7 de marzo de 2013

LA CAJA TONTA


Juan Navarro García/@Juan13Navarro

«Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro». Groucho Marx.
Touché. Basta con ir a la página final de un periódico y mirar la parrilla televisiva para pensar que algo no va bien en el mundillo de la televisión. Una vez con el mando a distancia en la mano, ¿por qué no darle una oportunidad a la amiga cuadrada? Y nada más encenderla te llega la bofetada de realidad.

Curiosidades

La eterna teoría de la pescadilla que se muerde la cola, el círculo sin fin...no hay excusas. Hoy en día la calidad de la televisión es una birria, una mierda, una tarta de Ikea... Al mirar los programas televisivos se produce en mi interior una náusea a la que suele seguir un comentario del tipo ''así nos va''. La televisión ha tenido siempre defensores y detractores, como todo en esta vida. Unos daban su argumentos, otros el suyo, y santas pascuas.

A día de hoy el que mire la tele y no se dé cuenta de que algo está fallando tiene un serio problema. El porcentaje de basura que nos toca engullir por los ojos es cada día superior, los programas ofrecidos al espectador tienen cada vez menos sentido y se trata simplemente de proporcionar un entretenimiento, sin importar lo absurdo o irracional que sea, a la audiencia. Esta, fiel amante de no tener que pensar mientras se sienta en el sofá, sigue a pies juntillas un programa tonto.

Esta semana misma se estrenaba un programa que consiste fundamentalmente en ver cómo unos famosetes del tres al cuarto saltaban a una piscina desde una altura considerable. Al principio, extrañado, pensé que era una reposición de los Juegos Olímpicos. Finalmente presté más atención y vi que los protagonistas eran famosuchos del ''chow-business'' o atractivas hembras con unos pechos con más diámetro que el planteta Mercurio.



El caldo de cultivo era propicio para encandilar al telespectador, de ahí que el dato de audiencia llegara a ser de algo más del 26%. Bueno, dirá usted, qué le vamos a hacer. La gente tiene derecho a ver lo que se le ponga entre las narices. Puedes ver ese programa o decidir pasar de él y ver otra cosa más interesante.

Adelante, llega de nuevo el proceso de elegir qué ver esta noche. En la competencia, Gran Hermano, con más ediciones que Saber y Ganar. Sí, ese experimento sociológico en el que meten a gente de todo tipo para observarlos como a cobayas y que la audiencia siga día a día las vivencias de estos elementos. Nadie es nadie para decidir qué puede ver el resto de gente cuando enciende la televisión. Pero el panorama es preocupante.

A partir de cierta edad se pueden ver esos programas por dos razones. Por un lado, porque el largo día de esfuerzo y cansancio provocan que el sofá sea un imán y veamos esos programas simplemente para distraernos un poco. Y la segunda, ¡qué demonios!, es que ya somos mayorcitos para ver lo que nos da la gana, por mucho que a otros no les guste.



A este tipo de programa-basura nocturno lo acompañan otros en los que unos chulos de gimnasio tratan de enamorar a unas chicas preciosas cuyo cerebro cabe en un dedal, con todo el espectáculo que esto puede ofrecer. Sumemos las tertulias del corazón y todas las horas dedicadas a saber qué hacen algunos famosos en su tiempo libre. Si se sacan un moco o se rascan el culete, ya hay debate durante dos horas.

Asusta, y mucho, pensar cómo van a ser los próximos años cuando ya los pequeñajos hablan en el patio del cole las desventuras vistas en ese tipo de programas que no valen cuatro duros. Ellos, en su inocencia y su inmadurez, aún no saben distinguir muy bien entre ''qué debes aprender de la televisión'' y ''de qué debes huir de la televisión''. Miedo da cuando en conversaciones infantiles salen temas que no deberían manejar hasta unos años después.



¿Es la culpa de los padres, que los ponen delante de la tele para que esta los eduque? ¿Es cosa de la tele, que no ofrece más que basura? ¿Es culpa del telespectador, que pide un tipo de programa que la televisión no tarda en ofrecerles para contar con su audiencia?

Da igual a quién culpar. A día de hoy cada vez dan más ganas de tirar la televisión por la ventana e irse a vivir a una cueva sin tertulianos, tronistas e imbéciles emborrachándose por Gandía.

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