21 de marzo de 2013

ALAS DE PAPEL

Fotos y texto: Juan Navarro García/@Juan13Navarro

Si nunca te has quedado prendado de un libro,leyendo hasta altas horas de la madrugada o aprendiendo de las experiencias de los protagonistas, no vale la pena que leas este artículo. Déjalo y ponte a otra cosa, porque hoy jueves 21 de marzo es el día de la liberación del libro y el compañero de papel y tinta merece un homenaje en toda regla.


Desde hace miles de años se asume que el amplio conocimiento que tiene el ser humano (con mucho aún por descubrir) se recoge en los libros, en los tomos de papel escritos a manos de monjes, eminencias, sabios hace unos cuantos años. Hoy en día, cualquier persona, como el que relata estas líneas, puede creerse por un momento al nivel de. Si la enseñanza primaria y secundaria del cole no mentía, hace cientos de años las posibilidades de escribir algo eran nulas: el imperio de la ignorancia derrotaba cualquier intento de desarrollo cultural.

Por fortuna, el hombre de la época era capaz de crecer y reparar errores previos (¿Lo somos ahora?), de ahí que con pasitos, lentos, pero seguros la producción de libros y literatura, poesía y teatro se ampliaba progresivamente, viviendo su boom con la aparición de la imprenta, el no-va-más de la época. Lo que antes era misión solo de eruditos pasó a ser algo más común, hasta el punto de aparecer generaciones extraordinarias de escritores. Asumo que tú, lector, estás invirtiendo tu tiempo en leer este artículo porque aprecias el arte de la escritura, conque dejemos de lado los distintos estilos y figuras que han dado lustre a la literatura y a día de hoy son venerados.


Mención aparte merece la mujer: hace no mucho tiempo era visto como una posesión demoniaca ver a una mujer leyendo un libro. Lagarto, lagarto. Y no hablemos de escribirlo: señal inequívoca de que el Maligno andaba cerca. Esos tiempos oscuros ya han quedado atrás y hoy, 21 de marzo de 2013, todos somos libres para degustar las creaciones de escritores de todas épocas y del estilo que nos venga en gana. Para el amante del leer es una alegría inmensa poder apreciar obras de la antigua Grecia y percibir cómo era nuestra raza hace más de 2500 años.

Sin embargo, los libros han tenido más de un temible enemigo, quizá peor que el Abate Faria para Edmundo Dantés en El conde de Montecristo, o Voldemort para el bueno de Harry Potter si nos movemos al s.XXI. La intolerancia y las guerras del pasado destruyeron la riqueza de la biblioteca de Alejandría, la Inquisición quemaba los libros que fueran en contra de las doctrinas que defendían o incluso las mujeres tenían que escribir con seudónimos (como hizo Mary Shelley con Frankestein) para conseguir que sus obras vieran la luz.

Hoy vivimos la era de las libertades. Si nos apetece ver qué se contaban Séneca o Sócrates no hay más que buscar por Internet o ir a la biblioteca del barrio. Ninguna generación de la historia ha vivido tantas comodidades a la hora de acceder a la cultura, ninguna. Lamentablemente, no lo estamos aprovechando. Serán los padres, que no inculcan en sus hijos el aprecio a un buen libro, o quizá sea cosa de los sistemas educativos que parecen diseñados por Homos Antecessor. Tal vez los culpables seamos nosotros, que por perezosos preferimos cualquier otro entretenimiento a la lectura y todos los beneficios que esta proporciona.

La suma de todos estos factores conlleva que a cualquier joven preguntado al azar sobre el último libro que ha leído cite uno que le mandaron leer en clase, y tan siquiera. Echando un vistazo a las redes sociales, en muchos perfiles aseguran, al ser preguntados sobre sus gustos literarios, que ''libros no, gracias''. Esto es tan penoso como perjudicial para las generaciones futuras, pues no es disparatado decir que un importante porcentaje de lo que aprendas en tu vida procede de un libro.

 Aún estamos a tiempo de desempolvar obras maestras de los estantes de la casa y caer en el mejor vicio que haya creado el hombre, la lectura. En caso de seguir desdeñando la literatura, demos paso a la mediocridad.

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