la gravedad de la situación que atraviesa España. No es por resultar alarmistas pero basándome en la labor social del periodismo en épocas de crisis, la llamada función del watch dog (“perro guardián”) motiva a denunciar todo el rastro de desgracias que nos está trayendo la crisis económica. 


¿Por qué llamarlo crisis? ¿Por qué no lo llamamos directamente corrupción? A la simple vista de los acontecimientos el término “crisis” parece un eufemismo de lo que es en toda regla una corrupción monumental que han montado los de arriba. Nada más volver al pasado y contemplar casos: Malaya, Gürtel, Noós, las famosas Preferentes y diversas estafas bancarias, y ahora ya por último y como puntilla del torero al toro desangrado, Bárcenas

Pero eso no es lo peor. Lo peor es que esas cantidades de dinero robado se las hemos dado nosotros. Han robado al pueblo español. Y por si fuera poco, pretenden que nosotros paguemos por ello, mientras ellos siguen contemplando la libertad y el dinero (nada más lejos cuando se destapó el caso Bárcenas del PP, éste mismo, Luis Bárcenas, se le vio esquiando en algún monte nevado con su hijo disfrutando del invierno y la nieve).

Bárcenas. Gabriel Pecot, Público


¿Qué ha pasado con Urdangarín y la Casa Real? ¿Es de verdad tan inviolable la cuestión monárquica como lo era en el siglo XV o XVI? ¿No estamos en democracia? La sinvergonzonería se mezcla con tintes de maldad y cobardía que llegan a rozar la inhumanidad y el “todo vale para salirme con la mía”.

Ahora y lo más importante, ¿qué pagamos nosotros a cambio? En primer término, un desahucio. Dos desahucios. Tres desahucios. Cuatro desahucios. Casi 6 millones de parados. El porcentaje de jóvenes parados subiendo del 55%. Un país inmóvil por tanto, propio del adjetivo “parado”. Suicidios (por ejemplo, ayer mismo de dos jubilados que iban a ser desalojados de su casa). EREs indiscriminados (Iberia que echará a la calle al 19% de su plantilla actual). Contratos basuras (ETTs). Pobreza infantil y hambre (el 25% de los niños sufre desnutrición en España)… Pero lo peor de todo, en dos áreas indiscutiblemente necesarias de la sociedad: la educación y la sanidad.



Podríamos estar toda la vida citando casos. Debemos reflexionar. Debemos de darnos cuenta de la gravedad de la situación. No permanezcamos relajados, porque eso es lo que quieren para que al final, como siempre, salirse con la suya. No hay enemigo ni división, es una cuestión de justicia que no se ha llevado a cabo contra aquellos que nos oprimen. 

Miremos al prójimo y no lo olvidéis, ya que posiblemente puedas ser tú mañana. Debemos luchar por todos los derechos que nos han quitado y para que devuelvan todo el dinero que nos han robado. Que entendamos al fin y al cabo que la resignación no es una opción en absoluto, y que tarde o temprano esos “hijos de mal” como dice nuestro artista en la canción, lo acabarán pagando. 

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