4 de marzo de 2013

MOVIMIENTO CINCO ESTRELLAS

Lucía G. Carretero/@LGCarretero

Ingobernable, excéntrico, surrealista… estos son solo algunos de los adjetivos que definen la situación política de Italia en los últimos días. O si no la definen son, por lo menos, los que los medios de comunicación utilizan reiteradamente. Los mismos, junto élites políticas, tertulianos y demás componentes del círculo mediático que opinan desde el punto de vista internacional –todo lo internacional que puede resultar España para Italia– de ese partido raro, Cinco Estrellas, con un cómico o ex cómico con el pelo canoso y despeinado que, no cabe duda, grita apasionado en sus apariciones públicas. Pero ¿sabemos algo más sobre el Movimiento Cinco Estrellas? ¿Nos hemos limitado a admitir que la política italiana es un circo –más o menos como la nuestra–, con un posible representante que destina el dinero público a estiramientos faciales para que el “joven Silvio” aparente la misma edad que sus jovencísimas prostitutas? ¿Con un cómico vociferante sin argumento político?



Pues no. Se trata de una asociación libre de ciudadanos cuyos intereses, esperemos que no solo electorales como los de Mariano Rajoy, se centran en la movilidad, el desarrollo, el medio ambiente, la conectividad, el agua pública… muy verde. En cuyas filas reside la homóloga española de la generación mejor formada.



Alessandro di Battista, 34 años, máster en Derechos Humanos. Ha sido cooperante en América Latina. “¿Diputado Di Battista? ¡Qué diputado ni diputado! Soy Alessandro. Llámame ciudadano Alessandro. Como durante la Revolución francesa. Nosotros somos el pueblo y lo que estamos haciendo aquí es la revolución”.

Andrea Colletti, 31 años, abogado. Su objetivo es “subir las penas para los grandes evasores fiscales”.

Giulia Sarti, 26 años, licenciada en Derecho. “Quiero un Gobierno desvinculado de las presiones de la Iglesia, laico, que reconozca los derechos de todos”.

Marta Grande, 25 años, máster en estudios europeos. ¿Su prioridad? ”Traer de vuelta a casa a todos los jóvenes que tuvieron que dejar Italia para buscarse un futuro”.

Federico Pizzarotti, 39 años, informático en un banco en excedencia y alcalde de Parma.



Tachar de populista a un grupo político joven y, aunque solo sea aparentemente, bien formado. Tacharlo de antisistema y euroescéptico con un intencionado sentido peyorativo, como si ir en contra de este sistema propio del Show de Truman y mantener cierto recelo hacia Europa y su moneda, los mismos que te ven caer impasibles, fuese algo malo. Quizá, este nuevo Pepito Grillo devuelva la conciencia a Italia. Y a los comunicadores prejuiciosos y criticones. Y al resto de Europa. Y a todos.


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