3 de marzo de 2013

EL INDOMABLE BEN AFFLECK, CANDELA PEÑA Y OTROS MOMENTOS PARA EL RECUERDO

Juan Carlos Castro Simón/@JimmyTurunen

Ya con tiempo de haber digerido los premios cinematográficos que se han entregado en las últimas semanas, nos encontramos en la disyuntiva mediática de cómo vamos a recordar los premios Goya y Oscar de este año.


Todas las galas, año tras año, tienen algo especial: tal premio lo entregó un personaje no directamente relacionado con el mundo del cine, los organizadores de la gala salieron al escenario con camisetas contra la Guerra de Irak o al ganador a mejor película extranjera lo tuvieron que echar del escenario porque iba agradecer el Oscar hasta al tercer asistente de iluminación del Teatro Kodak este año rebautizado con el nombre de Dolby. Un “and the Oscar goes to…PEDRO!!! inolvidable.



El gallinero que rodea las decisiones de los académicos estadounidenses y españoles es así y los detalles se imponen ante la realidad y sea cual sea la argumentación que intente derrocarla, ésta nunca cambiará.

Ahora bien, si lo detalles, esos que tanto se discuten en el postpartido de estas galas, no son lo más importante, hay que decir que en esta suerte de eventos mediáticos los detalles son los que marcan la diferencia entre una casa con porche y una mansión.

Los Goya 2013 dieron lugar a un jugoso debate sobre las críticas que se vertieron en la gala contra el Gobierno de Mariano Rajoy y sus recortes. Los Oscars 2013, en cambio, fueron un ejemplo patriótico desde la ganadora del premio a mejor película (Argo), a quién anunció dicho premio por video-conferencia. Nada más que la Primera Dama de la Nación que desde Washington se dio un baño de masas. Menuda masa la que componen algunas de las figuras mediáticas más importantes del Gigante Occidental.



Visto desde el plano de estos detalles podemos concluir que el único parecido entre los Oscar 2013 y los Goya 2013 fue que ambas se apellidaban con el número del dichoso año que nos ha tocado vivir.

En España se criticó que algunos de los galardonados y personalidades metieran las narices donde no les llaman (política); en EEUU, de nuevo, el mismo run-run de todos los años, se premia  lo patriótico o que entre dentro de los cánones de ese cine americano que tanto gusta cuanto más se aleja del europeo. Por tanto, podemos confirmar como parecido que en ambas galas la política también juega un papel digno de analizar.



 Sería interesante que nos preguntáramos por qué Argo, digna del Oscar a mejor película, no merece un director al menos nominado en su categoría. Ya contestó a nuestra pregunta George Clooney cuando recogió su premio por Syriana, el mismo año en que presentó Buenas Noches y Buena Suerte, película que se ganó la nominación al Oscar y a él mismo como director: “All right, so I´m not winning director”.

Pulla jocosa de un personaje que quizá, dicen algunos, pudiera optar a los grandes premios con alguna participación menos en protestas y manifestaciones, como aquella en la que fue arrestado en 2012 frente a la embajada de Sudán. Protestar contra genocidas no es una cosa que esté bien vista en el oeste, siempre y cuando no se trate de algún líder palestino, norcoreano, chino o iraquí.



¿Os imagináis un Oscar ganado por una película que pone en entredicho la “limpia” labor política del hombre que abolió la esclavitud en Estados Unidos? ¿Y si ganase la dirección una mujer que introduce en una película que debería ser patriótica las torturas a presos por la CIA? Desde luego en campo minado pocos pasos son firmes y en estos premios cualquier película nominada es digna de la estatuilla.

 Argo es una gran película y su director también, aunque quizá el guionista del Indomable Will Hunting, Ben Affleck, siga sin domesticar y necesite un Robin Williams que le lleve por el buen camino, el de agradecer a la dama de la nación que se dignara a leer la papeleta que le declaraba ganador.

En España nos quejamos cuando Candela Peña sube al escenario y con una estatuilla en el brazo dedica unas palabras a criticar los recortes. Si el Presidente de la Academia menciona el varapalo que supone aplicar 20% del IVA al negocio, en vez de haber agradecido a Wert su presencia, es una falta de respeto.



Quizá no todo en el cine sea política pero no podemos olvidar que toda película tiene un contexto y se rueda en una determinada época. Bendito es el cine que se adapta a su tiempo. Si el 80% de la población, como dijeron en la época algunas estadísticas, está en contra de invadir Irak, no podemos olvidar que el que está sobre el escenario con la cara de un pintor en la mano, salvo en determinados galardones, es, también, español.

No nos engañemos si nadie en los Goya hubiera hecho un gesto contra los recortes, que algunos considerarán que sobraba, también asistiríamos a un espectáculo politizado. Una gala en la que nos dicen que callemos y seamos buenos ante un futuro incierto a falta de agujeros para apretar un cinturón que cada día nos ahoga un poco más y que esté año ha rescatado un tsunami hecho superproducción (Lo Imposible) y cuyo director arrebató el Goya por algo al de Blancanieves.


Sin duda alguna, los Goya de este año han sido la gala de los recortes y el lío de los sobres, queriendo o sin querer la anécdota también tiene contexto. Los Oscar 2013 serán en los que la Primera Dama leyó el premio a mejor película del año, esa que también se llevó el premio a mejor producción, pero no a mejor dirección, categoría que ganó Ang Lee con una película cuya nominación ya se decidió con más intriga que el final de la gran triunfadora, obra de un indomable, pero patriótica.

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