13 de marzo de 2013

NATIONAL ANTHEM

Juan Carlos Castro Simón/@JimmyTurunen

Un símbolo nacional no tiene por qué ser bonito, puede, incluso, que dañe la vista, sea difícil de entender  u oculte tras él una historia de la que todos nos avergoncemos, pero a la vez nos sintamos orgullosos.

Fotograma de National Anthem (Black Mirror)
National Anthem, primer episodio de la serie Black Mirror de Charlie Brooker nos cuenta esto. Se parte de una premisa muy sencilla, pero que quizá a los más sensibles no les suene muy atractiva: Una llamada en mitad de la noche despierta al Primer Ministro de Reino Unido, han secuestrado a la Princesa Susannah, el rescate que se exige no es dinero ni nada por el estilo, es un desafío al Premier: si se quiere volver a ver a la Princesa con vida, él debe follarse, hacer el amor sería un eufemismo demasiado inexacto, a un cerdo en riguroso directo por la televisión.

Probablemente más de uno haya dejado de leer el artículo tras el último párrafo,  pero, ahora, vayamos más allá de lo grotesco y pasemos a las connotaciones. Dado que en España no es punible la producción, ni distribución de pornografía con contenidos de zoofilia, el caso podría ocurrir y, quizá, tampoco estaría tan mal ver por fin a un presidente capaz de mancharse por sus ciudadanos, para que por fin nosotros veamos que hay políticos que están ahí para más cosas que robar.

Tras la muerte y entierro del Presidente de Venezuela casi todos los medios recordaron a los españoles lo malo que era Chávez y sus comportamientos dictatoriales haciendo que nos olvidáramos por unos días de todos los Gürtels, Pokemons, Bárcenas y Josés Blanco. Al menos con Chávez la sociedad no se ha quejado porque no pagara sus impuestos.

Mutuas Palabras
Enumerar los casos de corrupción en nuestra democracia es lo mismo que contar las páginas con información banal y accesoria de un periódico cualquiera. Quizá pueda ser propasarse, ya que para que se diera ese caso a lo mejor deberíamos incluir a algunos ayuntamientos donde el caciquismo sustituye, a efectos prácticos, a la democracia.

Nos detenemos en las noticias más absurdas y perdemos de vista lo que pasa, quizá sea por hartazgo o por pensar que la ignorancia es el mejor jarabe para alcanzar la felicidad. Mientras tanto un cantante de copla se tira a una piscina y los votantes - sí, “esa gente también vota” -, aplauden y se felicitan por lograrlo, con un poco de suerte ellos mañana entrarán en Gran Hermano y se sacarán un pastón en tertulias moderadas por Mercedes Milá. Todo un circo mediático dispuestos a grabar y retransmitir cualquier penalidad. Desde luego si España se encontrara en una situación como la de National Anthem seguramente las cadenas se pelearían por reproducir el evento.



Quizá los problemas que se opongan al grotesco escenario de ver a un político sacrificarse por los ciudadanos esté en tres factores que nos diferencian del mundo planteado por Charlie Brooker:

El primero es que un presidente que se niega a mancharse para limpiar a su propio partido político es muy discutible que esté dispuesto a mancharse para salvar la fe de un solo ciudadano. El segundo que en España a falta de Princesa Susannah, la secuestrada tendría que ser Belén Esteban, al fin y al cabo, autoproclamada princesa del pueblo. Y por último, pero no por ello menos importante, mientras en la serie la Reina se preocupa en todo momento por la situación del Premier, aquí nuestro Rey estaría más ocupado encubriendo los robos de su yerno.

Follarse a un cerdo en directo no es algo agradable, pero tampoco lo es sentir día tras día que tus derechos sociales agonizan mientras en la puerta de al lado tu vecino, que usa tirantes para evitar apretarse el cinturón, lava el dinero. Cuanto más reluciente mejor, así es como lo quieren en Suiza.



Hablamos de Chávez y de lo malo de las dictaduras, pero nadie nos ha explicado lo bueno de nuestra democracia. Esa democracia en la que  ni se nos ocurriría pensar que el Rey nos roba; esa en la que afirmaríamos con rotundidad que nuestro presidente es capaz de representarnos tan bien como se esfuerza en aparentar que sus palabras son verdad y él todos los días antes de sentarse en su despacho se come una bola  de mierda, tal y como explican en The Wire, a la salud de todos, porque representar a un publo es lo que tiene. Y gobernar de momento en la RAE no se ha admitido como sinónimo de robar. Nadie quiere ver un acto de bestialismo en la tele, pero de vez en cuándo no estaría mal un National Anthem.

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