5 de marzo de 2013

RESERVOIR DOGS (Ciclo Opera Prima)

Jorge Hierro/@Shajaolana

Conocemos a una cantidad amplia y diversa de directores y guionistas (bueno, estos son menos populares) que nos han cautivado con sus creaciones y a quienes hemos aprendido a identificar con un género determinado o con un estilo que ellos mismos han cultivado como propio. A veces, sin embargo, catalogar de una manera u otra a estos profesionales puede distorsionar la verdadera realidad de las historias que cuentan, por lo que es importante analizar, con la perspectiva que caracteriza al paso del tiempo, aquellas obras que les catapultaron a la fama.



En esta primera edición del Ciclo Óperas Primas (COP) analizaremos la primera película del recién oscarizado guionista y director Quentin Tarantino. Con todos ustedes, Reservoir Dogs.



La primera sensación del espectador medio al ver por primera vez esta película es: ‘’Vaya, ¿quién es el loco que ha hecho esto?’’. Es la ópera prima del aclamado y a la vez polémico director, guionista y productor Quentin Tarantino, quien ha marcado una línea a seguir para un género anclado en los clichés y en los conservadurismos de la sociedad americana.

El director estadounidense ha tenido que lidiar a lo largo de su carrera con múltiples aficionados desentendidos de su trabajo por "extremadamente violento" en entrevistas y otros medios públicos. En consonancia con estas críticas, un servidor aún recuerda una frase dicha por una profesora de comunicación audiovisual y guión de cine y TV: "Fui al cine a ver Reservoir Dogs, me senté en la mitad de la fila central de la sala y, cuando la película se acercaba al ecuador, tuve que salir (…) no soportaba ver violencia por violencia’’. 




Si para el filósofo Tales el arjé (primer elemento de todas las cosas) era el agua, para Tarantino lo será la violencia que derrama la sed de venganza, por lo que resulta curioso pensar que un guionista y director presente en un film la violencia por simple y puro espectáculo. Es comprensible que a veces las impactantes imágenes eclipsen la elaboración de un guión, pero hay que entender que éste es necesario para que esas imágenes se produzcan: Todo lo que aparece en la pantalla debe estar escrito y previsto en el guión y Reservoir Dogs es, le pese a quien le pese, una ópera prima narrada con maestría.

La película se narra desde la interpretación de sus personajes: Hay un robo a una joyería planeado por un grupo de delincuentes profesionales en el que todo acaba saliendo mal, pero no vemos dicho robo ni por qué salió mal. Los personajes nos cuentan todo lo que ocurre en el film a través de sus respectivas visiones de lo ocurrido en otra película que no hemos visto, una que sería mucho más convencional. Habríamos visto acción, sangre, violencia y risas para satisfacer la dosis necesaria de espectáculo y entretenimiento del público reacio a pensar.

Sin embargo, en la película que sí vemos hay mucha sangre, mucha violencia, muchas risas y, por si fuera poco, buena música. La gran diferencia  está en el guion, y en que el equipo de rodaje del filme contaba con un sanitario que se ocupaba de supervisar que la cantidad de sangre que el Señor Naranja (Mr. Orange) perdía era real para una víctima de un tiro en el estómago, detalle que da cuenta del perfeccionismo del director.



Mención aparte merece la elección de los nombres de los personajes, ya que como si de un cumpleaños se tratara, cada globo es de un color y cada uno de los personajes irá asociado a su propio estigma, así la presentación de los mismos, primero de forma colectiva en una conversación dentro de un café y posteriormente de forma individual con micro relatos de sus respectivos pasados será la siguiente: Mr. Joe (el jefe del séquito), Mr. Niceguy Eddie (Chico Majo Eddie, hijo de Mr. Joe), Mr. White, Mr. Pink, Mr. Orange, Mr. Blonde y Mr. Brown (los "chicos malos" seleccionados por Mr. Joe para llevar a cabo el atraco en la joyería).

No hay mejor ópera prima para un director tan sediento de violencia que encerrar a 6 gangsters en un garaje para que desconfíen entre ellos, y entre los que, además, se ve desgraciadamente envuelto un policía novato. Los diálogos y la ferviente y emocionante interactividad entre los personajes los humaniza hasta el punto que el público empatiza con ellos, cosa que es también parte de la magia de la narrativa visual propia del cine: nadie  en su sano juicio quiere verse inmiscuido en una situación similar a la que viven los protagonistas del filme, pero aún así el espectador acompaña a ese Señor Naranja en su eterna lucha entre la vida y la muerte y se imagina qué cosas haría, que pensamientos tendría o qué cosas diría en cada situación.

 Así es como el espectador vive una situación ficticia en su realidad, y así es como Tarantino expresa, a través de inteligentes y divertidos diálogos, a través de brutales imágenes exentas de efectos pero llena de contenidos especiales (todos ellos muy reales) por qué la violencia nunca se expresa porque sí.
Para todo aquel que en un principio no entendió por qué hay tanta violencia dentro de un garaje repleto de pistoleros, les aconsejo que vuelvan a visionar la cinta, puede que encuentren a un guionista en ella.

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