3 de marzo de 2013

PALABRA DE TERTULIANO

Adrián Arias Marcos/@Adri_Chygry

Antes de la llegada del TDT no era muy común ver en la parrilla televisiva de las 6 principales cadenas programas dedicados al debate político o magazines de diversa temática donde también se incluye un apartado dedicado al panorama político. Sin embargo, con la llegada del TDT y sus ondas, la proliferación de programas de debate político ha llegado a su punto más alto y con él la figura del tertuliano.


La veda la pudo abrir el programa de televisión española 59 Segundos, desde entonces este formato se ha ido extendiendo y hoy en día no hay cadena que no cuente con un programa de debate político dentro de su programación. Por citar algunos ejemplos, TVE cuenta con el programa 59 Segundos o los Debates de TVE 24h; Antena 3 con su magazine matinal de Espejo Público;  Cuatro con Las mañanas de la Cuatro; Tele 5 con su exitoso programa nocturno El Gran Debate; La Sexta con su alternativo debate de Al Rojo Vivo y luego todas las demás cadenas nuevas de corte apostólico-derechista como los debates de 13TV; Intereconomía o los de El Mundo.

Como ha ocurrido siempre en la historia de los medios de comunicación, estas cadenas utilizan sus programas políticos para expresar las propias ideas políticas y empresariales de la cadena y su grupo, pero hay formas de hacerlo: una disimulada y otra completamente descarada. Todos sabemos qué programas pertenecen a qué forma. 

Este “boom” de programas políticos tiene su origen en la monotematización (permitidme el uso de esta expresión) de los informativos, dónde la información política e institucional ocupa un tercio del informativo y la gran aceptación que están teniendo este tipo de programas, debido al malestar de la sociedad frente a la política. Es curioso como a mayor descontento y desinterés por la política, aumenta el prestigio de este tipo de programas. Esto denota una cosa: la gente quiere saber y quiere llegar al fondo de las cosas.

Pero el elemento fundamental de un programa político y de debate son sus tertulianos y todo el bagaje que llevan a sus espaldas. La formulación de un debate no es aleatoria y no se deja nada al azar, en todo momento la cadena es consciente del tipo de tertuliano que contrata y qué quiere conseguir con eso. Por ello, cuando La Sexta, una cadena reconocida de corte progresista, cuenta con los tertulianos Eduardo Inda y Francisco Marhuenda (director de La Razón) es que quiere dar una impresión de imparcialidad y diversidad de opiniones. Que lo logre es otra cuestión. 



A propósito, ya que lo he mencionado, profundicemos un poco en el caso de Eduardo Inda. Es muy importante que la sociedad esté enterada sobre los temas políticos y por ello es fundamental que existan programas de debate que generen opinión pública por medio de los diferentes pensamientos e informaciones de sus tertulianos, pero ¿qué diversidad de opinión y nuevas informaciones van a generar estos programas si todos cuentan con los mismos tertulianos que se los cambian como cromos? 

Este es el caso de Eduardo Inda, el Atila de los debates, no hay programa de televisión por donde no haya pasado  Inda: Al Rojo Vivo, El Gran Debate, El Gato al Agua, El Mundo, Futboleros, Punto Pelota… y en todos repetía lo mismo, como un político cuando está en campaña electoral y va de ciudad en ciudad soltando el mismo discurso, este es el día a día de Eduardo Inda, aunque otros como Francisco Marhuenda no se quedan atrás. 

Por todo ello, la proliferación de estos programas de debate es un síntoma muy bueno de avance periodístico en la televisión, pero no podemos permitir que estos programas se vuelvan monotemáticos, repetitivos y triviales. Por ello es más que necesario dar voz a cientos de periodistas más que preparados que tengan ganas de comerse la pantalla y dejar de ver siempre al mismo tío diciendo una y otra vez lo mismo canal tras canal.

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